RESEÑA | “La mujer de pelo rojo”, de Orham Pamuk

El tema central esta disfrazado de una metáfora sobre la globalización intercultural. Donde el escritor turco trata de responder las siguientes preguntas: ¿continúa Turquía practicando sus tradiciones para reforzar su identidad y evitar el cambio? ¿abandona su historia local para rendir pleitesía a las nuevas líneas de fuga donde convergen nuevas perspectivas? O ¿Preservan la tradición incorporando lo nuevo y combinando ambas opciones?

Ciudad de México, 25 de marzo (MaremotoM).-Acabo de convertirme en uno de los miles de lectores de La mujer de pelo rojo, el último libro publicado y traducido al español de Orham Pamuk que trata de la relación entre Cem Bey, un joven con ausencia de padre, y Mahmut Usta, un maestro pocero y padre simbólico y la Turquía rural de 1980. Fue publicado por el sello Literatura Random House en 2018 pero yo no supe de su existencia hasta hace unos días, cuando lo leí.

Como suele ocurrirme con los libros que me atrapan de manera contundente, no podía creer el tema de la novela, ni mucho menos que, al serlo, al presentarlos como lo hizo Orham, me enganchara por ser un escrito interesante pero además por ser un texto con una buena dosis de tensión y principalmente por qué es narrado con toda la eficacia con la que el Pamuk escribe sus novelas y que determina que sus miles de lectores alrededor del mundo no puedan soltar la lectura hasta terminar el libro.

El tema central esta disfrazado de una metáfora sobre la globalización intercultural. Donde el escritor turco trata de responder las siguientes preguntas: ¿continúa Turquía practicando sus tradiciones para reforzar su identidad y evitar el cambio? ¿abandona su historia local para rendir pleitesía a las nuevas líneas de fuga donde convergen nuevas perspectivas? O ¿Preservan la tradición incorporando lo nuevo y combinando ambas opciones?

La nueva novela de Pamuk. Salió por Random. Foto: Especial

A partir del encuentro del joven Cem Bey con el que se convertirá en su maestro, Mahmut Usta, durante varias semana tejen una relación intensa, primero solo como alumno – maestro pero con forme avanzó el tiempo el trato fue más allá hasta llegar a una situación del tipo padre e hijo. La diferencia básica entre los dos era que mientras Mahmut representaba a un hombre apegado a las tradiciones de oriente, Cem Bey era un estudioso seducido por la cultura de occidente. Este es un punto fundamental en el desarrollo de la novela por que retrata el drama que vivió Turquía que debe enfrentar los mitos fundacionales de su tradición con los mitos de occidente a los que se abre a partir de 1900.

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A la manera de Edipo, el joven aprendiz enfrenta a su maestro y Pamuk lleva a muy buen término esta escena: ““Mahmut Usta solía contarme historias y parábolas extraídas del Corán para enseñarme lecciones de moral, lo cual me enojaba. Para devolvérsela, yo había decidido contarle la historia del príncipe Edipo, pero al final, de algún modo, había terminado actuando como el protagonista del relato que había escogido. Por eso Mahmut Usta había acabado en el fondo de un pozo: todo había sido culpa de una historia, de un mito”.

Después de un tiempo Cem Bey abandonó a su maestro a quien creyó muerto después de haberlo cuestionado pero con el paso del tiempo continúo con su instrucción académica y se convirtió en un hombre de medios, inteligente, fino y culto. Se casó y construyó monumental que lo llevó a viajar por el mundo en busca de respuestas.

A la entereza de cada uno de sus personajes Pamuk añade multiplicidad de puntos de vista que incluyen la necesidad de encontrar el sentido de la vida en la cultura de occidente: “Al igual que todos los turcos de la generación de mi padre, lo que yo esperaba encontrar en aquellos viajes, deambulando por las tiendas, los cines y lo museos del mundo occidental, era alguna idea, algún objeto, una pintura, lo que fuera, que transformara y diera sentido a mi vida”.

Destaco la maestría que Orham Pamuk hace del manejo de sus personajes. Pero principalmente la capacidad de retratar A Turquía sin recurrir a los estereotipos que dibujan a oriente como un país de príncipes y sultanes salido de las páginas de Las mil y una noches.

Quizá se deba a la sabiduría de su escritura, su talento narrativo y la lucidez de su postura crítica lo que hacen de La mujer del pelo rojo una novela de enorme importancia.

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