reggaetón

RESEÑA | El cuerpo es devil, de Cayo Cæctus

No es coincidencia que, aparte de la versión digital, se haya vuelto a imprimir la propuesta de Cayo: un volver los pasos hasta los orígenes ticos y caribeños del reggaetón y su desarrollo hasta 2019, ¡apenas treinta años de vida y como en el medioevo, ya murió!

Ciudad de México, 11 de noviembre (MaremotoM).- El cuerpo humano es la unidad por excelencia en esta roca que habitamos y como todavía no es posible escapar (todos o la gran mayoría) de su fuerza gravitacional; mucho menos de la órbita de uno de los miles de millones de destellos en el universo, solo queda devolver los pasos cada cierto tiempo y examinar a nuestros antecesores.

Más que tradición es una necesidad ontológica a la cual se recurre cada cierto tiempo; sin embargo, este mismo se va haciendo cada vez más inmediato. El desgaste es presto por la híper velocidad y de no tener cuidado, su fricción rápidamente nos quemará los dedos, trayendo de nuevo la penumbra.

Gran parte de la producción humana está en razón de su cuerpo, incluso todavía prevalece un sistema métrico referenciado al mismo, por consiguiente, escribir sobre las creaciones humanas debería ir en razón de lo mismo.

Por ejemplo, David Foster Wallace y Mark Costello, para ensayar sobre el rap (siendo blancos clase medieros) comentaron: “Nuestro punto de partida, de cara a este ensayo, nunca fue tanto lo que sabíamos, como lo que sentíamos al escuchar rap.” (2018, 59) Parece no haber otra manera de hacerlo que escuchar y dejar que ritmo y letra enchinen la piel, el cuerpo sea poseído por espasmos de la cabeza a los pies hasta llevarlo al suelo, ¿pero si fuera más objetivo todavía? Esa es la premisa para Cayo Cæctus, con respecto al reggaetón en su investigación-crítica-aparato literario-poemario El cuerpo es devil (2022) editado por Papas Fritas Editoræs.

El cuerpo es devil
Editó Papas Fritas Editoræs. Foto: Cortesía

No es coincidencia que, aparte de la versión digital, se haya vuelto a imprimir la propuesta de Cayo: un volver los pasos hasta los orígenes ticos y caribeños del reggaetón y su desarrollo hasta 2019, ¡apenas treinta años de vida y como en el medioevo, ya murió!

Aunque su prole será un tema a tocar más adelante, quizá si logra vivir al menos igual que su progenitor. Escrito desde un abanico de figuras retóricas amalgamadas en verso libre o con una varia reminiscencia de métricas muy cercanas a la esencia rítmica del propio objeto de estudio, El cuerpo es devil se define, por el propio Cayo, desde su condición de vate: mitad testimonio, mitad profecía: “(Esto) en realidad fue hecho / para que nadie dejara / la cultura del reggaetón sin historia — // (para que nadie) pudiera / dejarla ser extinta / en unos pocos de años (Cæctus, 2022, sin página).

El reggaetón como cualquier obra humana tiene un origen, un momento climático, cierta estabilidad y de ahí regresa bajo tierra o se diluye en el aire de la noche, dependiendo de la estación y sus costumbres funerarias.

Cayo es un efectivo historiador que va al punto. A partir de que la híper velocidad y la conectividad naturalizaron mundialmente cierta uniformidad en el desarrollo, distribución, consumo y deshecho de creaciones artísticas, así como la imagen misma de artistas y fanáticos; siendo el terreno de la música a la delantera sin duda desde mediados de los 80’s del siglo XX entre one hit wonders, leyendas y clásicos; ¿qué decir a comparación de los compositores barrocos? Las últimas décadas se han caracterizado en encarnizadas luchas de estirar y aflojar las catapultas, así como la estratégica colisión de dos o más fuentes de origen, desde Juan Gabriel cantando en japonés antes que Phill Collins y sus versiones del Soundtrack de Tarzán, así como los recientes éxitos de Rosalía y C. Tangana con los ritmos latinos, como también de pronto el K-pop (Super Junior) covereando a Luis Miguel:

La resignificación que plantea Rosalía –acorde con la discusión sobre la “latinidad”- conduce a el interrogante, ¿Le sucederán nuevos sentidos?, o bien, ¿cómo sucederían nuevos sentidos? A lo que provisionalmente anotaremos que si dirige hacia arriba, no cabe duda que luego te obligas a volver hasta abajo, sí, mami, hasta abajo.

Entonces, ¿de qué se puede hablar cuando se habla de reggaetón? Al contrario de lo primero que puede pensarse, no, no necesariamente es sobre traseros. En las versiones y reversiones sobre la opinión del productor “El Chombo” sobre el tema, su enfoque ha sido el Delivery y la muerte del género por la influencia pop de la industria musical, deja aparte la lírica para Cayo, quien en su muy peculiar arreglo habla del reggaetón desde y sobre su construcción lingüística en metros castellanos a lo largo de su evolución desde el siglo XV al XVIII, hecho que a su vez se refiere con algunas temáticas que hoy serían mal vistas, pero que entonces fueron todo lo contrario, al igual que el ejercicio expuesto por Rosalía con El mal querer y la novela medieval El Román de Flamenca o Flamenca a secas y por ahí discretamente, Stromae en Francia con sus distopías reivindicatorias del proletariado promedio, las prostitutas y sus hijos, lamentablemente Tyler the Craeator se subió al tren ahora bajo el pseudónimo de Tyler Baudelaire.

No es que las flores del mal volvieran a florecer, nunca se marchitaron. Se les hizo un sampleo digno del Discovery de Daft Punk y su versión animada Interestellar 5555 (2013).

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lo nuestro iba en un buggati

y te quedaste a pie

[El amor es un camino]

se entiende que la metáfora no es

mero divertimiento del lenguaje

si no, forma de pensamiento

por la cual comprendemos

a través de cosas tangibles

otras no tan tangibles

el amor

como bruma imposible e inesperada

requiere una inusual cantidad de metáforas

para ser explicada. 

Otro punto clave de Cayo es presentar al Reggaetón como otra amalgama idiomática entre español e inglés, entendiendo este último en nuestro momento, como la segunda lengua (por requisito) de gran parte de la población millennials. “Por una parte la impregnación lingüística del inglés al / español alivia diferencias y barreras idiomáticas que en / un contexto de globalización se convierten en territorio / común para diversos hablantes.” (Ibíd.)

Además, hablando de millennials, hay que hablar de caricaturas y Cayo no lo deja fácil al ligar la presencia de Capitán planeta y los planetarios (1990-1996), especialmente al hecho de que Ma-Ti, planetario de América del Sur, al ser el portador del poder del corazón, el héroe no podría existir. ¿Acaso predice algo sobre influjo latinoamericano en el mundo? Una Teoría Ma-Ti / construiría un manifiesto político / sobre el futuro de América Latina. // Una Teoría Ma-Ti / Propondría un ethos para la integración global. // Una Teoría Ma-Ti / se obliga a resolver una sola interrogante: // ¿Por qué Ma-Ti tenía el poder del corazón? // (¿Podemos resolver esa pregunta con reggaetón?)

No obstante, ¿qué tiene que decir el reggaetón? Aparte de ser un ritmo que ha conquistado el cuerpo, desligándolo de la conciencia; sin embargo, como marca de pronto cierta tradición latinoamericana, por más pegajosa y animada que sea la música, frente a esta hay discursos muy turbios: Willie Colón con No y El gran varón; Joe Arrollo con Rebelión, por decir algo. No hay nada nuevo bajo el sol, pero sí, algo inspirado e incluso tomado bajo licencia artística.

con melodía andina

vientos indígena melancolía

de ritmo tambor africano

y andaluz guitarra algarabía

y aún con la culpa del cristiano

bailamos

la tragedia, no de profanos

hasta abajo y hasta adentro

la palabra no gobierna el cuerpo

Decir que algo terminará es riesgoso, pero no lo tacha de falso. Motivo que Cayo ha ocupado durante las últimas páginas de El cuerpo es devil para desmenuzar una resolución metafísica y metalingüística sobre la verdad, a partir de Nicky Jam.

El cierre del ciclo lleva de vuelta al génesis del pensamiento filosófico de siglos atrás, quedando en blanco una vez más. Lo que podría aparentarse como una falla, es todo lo contrario, muestra precisamente que por muchos cambios en su apariencia, la humanidad no deja de caer en los mismos conflictos de su origen, tiene muy prendada la piedra que se arroja por encima de la cabeza. Es más, tiene el descaro de cambiar de estilo en su caer, al menos, cambia a la temporada pasada. No se preocupa por cómo será visto, eventualmente pasará de moda. Hecho resaltado en el destacado esfuerzo de no solo desaparecer el yo lírico, sino todo el cuerpo entero.

Se desmorona la pared en la que antaño se escribieran poemas tan hermosos.

El polvo se mezcla con las aguas, la polilla

se deshace al contacto con la luz y nuestros ojos

recuerdan temblando una visión:

¿Es allí donde nos hemos de mirar? (Chirinos, 1985: 11)

En los versos iniciales de Archivo de huellas digitales (1985), bajo el mismo ánimo premonitorio que Cayo, Eduardo Chirinos (1960-2016) visualiza la caída de todo material que soporta la poesía y por ende, los ritos y el lenguaje. Elementos intangibles que por el hecho de ser heredados se les enviste de cierto pudor y respeto incondicional; no se puede criticar lo dado, a caballo regalado no se le mira el diente. Falacia que de pronto en público se protege a capa y espada, al contrario de la intimidad.

Tanto Chirinos como Cayo prevén la razón de que todo caerá y que ello suceda no es en vano. El ciclo de la roca es el mismo: deshacerse y que el agua vuelva a consolidarla con ayuda de la gravedad y los siglos hasta ser de nuevo la base donde habrán de tallarse poemas tan hermosos. La pregunta del cierre, se puede responder, Cayo la responde, con un sino: la creatividad humana sobrevivirá eras de cambios continuos que a sí misma se anteponga, volverá en forma de tazos, que su vez será y no será la misma.

No obstante, siempre habrá una vuelta a todo lo hecho. Personalmente creo mucho mejor al Glenn Gould de las Variaciones Goldberg de Bach de los 80’s que al de 1955. Las segundas oportunidades son un privilegio que pocos podrán tener, ahí están las primeras secuelas de Terminator y Shrek, aunque no todo puede ser así.

Tal vez el reggaetón no llegue a tener su venganza, al contrario de una cuarta edición de El cuerpo es devil. De toda historia, el mayor beneficiado no es el vencedor, sino quien la escribe. El autor no ha muerto per sé, solo se oculta tras la cortina moviendo los controles en el mundo de Oz. Todo esto lo hizo Homero antes y seguimos dándole crédito por ello. Hay que empezar de nuevo.

 

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