Judith Butler en la UNAM

Reír libera nuestras democracias: Judith Butler en la UNAM

Ciudad de México, 15 de junio (MaremotoM).- Francamente hace como 20 años cuando leíamos en la universidad a Judith Butler me parecía incomprensible su relectura del psicoanálisis, el postestructuralismo y su abordaje del cuerpo. Recuerdo que a Butler se le veía con cierta reverencia canonizadora en los estudios de género, si eras un mozalbete con pedantería filosófica la citabas, especialmente su teoría de la perfomatividad del género.

Leer a la Butler implicaba tener nociones de psicoanálisis y para alguien que apenas si había abierto un libro de Lacan o conocía los planteamientos post estructuralistas de Derrida Foucault pues implicaba invertir tiempo previo a Butler. Hoy estaría más interesado en leer primero a conciencia a Laura Rita Segato, aunque no me desagrada la idea de comprarme un libro de la Butler y pues nunca deja de ser estimulante escuchar a Judith Butler filósofa.

En su conferencia magistral “Sin aliento, riendo, llorando al límite del cuerpo” trató la risa y del llanto como “ruidos” corporales vinculados a la dimensión política. Desde ahí, uno tiene que empezar a para oído porque no se antoja explícito el vinculo a la primera de cambio. La risa es un tema apenas si toca en su libro El género en disputa, en él habla de risas desdeñosas, subversivas, desbordantes, paródicas, de risas con miedo y burlonas, pero ¿cómo éstas se vinculan con la política o la democracia?

Butler habló de la democracia como un lugar de disputa y conflicto y en todo caso como una aspiración. Cómo buena liberal, lo infiero, reconoció la democracia parlamentaria, aunque sin idealizarla pues criticó el monólogo en la que vive porque afuera del Congreso hay sobre todo ruido, el ruido de la gente que se quiere hacer escuchar. Si no gritas, ‘escracheas’, haces “shit storms” ¿no te ven, ni te oyen? (cómo decía el innombrable).

¿Cómo se pasa del ruido al sonido y al discurso, pues algunas demandas políticas parecen solo ruido? Otras exigencias políticas son reducidas deliberadamente a ruido, denostadas, dice la filósofa y mientras lo dice su discurso suena a teoría de sistemas luhmanniana, quien al tratar el sistema político señala que los movimientos sociales solo “irritan” al sistema político, pues éste al ser autoreferencial y autopoético solo puede cambiar desde el sistema mismo. Reconozco que la arquitectura conceptual de Niklas Luhmann deslumbra por compleja, pero tampoco tengo pensado pasar una vida entera tratando de descifrar su cerrada teoría, en el sentido de clausura operacional. La vida es muy breve y la literatura enorme.

Volvamos a nuestra rock star, la Butler, tanto la risa como el llanto son crisis no solo corporales, sino políticas y culturales, de ahí que la risa en condiciones de represión pueda resultar una arma, interpreto mientas escucho la traducción en esos dispositivos remotos, que quien sabe cómo funcionen, si por Bluetooth u otro sistema no político. Butler parece decir con Henri Bergson, que “nuestra risa es siempre la risa de un grupo” y en ese sentido puede ser política. El cuerpo de dónde emana la risa es de significancia social aunque la base sea biológica.

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Butler como buena filósofa se sirve de referencias, autores y chistes, finos desde luego, sacados de la literatura. Cuando termina su intervención se pasa a una sesión de preguntas y respuestas, alguien pregunta sobre el #Mee Too, la acción colectiva digital que surgió en 2017 para denunciar principalmente el acoso sexual, así como el abuso desde el anonimato, y se viralizó globalmente.

Hoy leo en La Jornada un titular: Judith Butler se solidariza con el Me Too. Nota de periódico al final de cuentas, llamativa pero que no le hace justicia a la reflexión de Butler. En realidad la filósofa hizo una reflexión crítica del #Me Too y de lo que implica el anonimato, y para ilustrarlo habló de cómo cuando era niña (as queer kid) los padres de sus amigas la condenaban a priori, la acusaban de poder pervertir a sus hijas. Las acusaciones que padecen los queers desde niños, implica una condena sin prueba derivado de la jerarquía sexual y del estigma mismo. A partir de ahí habría que complejizar el anonimato. Butler contrastó los hashtag #MeToo con el #NiUnaMenos, que siguen estrategias diferentes. La gente le aplaude, tiene sus fans, ahí en primera fila está la senadora Jesusa Rodríguez, vestida de manta blanca y los académicos, quienes apelan al listening de filosofía.

De regreso a casa de mi papá sigo pensando en la conferencia de Butler, en si la risa, como crisis menor del cuerpo, es una manera lúdica en la que se transita del ruido al discurso. No lo sé, más bien confunde porque si bien la risa y el llanto son comunes, también son extraordinarios, pues romper en llanto o risa pueden tener repercusiones políticas, pero no me queda claro el nexo, y menos cómo es el tránsito de éstos al lenguaje y al discurso. Hay otras aristas en el tema que Butler no aborda así: la risa derivada de la comicidad o bien el humor político tan necesario y reflejado en la historia de las historietas políticas.

Fue interesante ver a Judith Butler, lo cual es un decir porque literalmente estaba a sus espaldas en una sala magnífica, la Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario de la UNAM, en la grata compañía de mi maestra de la maestría y colega Alicia Máquez Murrieta, que siempre tiene temas estimulantes de conversación y buen humor. Se sabe que el humor tiene efectos terapéuticos y creativos. Reír libera, pues si se lleva a sus últimas consecuencias reírse de uno mismo como sujeto relativiza y aliviana. No nos vendría nada mal reírnos de nuestra transición 4 T, no le caería mal al presidente reírse de sí mismo, y a nosotros como sujetos políticos cagarnos de la risa, mejor morirse de la risa que de la estupidez adusta de la política global y local. Mejor reír que llorar, así que el tema del llanto lo dejamos para una marcha.

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