Gente rara y libros raros

RESEÑA | Libros raros, gente rara, de Emily Millicent Sowerby

“El mundo no es justo”, es la frase que se repite hasta llegar a ser la persona que mejor conoce el mercado de libros de Londres y Nueva York. Por cierto, no existe un solo retrato de Emily y su identidad suele confundirse con su paisana, contemporánea y casi homónima, la ilustradora Millicent Sowerby.

Ciudad de México, 12 de abril (MaremotoM).- Amo las historias de libros extraños y los catálogos de subastas de libros; así que sucumbí al título Libros raros, gente rara, escrito por la inglesa Emily Millicent Sowerby (1883-1977). Es la primera vez que su obra aparece en español, gracias al empeño y a la traducción de la poeta y filóloga Yolanda Morató y a la Universidad de Sevilla.

La autora inicia explicando que se enamoró de los libros como objetos preciosos cuando descubrió, en la biblioteca de su abuelo, las finas encuadernaciones y la marca de imprenta del taller de Wynkyn de Worde, impresor de libros del siglo XVI.

Gente rara y libros raros
Gente rara y libros raros, editado por la Universidad de Sevilla. Foto: Cortesía

También comienza a explicar los problemas que tuvo que sortear para seguir su pasión. Emily vivía en un mundo en el que las mujeres que estudiaban se consideraban momias, muertas en vida porque a ningún hombre le interesaba casarse con una mujer preparada. Emily le dijo a sus padres que toda familia importante necesitaba tener una momia y que ella estaba dispuesta a serlo. Así arranca un relato que profundiza, con gran sentido del humor, en las dificultades que tenía una mujer para entrar al mundo de los “caballeros”.

Emily comienza su carrera con el excéntrico merchante Voynich, descubridor del misterioso manuscrito que lleva su nombre. Voynich es el primero de los personajes raros en desfilar, un sabio capaz de hablar decenas de idiomas -todos mal- y quien confía en Emily pero le advierte que el mundo de los libros no aceptará a una mujer.

Gente rara y libros raros
Además conocí una historia de lucha feminista en la primera mitad del siglo XX. Foto: Cortesía

La Primera Guerra Mundial y la escasez de hombres, le da la posibilidad de conseguir trabajo en la casa de subastas Sotheby’s, en donde se convertirá en la mayor autoridad en libros valiosos, aunque ganando menos dinero que cualquier hombre. Cuenta, con el típico sentido de humor inglés, los desmayos que causaba con su presencia en las juntas de expertos, la sorpresa de los clientes al recibir a una mujer para valuar sus colecciones (“me han enviado a una zorra”), el machismo de personajes masculinos importantísimos en su época, pero incapaces de darle la mano.

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“El mundo no es justo”, es la frase que se repite hasta llegar a ser la persona que mejor conoce el mercado de libros de Londres y Nueva York. Por cierto, no existe un solo retrato de Emily y su identidad suele confundirse con su paisana, contemporánea y casi homónima, la ilustradora Millicent Sowerby.

Biblias de Gutemberg, manuscritos de Lewis Carroll, pliegos de obras de Shakespeare, libros que pertenecieron a generaciones de personajes importantes, incunables rescatados de viejas abadías y libros iluminados resguardados en cajas de seguridad aderezan la historia de Emily y dejan boquiabierto a cualquiera que sueñe con la mera existencia de esos ejemplares.

Emily se convierte en la mano derecha de la firma Rosewald, en donde debe escribir libros y artículos que firmará su jefe, pues a una mujer no se le permite erigirse como autoridad del estrecho mundo de los coleccionistas, filántropos, bibliotecólogos y eruditos.

Su trabajo es por fin reconocido cuando se le encarga la catalogación definitiva de la Biblioteca Jefferson, la más importante colección de libros antiguos de Estados Unidos. Esa fue la primera gran obra que, por fin, firmó con su nombre, publicada en cinco volúmenes por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Yo buscaba libros raros y gente rara y eso obtuve, pero además conocí una historia de lucha feminista en la primera mitad del siglo XX.

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