RESEÑA | “demasiada luz en esta noche”, de José Manuel Vacah

Ciudad de México, 20 de abril (MaremotoM).- La herida es memoria que recuerda su futuro, porque ésta se prolonga en los vasos del dolor, del pasado y del porvenir. Lo común en el hombre es la constancia de sus descalabros. No hay vida que no tropiece o se pierda. Las diversas cicatrices que nos conforman dan cuenta de ello y éstas son duales como la arquitectura del laberinto. El símbolo una vez petrificado corre de afuera hacia dentro o lo que es peor, de adentro hacia fuera. La cicatriz es eternidad del hombre porque se conjuga en todos sus tiempos.

José Manuel Vacah en demasiada luz en esta noche, poemario editado por Ojo de golondrina, nos presenta un cuerpo y unos espacios discursivos que truenan en su vivacidad. El libro es una dualidad entre el espacio y el hombre que lo habita o viceversa; el poemario transita desde su Ecatepec, lugar-memoria, espacio mítico del poeta, hasta perderse, no ya en la oscuridad de los cerros del Estado de México, sino en la Capital del país. Dos centros vitales de su quehacer artístico, epicentros de sus querencias.

La noche es la hora predominante en los textos, cuya negrura es un apéndice más de esos animales que son los cerros y la urbe: “Y cuando desperté, la noche me había destrozado”; escribe el poeta. El regreso al cuerpo y a la consciencia se dan bajo el sino de estas horas. La oscuridad es vista como una presencia ominosa, aciaga, pero finalmente también es un don, una parte vital del hombre y del mundo. El yo lírico y el espacio juegan con la idea del microcosmos y macrocosmos:

“Toda esta tierra negra es mi cabello, mira

cómo el viento penetra los escombros.

Es la señal, aquí está mi cuerpo entero y roto.”

El hombre es una ciudad que en la noche muestra sus destrozos, su piel si bien fresca muestra un ser en desgracia y doblemente desgraciado al saberlo él mismo.

La poesía según Baudelaire gira en torno a encontrar correspondencias entre el hombre y la naturaleza, la mayoría de éstas sorprenden por su relación, pero al mismo tiempo muestran que la poesía está hecha de sugerencias y revelaciones. Lo sagrado habita este territorio, pone en la luz una penumbra y entonces el brillo de Nerval es evidente, su “sol negro” vibra melancólico en esta urbe fracturada. Para Vacah, la oscuridad es necesaria para ver mejor la luz, para entender a cabalidad la destrucción que la sola presencia de lo luminoso provoca. Bien lo sabía Zeus al apaciguar el rayo de su cuerpo, porque éste en su totalidad destroza. Lo entendió Rilke y César Vallejo, Lizalde y por supuesto, como buen alumno, el autor de demasiada luz en esta noche:

“Hoy pesa la vida,

negros golpes de reconstrucción

negros golpes de luz en nuestra frente,

en nuestros brazos,

demasiada luz en esta noche.”

La portada del poemario. Foto: Facebook

Es necesaria la noche y el frío en medio de esta demasiada luz para que el yo lírico o la ciudad se perciban de un mejor modo en la constancia de la carne. La catarsis en los poemas son su propia anagnórisis, el proceso es inverso que en la tragedia, porque el dolor sentido y presentido es una flama que al escocer muestra los quebrantos nocturnos, la reflexión viene después del dolor:

“Dentro de aquellos muros

–la noche nos está gritando

una madre violenta,

un padre idiota,

se acuestan se penetran las entrañas”.

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El yo lírico entra a la casa, percibe la violencia de lo cotidiano y lo señala. Los versos anteriores pertenecen al poema “Cicatriz”, para mí el mejor logrado del libro. A diferencia de otro gran poema: “Para los que llegan a la fiesta ávidos de tiernas compañías” de Rubén Bonifaz Nuño, éste empieza con el final de la celebración. Al igual que en ese otro gran texto de Bonifaz se da una visión de lo que el yo lírico percibe y piensa del hombre solo. Rubén se centra en su soledad, en las carencias que lo han llevado a ese estado y busca un modo de religarse con el hombre; José Manuel Vacah hace que su yo lírico recorra su espacio “para conocer la cólera/ y el amor”, pero al mismo tiempo ambas potestades pertenecen a la geografía del lugar pues “el cerro es un animal/ de huesos brillantes”. Y como el amor o el deseo es violento y destroza, es brillante en sus goces.

Al final de la fiesta o del carnaval viene el sacrificio, el poeta nos muestra una visión panorámica de éste, lo que la cólera y el furor de los hombres causa. La noche nos habita y nos dispersa, entra en la casa pero al mismo tiempo nos aleja de ella, nos eleva como un dios que ve las guerras entre sus crías y su mundo.

El poeta es un pararrayos de Dios, Rubén Darío diría esto del propio Vacah, la diferencia está en la derrota de su mundo y de sus criaturas, en ver que ni las calles conservan su linealidad: “tus pasos resuenan por la calle rota” o que la ciudad es una llaga en alarido: “la Ciudad gime desde hace tiempo” o una violencia constante: “lo único que tenemos son golpes”; y a pesar de todo, José Manuel como Bonifaz piensa que la esperanza permanece:

“De los huesos rotos, de las cosas quebradas,

de lo que se ha caído,

nacerá una semilla nueva.”

El mundo está vivo por su dolor que es tiempo, las cosas se pudren y con ello el fermento de la nueva vida. El poeta nos enseña que al sabernos dolientes, que al mirar los huesos brillantes de ese animal que somos y que son todos podremos esperar algo mejor, porque mirar nuestras violencias, nuestras fracturas, nuestra casa destrozada, es lamer la gruesa ternura de nuestras costras, es no olvidar que para esa “demasiada luz” se necesita algo de noche que la salve de su propia estridencia, para entender la revelación se requiere poner la mano sobre la frente, extender una suave sombra para poder ver las violencias del alba.

No sé si este libro sobreviva al tiempo, lo espero, pues hay poemas muy buenos. Pero para mí el poema “Cicatriz” le ha dado algo a mi mundo que no existía, la frase es de Borges, no por ello menos cierta. Vacah logró hacer un poema que transciende la escritura y se vuelca en reconocimiento y sentimiento. Para mí, si existe lo sagrado se encuentra en esa comunicación que trasciende el hecho artístico. Lo sagrado estriba en crear sentimientos, en renovar los sentidos, en religarnos con la vida. En este libro encontré un poema que me reconcilia con mi mundo. demasiada luz en esta noche es un libro de comuniones y homilías, un darse la mano para ver crecer las semillas de unos mejores hombres. Gracias Vacah.

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