Eduardo Ruiz Sosa

RESEÑA | Primera Silva de Sombra, de Eduardo Ruiz Sosa

La obra de Eduardo Ruiz Sosa se compone de crónicas-ensayos con un fuerte componente de lenguaje poético y digresión, divididas en cuatro capítulos.

Ciudad de Méxica, 18 de julio (MaremotoM).- Me parece intuitiva, en una primera lectura, hacer una conexión de Primera Silva de Sombra (Caballo de Troya), por su temática de enfermedad, fragmentación e impasibilidad del tiempo, con la experiencia de la pandemia y su encierro; no es del todo gratuita. Sin embargo, sería injusto reducir la obra a un solo aspecto de rango literario, pues va más allá. Esta reseña fue escrita a mediados de febrero, antes del parteaguas pandémico en México, y creo que es importante preguntarse, como un aspecto a discutir, si su vigencia se ha mantenido o si las condiciones exigen una relectura y revaloración.

La obra de Eduardo Ruiz Sosa se compone de crónicas-ensayos con un fuerte componente de lenguaje poético y digresión, divididas en cuatro capítulos. En el primer capítulo, el autor ensaya sobre su experiencia con la enfermedad en los hospitales de México; sobre sus carencias y el dolor que les imputa a sus pacientes. Los capítulos segundo y tercero son más difíciles de separar, pues Sosa retrata sus reflexiones y algunas historias sobre sus viajes por el desierto, por su estancia en España, las visitas a tumbas y la búsqueda del viaje mismo; lo hace a través los conceptos del distanciamiento, la carta, el pasado, el libro como un viaje en sí. El cuarto se trata más bien de crónicas varias, pues los temas rozan la ceguera, la violencia en México y el lastre del pasado en los objetos. Con ayuda de citas y reflexiones de autores como Juan Pablo Orígenes, Gil Paz, Edmond Jabés, el autor repasa íntimamente aquellas historias que componen esta obra.

Primera silva de sombra
Una reseña de Alejandro Badillo. Foto: Cortesía

Eduardo Ruiz Sosa plantea cada historia a través de una mirada poética, verdadero detonante de sus textos. Sus tesis y metáforas configuran los claroscuros, el brío de la melancolía, la veneración de la historia y la fragmentación del tiempo en sus narraciones: los hospitales de México se convierten en un limbo de los no-muertos, donde el mundo exterior es apenas un recuerdo; el desierto de Sonora y su carretera de asfalto exigen el olvido del viajero, pues nada persiste en el eterno presente de sus dunas, de su impasibilidad.

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Dos crónicas sobresalen en particular: en la primera, Sosa relata su problema con el nervio ciático. Recuerda su pasado con la migraña aguda, el insomnio resultante, el “ruido volcánico de cualquier objeto” y concluye que nada de esto lo pudo haber preparado para el dolor eléctrico del nervio. “El dolor es un esguince antiguo, una rotura de la rodilla, una elongación muscular, dolores que nos vienen de lejos, una lejanía temporal, de otros años y otras pesadillas”. En la segunda crónica sobresaliente, el autor narra cómo el encuentro de unas copas rotas, con nombres y años inscritos en la base del cristal, lo lleva en un viaje por España para devolverlos a sus antiguos dueños. “A veces (la memoria) se esencia, se corporiza en un objeto […] en este caso, cada copa era un objeto memorioso, un tótem donde se cifraba alguna forma de recuerdo aún desconocida”. Algunos personajes se le unen en su camino por la costa, en “aquel automóvil sin techo o cuyo techo era el sol quemante del día o el estrellado mapa de la noche isleña, con sus relámpagos y sus lluvias.

El balance entre la crónica y el ensayo, géneros rebeldes y con vasos comunicantes, está presente en la obra de Eduardo Ruiz Sosa. Una segunda lectura es necesaria para cualquier lector, pues entre tanta reconfiguración de ideas, su desarrollo se puede volver inaccesible. Otro elemento agridulce son algunos supuestos diálogos que el autor trae a contexto; aun cuando se establece inmediatamente la inmanencia poética de su trabajo, provoca escepticismo que alguien pueda soltar frases tan elaboradas como parte de una conversación común, contada en una crónica. Lo anterior es más bien una consecuencia de una propuesta arriesgada, y es esto lo que le confiere a Primera Silva de Sombra un carácter interesante y que acerca a los lectores a una experiencia sumamente personal y perdurable.

Omar De Felipe Solís (Orizaba, 22 de abril de 1997), estudiante de ingeniería en computación y sistemas en UPAEP. Ha publicado ficción en la revista Mula Blanca, en el suplemento cultural El Confabulario de El universal. Cuenta además con reseñas en El Popular de Puebla, el portal Pez Banana y una publicación en Rio Grande Review, journal de arte contemporáneo de la University of Texas at El Paso.

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