David Foenkinos

RESEÑA | Hacia la belleza, de David Foenkinos

¿La belleza, el arte, podrán borrar lo feo y lo terrible del mundo?

Ciudad de México, 17 de junio (MaremotoM).- La nueva novela del autor que enamoró a tres millones de lectores con La delicadeza y ganó el Premio Renaudot con Charlotte se llama Hacia la belleza (Alfaguara).

¿La belleza, el arte, podrán borrar lo feo y lo terrible del mundo?

Dos personas se encuentran en una clase de arte. Una es artista, el otro un profesor que hace comentarios certeros sobre los trabajos y se ven una o dos veces pero es el dictamen para una examen del docente lo que lo hace irse del mundo.

La historia comienza cuando Antoine Duris, profesor en la Academia de Bellas Artes de Lyon, se encuentra pidiendo el trabajo de un vigilante en el Museo de Orsay.

Atrás lo ha dejado todo: sus alegrías, su sobrina, su puesto como historiador, sobre todo sus penas y probablemente algo que no dice.

En el otro lado Camille, una muchacha con todas las virtudes, con dos padres que la aman más allá de lo predecible y que descubre un día que puede ser artista, que el tema de la pintura y el dibujo la ayudará para conocerse a sí misma, aunque en una clase reniegue del autorretrato y de la terapia.

Trata por todos los medios Camille de salvarse luego de haber sido violada por el amigo de la familia, que enseñaba clases de pintura, pero no puede. Va a la psicóloga, una y otra vez deja y luego retorna a la Academia, se escapa, pero la última vez que ve a su violador, la muerte puede más que la belleza.

Hacia la belleza
Hacia la belleza. Una novela triste, donde el arte a veces salva. Foto: Alfaguara

La sinopsis dice que es Duris el que se escapa a la belleza para huir de lo que considera una culpa de que Camille se haya suicidado, pero la belleza también tiene poco para decir en la existencia de una chica que no puede decir lo que ha pasado fruto de la amenaza infame que le hace su violador y se ve entrampada en ese espiral que proporciona al lector una mirada atenta hasta el final, que aunque previsible la tristeza emana de esas últimas páginas.

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La curiosidad delimita el mundo de los vivos del de las sombras, dice en un momento el escritor, tal vez con la esperanza de que la vida sea algo más que esa superficialidad con que enfrentamos al mundo. “Y cuando vas a Cracovia , te haces Auschwitz”, dice irónicamente para ejemplificar como hablamos en un universo donde las palabras esenciales faltan, donde el silencio conduce hacia la oscuridad. Si no puedes contar la historia, esa historia te comerá, es el mensaje de Hacia la belleza, escrita por el parisino nacido en 1974 y que ha dicho en una entrevista que escribirla “fue muy dolorosa y muy difícil, porque puse mucha energía”.

Entre Modigliali, Caravaggio, Bacon y los dibujos de una pintora primeriza, este autor que ha ganado más de quince premios literarios y muchas de sus historias han sido llevadas al cine (entre ellas, La delicadeza, firmada por él y por su hermano Stéphane, con una delgadísima Audrey Tatoo como protagonista), nos enseña también que el arte a veces puede traer consuelo.

Una de las últimas cosas del libro son los padres de Camille, recibiendo elogios por los dibujos y la pintura que la chica –en tan poco tiempo- ha dejado. Una sonrisa de quien ha perdido a la persona amada tal vez sea esa cuota por la que todavía creemos en el arte.

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