Aquí no es Miami

RESEÑA | Aquí no es Miami, de Fernanda Melchor

El periodismo y la ficción son oficios con cruces constantes. En este sentido toda la literatura mexicana funciona como crónica, toda ella apunta a cumplir los objetivos y las funciones del género.

Ciudad de México, 28 de julio (MaremotoM).- Lo mejor de la literatura mexicana es la crónica. Esta es una verdad que se ha gestado a lo largo de la historia de las letras en nuestro país y es reconocida por sus principales exponentes. Sin duda esta es una afirmación arriesgada pero, como diría Sara Sefchovich, allí están los textos para dar fe de su verdad. Dar testimonio de su tiempo y desarrollar un gusto por narrar lo subjetivo ha sido el interés de los cronistas desde su llegada al nuevo mundo.

Encontramos crónicas en cada época de la historia de México: en la prehispánica, en la conquista, también durante la colonia y más tarde en la independencia, también la hay en el siglo XIX, en la revolución, a lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI. Celebridades como Guillermo Prieto, Rafael Delgado, Alfonso Reyes, Vicente Leñero, Carlos Monsiváis o José Emilio Pacheco colaboraron con sus escritos periodísticos a borrar la diferencia entre la letra impresa para los libros y la letra impresa para los periódicos. La fórmula utilizada siempre ha sido calidad expresiva de pensamiento, de innovación.

Si el género en México ha logrado la importancia que ahora disputa ha sido por su afán de dar testimonio de lo que sucede, pero también de entenderlo. La aparición de obras como: Vida y milagros de la crónica en México (Oceáno), de Sara Sefchovich, o los tres tomos de Crónica (UNAM), compiladas por Felipe Restrepo, permiten dan testimonio del por qué la crónica es un género literario de orden incuestionable.

Para muchos el periodismo y la ficción son oficios paralelos pero para expertos como Felipe Restrepo: son oficios perpendiculares con cruces constantes. De hecho, me atrevería a decir que toda la literatura mexicana funciona como crónica, toda ella apunta a cumplir los objetivos y funciones del género.

Los primeros años del siglo XXI en un país azotado por la violencia, la inseguridad, la mentira, la corrupción y la impunidad ofrecen a los periodistas materiales suficientes para retratar el drama humano en toda su gravedad. La crónica de este siglo ha cambiado de manera significativa con respecto a la del siglo anterior, aunque no ha dejado de contar y denunciar, cambió de hacer relatos sobre arte, conciertos y deportes para hablar del crimen, el narcotráfico y la inseguridad que se han apoderado de México.

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Lo anterior no significa que la brecha entre la ficción y el periodismo se haya acrecentado ya que el gusto por la literatura ha enriquecido el trabajo de los productores periodísticos que han sabido borrar la distinción entre los dos géneros. Esto nos permite disfrutar la calidad del trabajo de los periodistas que son a su vez escritores apreciables que entienden muy bien la difícil tarea de escribir como un compromiso permanente con el lenguaje y necesidad de exactitud que exige el género.

Por ejemplo, acaba de reeditarse un libro de crónicas que merece un amplio reconocimiento: Aquí no es Miami (Literatura Random House, 2018), de Fernanda Melchor (Veracruz, 1982). En sus páginas se advierte de manera clarísima una de las obsesiones de la autora: entender lo que fue Veracruz antes de la violencia. Con formación periodista que exige un arduo trabajo de investigación, una reportería abrumadora, y toneladas de información, la veracruzana recorrió el estado donde nació para lograr una colección de estampas donde los personajes principales son: el miedo, la inseguridad y la angustia, todo producto de la violencia.

A la entereza de las voces con las que conversa, la escritora y periodista añade una gran cantidad de puntos de vista que abordan lucidamente las condiciones de terror que germinaron a partir de la guerra contra el Narcotráfico. En este sentido el lector encontrará historias de traficantes, mujeres, migrantes, hombres y mujeres que luchan seguir viviendo.

Cuando Fernanda Melchor comenzó a escribir las crónicas hace ya más de 10 años, vivía en Veracruz profundamente angustiada y disgustada por su experiencia y llena de preocupación por su tierra. Creía estar escribiendo algo así como una diatriba contra la impunidad y la violencia sobre una sociedad cada vez más desamparada, pero sus crónicas resultaron mucho más que eso, son una exploración de imágenes que informan de una realidad, de todas las violencias que padecemos, cometemos, se han cometido y se cometerán. Cuando ella escribe lo hace con frescura y una honestidad brutal al saberse frente a un hecho que quiere narrar tal cual lo ha vivido.

La sencillez de su escritura y la lucidez de su postura crítica, hacen de Aquí no es Miami, una obra de enorme importancia y valor literario. Una suerte de novela polifónica sobre la perversión, el mal, y la vileza en el México contemporáneo.

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