El sueño del Mara’akame

RESEÑA | El sueño del Mara’akame, de Federico Cecchetti

Ciudad de México, 8 de junio (MaremotoM).- El sueño del Mara’akame (México, 2016) es el primer largometraje del cineasta mexicano Federico Cecchetti (1982) y cuenta la historia de Nieri, un adolescente destinado a ser mara’akame, una importante figura religiosa en los wixaritari (huicholes) con dones de sanar a la comunidad. El padre de Nieri también es mara’akame y está firmemente convencido que su hijo está irrevocablemente llamado a cumplir su destino. Nieri vive en una comunidad serrana no exenta de la cultura mediática, las ‘trocas’, los celulares; y asume con incredulidad su destino. De hecho francamente no lo desea, pues prefiere ser vocalista de su banda, cuyo género musical mezcla cumbias, rancheras, baladas con los “rabieri” (violines) y otros instrumentos propios de los músicos huicholes. El sueño inmediato de Nieri no es convertirse en mara’akame, sino cantar y tocar con sus amigos en un concierto de la ciudad de México.

Mara’akame literalmente significa: “el que sabe soñar”, por lo tanto es un hermeneuta de los sueños, lo que a su vez lo convierte en un líder espiritual, pues al fungir como una intermediario con los dioses de su cosmovisión tiene el don de curar a su comunidad.

De la boca de los mara’akate (plural de mara’akame) salen cantos y rezos que acompañan las sonoridades de los músicos en algunos rituales, su canto es curativo, ergo sagrado. En la película los sueños y el canto de Nieri se mueven entre la tradición y la modernidad. En ambos terrenos el sería el líder de su grupo, pero con connotaciones muy disímbolas.

El sueño del Mara’akame (México, 2016) fascina en primer lugar, porque trata en una historia ficticia con inteligencia, frescura y crítica las preocupaciones, deseos, tensiones y pervivencias bio culturales de todo el pueblo wixárika (singular de wixaritari), aunque esté concentrado en una comunidad.

El sueño del Mara’akame
Cartel de la película. Foto: Cortesía

La opera prima de Federico Cecchetti no es otra buena docu-ficción sobre pueblos indígenas en México, como Corazón del tiempo (Dir. Alberto Cortés, México, 2009), es una muy buena historia contemporánea para entendernos como país y en este sentido está más cerca de El Violín (Dir. Francisco Vargas, México, 2007).

La historia narrada en El sueño del mara’akame es interpretada actoralmente por miembros de la comunidad de La Cebolleta, Jalisco con una gran naturalidad y desenvoltura, en la película son y no son ellos en una región amenazada por las mineras y en un momento de múltiples influencias culturales globales. La película capta con un gran tino las tensiones contemporáneas entre la individualidad derivada de la modernidad y las tradiciones ancestrales y las visualiza con una magistral fotografía, arte y guión.

Los wixaritari son un pueblo originario que agrupa aproximadamente a cuarenta mil personas en distintas comunidades de Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas. Tras el proceso de dominación colonial los españoles les llamaron de forma despectiva huicholes. Un tipo antropología anglo los nombra así y tienen la gracia de aclarar que se pronuncia ‘wee chol’. Al igual que otros hermanos indígenas son sujetos de humillación, incomprensión por conservar su lengua y culturas, pero también como otros pueblos han reivindicado el insulto y algunos se nombran a sí mismos con el vocablo español huicholes.

Huichol Musical, el grupo que canta en wixárika y español y que forma parte de la historia y soundtrack de El sueño del mara’akame es un ejemplo del uso reivindicativo del término huichol. Por otro lado, la banda de Nieri llamada Peligro Sierreño, parece cantar solo en español en claro contraste con Huichol Musical, quien además de cantar en su lengua madre, usa la indumentaria de los wixárika, es decir pantalones y camisas usualmente de manta con bordados multicolores de venados, águilas, serpientes ardillas, sombreros con plumas, morrales con figuras geométricas diversas.

En el caso de las mujeres faldas de diversos colores y con bordados similares de animales que están vinculados a su cosmovisión, pulseras con chaquiras deslumbrantes. Nieri viste la indumentaria tradicional pero también usa jeans y sudaderas, a diferencia de su padre quien normalmente viste su traje típico. El sueño del Mara’akame aborda a los wixaritari, no con el exotismo antropológico foráneo, ni con el paternalismo integracionista que caracterizó “a eso que llaman antropología mexicana” sino con una mirada honesta y más humana que pretenciosamente antropológica.

El filme intenta comprender y entender de manera digna la vida contemporánea de una comunidad wixárika, que a la vez que mantiene su cosmovisión sagrada, vive paulatinamente la penetración del narco, el empobrecimiento, el deslumbramiento del dinero, el alcoholismo, el neo extractivismo, pero también la respuesta comunitaria de la defensa de su territorio.

El sueño del Mara’akame
El tino de la película estriba en concentrarse en los deseos y sueños de Nieri, sin dejar de lado los peligros que vive el pueblo. Foto: Cortesía

El tino de la película estriba en concentrarse en los deseos y sueños de Nieri, sin dejar de lado los peligros que vive el pueblo. De esta manera, se alude a la defensa de su territorio sagrado Wirikuta amenazado por las mineras transnacionales. En el 2012 los wixaritari tras consultar con sus dioses en Wirikuta emprendieron un movimiento de defensa de su territorio y se articularon con varios miembros de la sociedad civil, artistas y todo el pueblo wixárika.

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En varias ciudades se organizaron conciertos de apoyo y esto lo retrata la película de manera crítica: hasta dónde el apoyo urbano comprende una situación como la Nieri que se divide entre cumplir un mandato cultural y a la vez cantar pagano con su banda. ¿Cómo puede conciliar esas inquietudes? ¿Se puede?

La película deja abierta la pregunta. Cecchetti hace una crítica a la adopción new age del consumo del peyote. Mientras que para los wixaritari consumir hikuri (peyote) ha sido una práctica ancestral y religiosa, para algunos sectores de clase media de la película es una práctica que raya en la combinación de creencias de las más diversas y que en el mejor de los casos puede ser terapéutica. El sueño del mara’akame pone el dedo sobre la llaga sobre el tema y nos invita a repensar cómo observamos y adoptamos las prácticas rituales, no solo de los wixaritari sino de nuestros pueblos originarios.

El sueño del Mara’akame
El sueño del Mara’akame. Foto: Cortesía

El hikuri es una cactácea endémica del norte de México y del sur de Estados Unidos con propiedades alucinógenas y que ellos consideran “es el corazón del abuelo del abuelo, el cactus en el que palpita el pecho de los dioses”, nos señala Luis Ramírez-Trejo Homo-vespa en su magnífica crónica La piel del desierto (2014). Debido a su sobre explotación y saqueo por parte de turistas y del crimen organizado, el peyote se encuentra regulado por las leyes mexicanas, y esto ha implicado criminalizar al pueblo wixárika. La lucha por su territorio en este sentido es una defensa bio cultural, pues no sólo se defienden sus espacios sagrados, sino una cosmovisión guardiana de que el mundo no se sumerja en la oscuridad primigenia. Insisto, gran película.

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