RESEÑA | EvePoradas/Evaporadas a través del lente mágico de Eve

Ciudad de México, 6 de mayo (MaremotoM).- Eve Gil es una escritora de ficción. La he disfrutado recientemente con El suplicio de Adán, que a pesar de haber resultado un suplicio no nada más para Adán, sino también y en especial modo para Eve, al fin logró revertir la censura del cual fue objeto en su primera edición y consiguió ser reeditado. Eve es además una extraordinaria crítica literaria, he leído siempre con mucho interés sus reseñas en la Jornada, en la Revista Siempre o en su blog La Trenza de Sor Juana, en las que por cierto ha honrado mis novelas. En Evaporadas, las chicas malas de la literatura, Eve Gil logra fundir estas dos facetas de su vocación: la de contar historias y la de ejercer su juicio, tan perceptivo como personal, sobre el suigeneris corolario de autoras que ha seleccionado, pero en especial modo sobre la obra de estas autoras, que se cruza irremediablemente con sus vidas. El resultado son ensayos narrativos, como los define Eve en su introducción, porque efectivamente se leen como cuentos, por la manera “literaria” en que están contados, es decir tejiendo una tensión narrativa y cuidando sus vueltas de tuercas, sus comienzos (reveladores) y sus finales (contundentes), así como la oportuna administración intermedia tanto de la información como de la forma. Algunos de estos textos habían sido publicados en prensa, pero fueron modificados de su versión original para que el estilo fuera homogéneo y el resultado es una suerte de novela-mapa-recuento sobre el más dramático quehacer literario femenino, que se lee con entusiasmo y fluidez. Ensayos narrativos enriquecedores, que conjugan el arte de narrar con el arte de criticar. Y la de Eve es una crítica puntual, conocedora, informada, la de una lectora voraz pero también de una escritora veraz, que sabe de lo que habla. Y aquí quiero hacer un breve paréntesis sobre el oficio de la crítica literaria. Hoy en día todos somos opinólogos profesionales. Gracias a las redes sociales y a el acceso masivo a la tecnología, la opinión se ha democratizado, lo cual me parece tiene grandes ventajas pero también varias desventajas. En el mundo moderno estamos forzados a escuchar opiniones de gente que en muchos casos sería mejor que se callara. Es cierto, un lector, por el simple hecho de serlo, tiene derecho a opinar, pero cualquier reseña en Goodreads por ejemplo, la plataforma de lectores de Amazon, no puede compararse con la de alguien que tiene un amplio espectro de información sobre un tema. Además, un crítico literario tiene la capacidad de hacernos odiar u amar un texto por la manera en que nos lo desmenuza e interpreta y en cualquier caso conseguirá nuestra atención sobre el mismo. Y eso me pasó con Evaporadas. Tanto que hice el propósito de leer a todas las escritoras mencionadas, lo cual aún no logro, pero gracias a Eve algunas tuvieron prioridad. Así que le agradezco haber alumbrado mi camino hacia más lecturas y por ser una crítica valiente, honesta y con conocimiento de causa, que no se deja influenciar por la corriente general y que no temen el juicio a su vez.

Pasando a la selección –hecha con el olfato de una entendedora curiosa y abierta a todas las posibilidades– de este grupo de mujeres, que tiene por común denominador, además de talento, en algunos casos verdadero genio, la autodestrucción, pero también la originalidad, la inconformidad con las injusticias (que también encuentro en Eve Gil y tal vez por eso se sienta de algún modo cercana a ellas). Mujeres que más allá de haber sido pioneras en hallazgos literarios (en la mayoría de las ocasiones no reconocidos, como es el caso de Mary W. Shelley con el genero de la ciencia ficción, de Alejandra Pizarnik con el realismo mágico en español o de Kate Chopin con el erotismo femenino moderno) tienden a autocondenarse. Mujeres que cargan sobre el hombro su propia sensibilidad artística y todas sus contradicciones y a pagar caro –y de muchas maneras –el precio de su rebelión a las condiciones que la sociedad o ellas mismas, se han impuesto. Más allá de sus particularidades me he sentido identificada con sus vivencias, como estoy segura les va a ocurrir a muchas otras lectoras, porque al final sus preocupaciones son las de todas, aunque en especial modo de las que hemos elegido cultivar la mente y crear más allá de procrear.

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Toda mujer con esta aspiración ha tenido que enfrentarse al conflicto entre arte y pareja-hijos-familia; toda mujer, sea madre o no, en algún momento ha tenido que reflexionar sobre, si no es que vivir en carne propia, la maternidad (la condición biológica que nos distingue del hombre y nos fragiliza y empodera a la vez); todas hemos vivido algún grado de afinidad con otras mujeres que a veces alcanza la lesbiandad (me gusta más este término que el lesbianismo); a todas nos tocará pensar en la muerte, espero que no tantas consideren el suicidio, en este libro hay demasiados y todas en algún momento de nuestra carrera  o de nuestra vida, nos hemos enfrentado al tema de la discriminación de la mujer frente al hombre. Situaciones que a veces convierten a las mujeres de estas páginas en víctimas, aunque Eve, como lo prometió en el prólogo–y debo decir que se lo agradezco, porque lo cumplió– no las victimiza, consciente que el no convertirlas en mártires es el mejor camino para reivindicarlas como artistas.

Este libro me pareció también un recordatorio y se los dice una mujer tal vez demasiado positiva y que además no tuvo que ser feminista porque otras lo fueron por ella, del largo camino que las mujeres hemos tenido que recorrer para conseguir igualdad de condiciones con los hombres. Y el que en muchos sentidos aún falta bastante para que esta igualdad sea plenamente respetada. Baste pensar en el machismo imperante aún, la violencia de género y los feminicidios que siguen y cada vez están más cerca. Aquí mismo, en CU, así como en otros ámbitos escolares, ha habido asesinatos incomprensibles e intolerables. Es cierto que la violencia que viene arrastrando México desde hace muchos años es un problema que afecta a ambos sexos, pero apunta cuan vulnerable es todavía el femenino.

Sin embargo, cuando uno se entera de donde estábamos, cuando uno lee que en las épocas de Leonora Carrington, nacida en 1917, ser mujer surrealista quería decir ser la que le cocina la cena a los hombres surrealistas o que muchos atrevimientos que se tomaron estas mujeres, tanto en sus vidas como en sus escritos fueron castigadas brutalmente, como en el caso de Elena Garro, condenada por los intelectuales de su época por haberse atrevido desairar a su famoso marido. O que hay algunas, como James Tiptree Jr., que prefirieron firmar sus libros como hombre, a pesar de los remordimientos con sus colegas más valientes le provocaban– porque, dice esta autora “todo sonaba más interesante si provenía de un hombre”. Ante estos caso, no queda más que pensar que hemos avanzado bastante a pesar de lo que todavía falta.

Más allá del tema feminista, Evaporadas es una extraordinaria oportunidad de asomarnos, a veces morbosamente, es decir a las áreas más íntimas y escabrosas de la personalidad de cada escritora y al mundo femenino en general. Conocer un poco de las autoras con quienes no “teníamos el gusto” o conocer mejor a alguna y en sus partes más desconocidas, que ya nos intrigaba. Pero antes de abrir la ventana, Eve nos otorga un lente a través del cual mirar a cada una de ellas; la maravillosa posibilidad de entender mejor a las que puso bajo su lupa, pero también la oportunidad para entendernos mejor como mujeres, como artistas, como lectoras y como seres humanos, que es lo que uno pretende al leer.

Finalmente y tal y como pude comprobarlo en las entrevistas que realicé para Cambio literal, los libros que hemos leído definen quienes somos y este libro constituye una excelente lista de lecturas sí, pero también un modo para acercarnos a las letras de Eve Gil y a su peculiar modo de percibir la vida. Y vale mucho la pena conocerla, se los aseguro.

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