Recuerda que lo gordo se quita…

Ciudad de México, 24 de abril (MaremotoM).- Ayer Alo salió de la escuela entre enojado y triste, le pregunté qué pasaba y me dijo que estaba aburrido. Al cabo de un rato, me dice: mamá, el día del convivio el abuelo de tal te dijo gorda.

A lo que yo le respondí: ¿eso qué? Que para mí no tenía importancia y por lo tanto él tampoco debería dársela. “Recuerda que lo gordo se quita, pero lo pendejo nunca”, le dije. Y le mencioné por enésima vez que las características físicas no deben importarnos, qué lo importante es tener la cabeza amueblada y un corazón grande para compartir.

Sin duda la gente vive del prejuicio y de las apariencias. Recuerdo que alguno de mis compañeros de escuela pretendía insultar a mi madre o a mi abuela diciéndoles igual: gordas. Yo nunca las vi así, yo veía a mujeres hermosas, generosas y sobre todo muy inteligentes.
Qué triste que sigamos permitiendo esos comentarios alrededor de nuestros hijos, en lugar de nutrir sus almas.

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Al final de cuentas yo aprendí a sacar adelante a mis hijos sola, un día me harté de vivir violentada, procuro darles paz a mis hijos, me preocupo por su bienestar en todos sentidos. Algo que la mamá del pequeño en cuestión no se atreve y quizá para ella sea más chido mantener las apariencias y vivir así, pero no tiene derecho alguno a tirar mierda a su alrededor.

Y sí, soy gorda y así me quiero, porque me ha costado un chingo aceptarme y valorarme con mis kilos, con mi cuerpo no perfecto para los demás. Pero es perfecto para mí, porque se enferma poco, porque tiene un cerebro impresionante, es muy guapa y unas ganas de seguir subiendo y bajando, sola o acompañada, sin asustarme por dar pasos hacia sitios que no conozco.

Y si usted, es de aquellos que les importa más una complexión, un color o una preferencia, puede usted dejar de leer mi columna.

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