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RESEÑA | Ode to Joy, de Wilco: La expansión de la intimidad

Buenos Aires, 14 de octubre (MaremotoM).- Si ya había bautizado un disco Star Wars, no debería extrañar tanto que Wilco ahora llame Ode to Joy a su nuevo álbum. No, no hay puntos de contacto entre las canciones de Jeff Tweedy y el “Himno a la alegría” de Beethoven -como nada tenía que ver aquel otro con la saga de George Lucas-, es sólo una suerte de “apropiación” de un título que flota en el inconsciente colectivo para un universo privado y muy consciente. Que es, precisamente, lo que el cantante, compositor y guitarrista ha desarrollado a lo largo de los años tanto con la banda como en su faceta solista.

Para Wilco, Ode to Joy implica un reencuentro con su costado más experimental, ese que llevó a la banda a picos insospechados en discos como Yankee Hotel Foxtrot (2002) y The Whole Love (2011). Sólo que esta vez la experimentación no es expansiva sino introspectiva. El comienzo con “Bright Leaves” marca la pauta: que un baterista tan versátil como Glenn Kotche prescinda de casi todo su instrumento para marcar un ritmo básico habla a las claras de una búsqueda diferente. Una en la que los demás músicos tejen filigranas mínimas mientras Tweedy canta “Nunca cambiás”, un reclamo con tantos destinatarios posibles como la imaginación permita.

La primera parte de Ode to Joy, con “Before Us” y “One and a Half Stars”, siguen con Tweedy en modo íntimo y la batería sin platillos bien al frente, mientras el resto de Wilco lo arrulla. El desafío para el oyente es distinto: la instrumentación espartana exige una escucha profunda que termine de “armar” cada canción. Es como si los músicos dejaran elementos cotidianos -una taza acá, un cepillo de dientes más allá- para otorgarle a su líder la sensación de calidez que no encuentra en el convulsionado mundo exterior (ese que se cuela en partes de “Quiet Amplifier”).

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El costado más cancionero y pop (a la Summerteeth) de Wilco aparece en “Everyone Hides” y la guitarra inventiva de Nels Cline marca el camino (como en Sky Blue Sky) por sobre el ritmo marcial en “We Were Lucky”. Pero no son las únicas marcas del pasado que permean en Ode to Joy, porque la revisión de su vida que Tweedy hizo para su autobiografía se cuela en sus reflexiones. En “One and a Half Stars”, casi como al pasar, queda planteado un dilema: “Me quedé sólo con mi deseo de cambiar”, canta. Y después reconoce que no puede escapar de sus propios dominios.

Pero no dejan de ser buenas noticias, porque las contradicciones han alimentado los mejores discos de Wilco. “Love Is Everywhere (Beware)”, advierte el vocalista con una media sonrisa, en uno de los temas más “normales” del disco. “Hold Me Anyway” también tiene una de esas melodías perfectas típicas del cantante, pero más allá de la guitarra explosiva de Cline, la banda se mantiene en ese segundo plano en el que parece muy a gusto. “¿Estamos todos enamorados porque sí? / No, creo que es poesía y magia / Algo demasiado grande para tener un nombre”, canta Tweedy.

El piano de Mikael Jorgensen y el bajo de John Stirrat (el otro miembro fundador del grupo) se desperezan junto al cantante en “An Empty Corner”, el tema final de Ode to Joy. “Hay sirenas en los pájaros / Y vos y yo estamos demasiado alejados / Y mis ojos necesitan una afeitada / ¿Qué más podría salir mal?”, musita Tweedy, que cierra con una certeza reconfortante: “Tienes una familia ahí afuera”. Para Wilco, aquí y ahora, la alegría pasa por esa clase de sensaciones.

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