RESEÑA | Más alto, más rápido, más dinero: el libro negro del deporte, de Federico Corriente y Jorge Montero

Citius, altius, fortius, el libro negro del deporte, de Federico Corriente y Jorge Montero (Pepitas de Calabaza). Si para muchos la alta pureza del deporte es algo incuestionable, Corriente y Montero –autores del libro– muestran que, en realidad, es una cara ubicua de un nuevo totalitarismo.

Ciudad de México, 27 de julio (MaremotoM).- Para los que empezamos a seguir los partidos de futbol de la liga mexicana en los años 80 y 90, cuando el torneo duraba todo el año, el mundo deportivo de hoy, repleto de actividades a seguir casi todo el tiempo, nos parece extraño. En aquella época la liga era uno de los deportes más seguidos a través de la televisión. Por supuesto, deportes como el béisbol seguían teniendo fanáticos, pero el futbol acaparaba todos los reflectores. Una vez elegido el campeón había que esperar un tiempo para que las actividades regresaran. Con la llegada del nuevo siglo se pasó a un torneo semestral y dos campeones al año. A la par, la selección mexicana aumentó su participación en partidos amistosos e, incluso, se añadió un torneo más en el que se incluyeron a equipos de la división inferior. A inicios de este siglo la televisión por cable y el internet comenzaron a integrarse a la vida cotidiana de los mexicanos, sobre todo los habitantes de las grandes ciudades. Con estas nuevas plataformas el público tuvo acceso a las ligas de futbol de otras partes del mundo, sobre todo la española cuyo prestigio ha creado legiones de seguidores en todo el mundo, pero también deportes poco difundidos mediáticamente como el futbol americano o el basquetbol. Para el final de la segunda década del siglo XXI tenemos información 24 horas al día conformada por partidos en vivo, diferidos, entrevistas, programas de debate, incluso la llegada de los llamados “eSports” en los que compiten videojugadores y que ha servido como placebo para el público mientras se regularizan los torneos deportivos en gran parte del mundo. Las pantallas o televisiones tradicionales han sido insuficientes para contener la avalancha de información y han entrado otras plataformas como computadoras y celulares. ¿Cómo se llegó a esto?

Citius, altius, fortius
Un libro para pensar. Foto: Cortesía

Citius, altius, fortius, el libro negro del deporte, editado por Pepitas de Calabaza y escrito por Federico Corriente y Jorge Montero, es un interesante recorrido por la historia del deporte desde sus orígenes populares hasta la última versión globalizada y hecha para el consumo voraz de las masas. Es interesante que, en entre los miles de libros sobre el deporte –lo más importante de lo menos importante, según un dicho popular– haya muy poco material crítico sobre éste. Un fenómeno que arrastra multitudes, que genera ganancias millonarias todos los días e, incluso, juega un papel importantísimo en la geopolítica internacional, tiene una recepción casi siempre acrítica. Se discute sobre comida rápida, economía, las decisiones del gobierno, elecciones, música, noticias falsas, pero pocos se atreven a cuestionar el espectáculo continuo que aparece frente a nosotros todo el tiempo. Citius, altius, fortius muestra la evolución del deporte y, si bien no analiza a fondo el mediatizado siglo XXI, el recorrido que hace desde la antigüedad griega y romana, hasta las últimas décadas del siglo XX, es un gran aporte para entender cómo el juego fue alejado de las masas populares para convertirlo en una exitosa mercancía.

Citis altius fortius nos muestra algo inconcebible en nuestros días: los inicios del juego y su componente democrático y transgresor. Para esta actividad no había reglas y cada región tenía su propia versión. La calle y la plaza popular eran los escenarios de las actividades lúdicas. Por supuesto, el juego estaba vinculado a los rituales agrícolas y su calendario. Incluso, en pleno feudalismo, los reyes y nobles convivían a través del juego con los siervos y campesinos. Con el tiempo, el juego comenzó su lenta pero inexorable conversión a deporte. Las élites, siempre temerosas del potencial revolucionario de lo lúdico y, por qué no, de lo imaginativo, empezaron a limitar las actividades de diversión de sus vasallos. Por otro lado, se encerraron en sus castillos y haciendas para practicar juegos que funcionaron como prototipos para deportes actuales como el golf y el tenis. Sin embargo, el gran salto ocurrió con el advenimiento de la era industrial en Inglaterra. El paso de una sociedad rural a una urbana modificó las relaciones de poder y las costumbres de la gente. Los campesinos, convertidos en obreros, vieron reducidas sus jornadas de descanso. Los magnates industriales encontraron en el deporte un mecanismo de control ante las inconformidades de esta nueva clase social. De esta forma se creó, con el tiempo, una nueva identidad que se transformó cada vez más rápido.

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Uno de los aspectos importantes del libro es considerar al deporte como una columna que le da sentido a una sociedad que ha sido despojada, paulatinamente, de cualquier marco de referencia social, comunitario y hasta religioso. La nueva fe deportiva, enmarcada en dos grandes organismos trasnacionales (Comité Olímpico Internacional y la FIFA), es la nueva religión del siglo XXI: una religión cambiante, promotora de un consumo explosivo y que materializa uno de los sueños del capitalismo: trascender las soberanías nacionales para volverse un poder que no reconoce más reglas que las de la homogeneización, estandarización y creación de nuevos consumidores. El ciudadano de estos tiempos es el nuevo fiel de este credo cambiante cuyo ADN está sometido a la dictadura del espectáculo.

El libro negro del deporte a través de su largo viaje profusamente documentado nos muestra cómo los altos valores de la cultura física: compañerismo, desinterés, juego limpio, son entes abstractos, un discurso que disfraza, por decirlo de alguna manera, la realidad del deporte: una competencia que ideologiza a miles de millones, que usa a los seres humanos como mercancías y, por último, un terreno en el que las grandes potencias influyen para desarrollar su propaganda y estrategias geopolíticas.

Si para muchos la alta pureza del deporte es algo incuestionable, Corriente y Montero –autores del libro– muestran que, en realidad, es una cara ubicua de un nuevo totalitarismo. Por esta razón regímenes como el nazi de Hitler o el fascista de Mussolini explotaron la figura del deportista como un ideal a seguir, un sujeto listo para participar en cualquier tipo de experimentos para aumentar su rendimiento y, por ende, servir como símbolo de un gobierno autoritario que no admite ninguna fisura. Una vez derrumbado el mundo bipolar, el totalitarismo deportivo se ha erigido como uno de los límites que ha alcanzado el capitalismo: el sueño de una sociedad uniforme, la metáfora perfecta de un éxito –el de los deportistas élite– que sólo es accesible a unos cuántos, pero que cautiva los sueños de las masas y los motiva para contribuir aún más a un sistema que los precariza. Finalmente, el atleta –con diferentes rostros– es la culminación del hombre convertido en un producto programado para hacer dinero y superar, en una carrera enloquecida, todos los récords.

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