RESEÑA | “Cuentos completos”, de Roberto Bolaño

En un sistema donde los géneros comenzaron a perder valor, justipreciar los cuentos completos de Bolaño, marcando un camino por el que pudiéramos analizarlo más allá de las novelas nombradas y conocerlo en su visión que tenía sobre los cuentos cortazarianos, es, decir, sobre los cuentos-cuentos, es estimulante.

Ciudad de México, 23 de marzo (MaremotoM).- Los cuentos de Julio Cortázar (1914-1984) nos reivindican con el gran autor que era. Ya no tiene el mismo efecto Rayuela, pero cuentos como “Cirse”, “Casa Tomada”, nos revelan a un gran escritor que experimentaba con el lenguaje y la forma, amén de lanzar metáforas en torno a la vida argentina, muy propia de la circunstancia que atravesaba.

En el caso de Roberto Bolaño (1954-2003), la ecuación no es la misma. Los detectives salvajes y 2666 son novelas que todavía hoy nos parecen espectaculares, creando un universo donde probablemente entren los cuentos, hasta sus presentaciones como “Sevilla me mata” o su confesión de su mal en “Literatura + enfermedad = enfermedad”.

Los cuentos completos del gran escritor latinoamericano. Foto: Cortesía

Pero al mismo tiempo, en un sistema donde los géneros comenzaron a perder valor, justipreciar los cuentos completos de Bolaño, marcando un camino por el que pudiéramos analizarlo más allá de las novelas nombradas y conocerlo en su visión que tenía sobre los cuentos cortazarianos, es, decir, sobre los cuentos-cuentos, es estimulante.

¿“El ojo Silva” es un homenaje a Julio Cortázar?

–De ninguna manera.

–Cuando terminó de escribir “El ojo Silva”, ¿no sintió que había escrito un cuento capaz de estar a la altura, por ejemplo, de “Casa tomada”?

–Cuando terminé de escribir “El ojo Silva” dejé de llorar o algo parecido. Qué más quisiera yo que se pareciera a uno de Cortázar, aunque “Casa tomada” no es uno de mis favoritos.

Contestaba así cuando se le hablaba de Cortázar, un escritor que podría estar o no en el boom, pero que consideró a la literatura como la vida misma, algo que admiraba profundamente Bolaño.

“Se llama “Sistema nervioso” y es, de mis novelas, la menos diminuta”: Lina Meruane

Luego de un prólogo un tanto extraño de Lina Meruane, donde pone su relación en análisis, primero como amiga, luego como enemiga, de Roberto, el libro comienza con “Sensini”, ese cuento que es homenaje a Antonio Di Benedetto (1922-1986), “uno de los grandes escritores argentinos y uno de los grandes latinoamericanos. Él hizo eso (concursar en España) porque no tenía dinero”, cuenta Bolaño.

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Están todos los cuentos de Llamadas telefónicas, entre ellos “Una aventura literaria”, una escritura en el que se basa Meruane para su prólogo, diciendo entre otras cosas “B parecía contento de estar conociendo a todos los escritores y escritoras que sólo había oído nombrar en interminables y regadas cenas en las que bebía sólo agua y antes de que B partiera se sentaron juntos a otra cena que sería la última, una cena feliz o que a M le pareció perfecta y que terminó (qué paradoja) por distanciarlos”.

Están también todos los cuentos de El gaucho insufrible, el libro que terminó unos días de entrar al hospital para no salir nunca más y en el que el cuento que le da nombre habla de un abogado “intachable, de probada honradez”, llamado Manuel Pereda o el cuento “El viaje de Álvaro Rousselot”, una pesadilla argentina por donde pasa la literatura, el cine y por donde él podría ser llamado como “el heredero malicioso de Borges”, tal como se dice en el libro original de Anagrama.

Todos los cuentos de Roberto Bolaño se bastan a sí mismos. Los estudiosos establecerán las relaciones con sus novelas, pero ponerse a leer este maravilloso libro de Cuentos completos, nos hace nuevos lectores del autor, como si recién lo descubriéramos.

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