Mariana Enriquez

RESEÑA | Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez

A través de rituales esotéricos y sanguinarios, Juan se transforma en un ente oscuro que devora, cual hoyo negro, todo cuanto a su paso se encuentra, Juan es el vínculo con el mundo oscuro, a costa de su propia salud y vida, pues cada encuentro con la Oscuridad lo deja casi siempre al borde la muerte y en el mejor de los casos con arritmias cardiacas y migrañas duraderas.

Ciudad de México, 29 de junio (MaremotoM).- Leí: “me rebelo ante esta demanda de productividad cuando sólo siento desconcierto”, dice Mariana Enríquez en un texto de reflexión sobre la pandemia convocado por la Revista de la UNAM, dirigida por la genial Guadalupe Nettel. Me llamó la atención, desde dónde hablaba Mariana, pues hasta entonces no sabía quién era, y qué escribía.

“No estoy hecha para las crisis. Trato de recordar otras, 2001-2002: un año o más cobrando la mitad del sueldo y viviendo con mi madre en una barriada peligrosa; todas las noches escuchaba disparos y, si se me hacía tarde, iba corriendo hasta la avenida a comprar cigarrillos porque los robos eran comunes pero también podía quedar en el medio de una balacera”. Este último relato fue el resorte definitivo que me hizo leer su novela Nuestra parte de noche (Anagrama, Argentina, 2019) y vaya novela. No sé cómo describirla, de momento vienen palabras aisladas como balbuceos: política, ocultismo, magia popular latinoamericana, rock, sexualidad libre, bisexualidad y paternidad.

Mariana Enríquez
Mariana Enríquez, una gran novela de terror. Foto: Cortesía

Nuestra parte de noche no es una novela únicamente de terror, cualquier cosa que se entienda por ese género literario, pero Enríquez narra una trama de profunda oscuridad que se conjuga una historia rayana en lo sobrenatural y la intersecciona con una trama que ocurre en la Argentina contemporánea. Mariana captura fotografías análogas de narrativas sobre los infaustos momentos represivos de la dictadura (1976-1983), la llegada del VIH-SIDA, la descomposición neoliberal “democrática” de los noventa y el incipiente movimiento piquetero, no sin colocar de manera fresca una mirada desprejuiciada, libre y muy erótica de la sexualidad y el rock. Por las páginas de Nuestra parte de noche hierve la historia de la Argentina moderna como correlatos de la oscura locura de las élites, de la apropiación y colonización de propiedades, tierras y cuerpos.

Una secta burguesa de élite mundial autonombrada como “la Orden” obliga a Juan Peterson y a su hijo Gaspar a servirles como esclavos mensajeros con la Oscuridad, una siniestra deidad en la que la Orden cree fervientemente, pues le puede garantizar la inmortalidad. El juego metafórico de Enríquez con la oscuridad como surgida de una burguesía victoriana es elocuente, pues refleja esa obsesión en el siglo XIX de ilustres escritores por buscar la trascendencia a través del espiritismo.

La preocupación muy humana por dar continuidad a la existencia y el prolongamiento de la “consciencia” a otro plano cruzó por una parte de acaudalados, célebres y letrados sectores no solo de la Inglaterra victoriana, sino del mundo. No hay que olvidar que Francisco I. Madero era espiritista y en el fondo lo que nos revela es ese sentir profundo de otorgarle un sentido a nuestra efímera vida humana, so pena de la locura, como espaciadamente lo subraya Enríquez en este libro.

Mariana Enríquez
Ahhh, yo lo amo a David Bowie. Pero además es un artista que tiene una versatilidad que a mí me interesa en el arte en general y que como escritora me gustaría lograr también. Foto: Facebook

Nuestra parte de noche, de Mariana, es una novela algo larga, con varios personajes que confluyen en una misma trama conectada por lo sobrenatural en distintos momentos históricos. En Juan Peterson, personaje principal, convergen varias historias, la suya propia como un médium pobre esclavizado por la familia Bradford, terratenientes de los campos más fértiles argentinos. Juan crece en el seno de esta poderosa la familia de migrantes ingleses a la Argentina, que por varias generaciones explotan impunemente a sus empleados y jornaleros, muchos de los cuales son indígenas guaraníes.

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A través de rituales esotéricos y sanguinarios, Juan se transforma en un ente oscuro que devora, cual hoyo negro, todo cuanto a su paso se encuentra, Juan es el vínculo con el mundo oscuro, a costa de su propia salud y vida, pues cada encuentro con la Oscuridad lo deja casi siempre al borde la muerte y en el mejor de los casos con arritmias cardiacas y migrañas duraderas.

A la oscuridad se le ofrendan vidas, se le entregan los desaparecidos en la dictadura, previamente retenidos en calabozos antes de ser condenados a muerte. En la novela de Enríquez se halla una manera desoladora de transitar entre lo sobrenatural y la cruda realidad argentina de desapariciones forzadas por parte del Estado y los crímenes de lesa humanidad a cargo del ejército golpista.

Juan procrea un hijo Rosario, la hija de los Bradford. Ambos tratan de evitar que la Orden use a Gaspar, su hijo, para semejante tarea esclavizante y mortal, como la de todos los médiums usados durante más de un siglo por la Orden, destinados a servir de enlaces con la Oscuridad, con un plano incomprensible, desconocido. La monstruosa oscuridad es muda y el papel de los selectos iniciados es descifrar los mensajes de ese terrible deidad, y cual escribas del más allá esperan ilusionados les sea dictado la quintaesencia de la inmortalidad, un poco como lo hacían los espiritistas del siglo XIX con llamada “escritura automática”, el ‘medio de comunicación’ con el más allá, y que a la postre resultaron en locuras humanas como parte de nuestra propia oscuridad. Una gran parte del universo es oscuridad dice uno de los personajes, estamos rodeados de oscuridad y somos parte de ella.

Nuestra parte de noche trata un crisol de temas que invitan a la charla, más que a la reseña, en ese sentido se encuentra la atormentada relación padre hijo de Juan y Gaspar, una relación emblemática en un tiempo histórico en el que en plena dictadura la madre está relativamente ausente del hogar y presente en la protesta política en la Plaza de Mayo, buscando a  sus hijos desparecidos por el Estado.

Y lo mismo se podría decir del rock, que funciona en la novela como un perfecto y exquisito ‘soundtrack’  de la vida de los personajes. O bien de la religiosidad popular de la argentina, tan hermanada con la hibridez cultural mexicana, en santos paganos. Y en otro plano, y que cruza toda “Nuestra parte de noche”, aparece la mirada de Enríquez sobre el erotismo de sus personajes, que es amplia, diversa, humanista y cargada de un erotismo desbordado. La de Enríquez, es de esas novelas que al concluirlas sabes que ha valido bastante la pena encerrarse en esa dimensión tan luminosa que es la literatura. Letras para entender los tiempos oscuros de la dictadura argentina, historias pare pensarnos como humanos.

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