Sayaka Murata

RESEÑA | La dependienta que encontró el sentido de su vida en el supermercado

¿Es una soledad que decide pero que no sabe cómo lidiar socialmente con ella? ¿O es el vacío de su existencia lo que confluye en La dependienta? ¿Qué es? La escritora Sayaka Murata deja estas preguntas abiertas en la novela.

Ciudad de México, 7 de abril (MaremotoM).- Keiko Fukuraka es una mujer que desde niña le resulta incomprensible las normas sociales. Fukuraka es la principal personaje de la novela La dependienta, de la escritora japonesa Sayaka Murata (Duomo ediciones, España, 2019), en la que pinta un Japón contemporáneo, citadino y alienado laboralmente.

A sus 36 años Keiko se aferra a un trabajo inestable como el único espacio que la libera de los cuestionamientos hacia su persona que la sociedad japonesa le ha incriminado a lo largo de su vida: ¿por qué no es una niña “normal”?, ¿por qué no tiene novio?, ¿por qué no se ha casado?, ¿por qué a sus 36 años sigue trabajando por horas en una kombini, supermercado japonés abierto las 24 horas, pese a tener una carrera universitaria? ¿por qué no siente ira o deseo sexual como sus compañeras? Ella sabe que no es una idiota, tiene más bien una percepción distinta de la vida.

Desde niña Keiko se ha percibido ajena a las convenciones establecidas, así que para evitarse problemas rece imitando a los demás como una autómata ingenua y temerosa de ser descubierta, compra los mismos zapatos que sus compañeras de trabajo, emula los tonos y las enunciaciones de las expresiones de su familia y amigos para pertenecer al mundo y zanjar cualquier introspección a su vida. El motor central de la vida cotidiana de Fukuraka es el trabajo y en un sentido secundario, su familia.

En La dependienta, Murata revela con una prosa cuidadosamente sencilla un Japón poblado de grandes edificios, desolado e hiperproductivo. En la novela la kombini, el supermercado de 24 horas, es la metáfora perfecta y el lugar donde convergen la alienación, la precariedad laboral y la  despersonalización; todos pretenden llevar una vida amable, normal ordenada y esa vida la integran a su cotidiano, se mimetizan en el mercado, lo hacen suyo: trabajan, forman una familia, trabajan para su familia sin parar, las 24 horas, porque la vida capitalista es así y se impone sin cuestionar.

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Sayaka Murata
La dependienta, de Sayaka Murata. Foto: Cortesía

Sayaka cuestiona, a través de varios personajes de su novela, lo absurdo de las normas sociales y particularmente enfatiza la pesadumbre que significa para las mujeres el no casarse, el permanecer en el limbo laboral, en el marco de una sociedad que valora altamente la productividad laboral capitalista y la familia heterosexual.

No deja de tener un cariz decadente el que Keiko, la personaje principal, haga a lo largo de su vida todo lo que esté a su alcance por encajar en la sociedad y que el sentido que encuentra en su vida lo halle en un trabajo mecanizado, que paradójicamente la libra de las presiones sociales como la de tener una relación de pareja con un paria que se victimiza, un auténtico parásito que saca el provecho máximo de Keiko, no sin que ésta también le utilice para sus fines.

Keiko a sus 36 años se cuestiona ¿vivir para qué, para quiénes? ¿cómo llenar los sentidos de la vida? Fukuraka encuentra su sentido de vida en el servicio de la komini como dependienta, no deja de ser contradictorio que el sentido de su libertad lo encuentre alrededor del libre mercado, sus ofertas, sus disciplinamientos, sus formas de ordenar la vida.

¿Está únicamente alienada Fukuruka? ¿Es la ‘sociedad del cansancio’ -diría el filósofo Byung Chul Han- que se mete hasta el lugar más recóndito de su psique en el contexto del Japón contemporáneo? ¿Es una soledad que decide pero que no sabe cómo lidiar socialmente con ella? ¿O es el vacío de su existencia lo que confluye en La dependienta? ¿Qué es? La escritora Sayaka Murata deja estas preguntas abiertas en la novela.

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