César Aira

RESEÑA | Prins, de César Aira o el arte de la digresión

Puebla, México, 17 de noviembre (MaremotoM).- 

“Todos los escritores quieren terminar de escribir lo que escriben, para quedar libres y empezar a escribir bien. Todos se engañan, y yo también. Quedé preso en ese mezquino infinito.” Prins, César Aira.

Un escritor de novelas góticas, cansado de la exigencia editorial encaminada a la literatura de género, decide abandonar su profesión. Afirma muchas veces que la literatura nunca le brindó felicidad genuina, sino que el camino le fue puesto casi por azar; sin embargo, era la labor que absorbía todo su tiempo. Fuera de ella se siente incompleto. Para solucionarlo, busca llenar esa falta con otra actividad: el consumo del opio. Para ello emprende varios viajes al lado de Alicia –una mujer extraña e ignota, que reconoce de su juventud– en búsqueda de un sitio denominado la Antigüedad, encargado a un dealer de nombre El Ujier, donde hallará la respuesta de su nuevo deseo.

Prins (Penguin Random House, 2018), el libro centésimo segundo del escritor argentino César Aira, pone en jaque los cánones de la novela del siglo XXI al mostrar una mirada irónica de cómo estructurar una. Siguiendo la lógica del azar y de la reconstrucción, Aira recoge varias tramas para confluir en una sola, misma que se desarma y vuelve a armar. Con un toque burlesco, Aira crea una novela de viajes que se convierte en una novela gótica sobre un escritor que abandona las novelas góticas. Donde la ficción es más veraz que la realidad que retrata, e incluso más oscura.

Las reflexiones en torno a la literatura y su papel en la existencia humana se mezclan en un ingenioso juego de digresión, donde resulta complicado discernir qué hay detrás de la laberíntica estructura de la novela. El escritor, muchas veces, alude al espacio y el entorno, no sin hacerlo a través de la búsqueda. Es aquí donde Aira retoma la idea del viaje, aunque de manera claustrofóbica. El viaje dentro de un edificio gótico del cual no hay salida ni para el narrador, ni para los personajes y mucho menos para el lector, que sin quererlo, se presta a un juego de calabozos.

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Prins
Prins, de César Aira. Foto: Cortesía

La sensación de ensimismamiento es una constante que no es sutil, sino que acrecienta conforme avanzan las páginas. Esta sensación, paradójicamente, da un giro para que la historia fluya con velocidad. Esa presteza característica de Prins es posible, también, gracias a los diálogos, que abarcan páginas enteras: «-Nos hacemos llamar Antiguos, pero estamos muy actualizados. […] Yo soy El Ujier. […] No me extraña. La gente lo ignora todo sobre las drogas ilegales. Interpolan a partir de lo que saben sobre drogas legales, y se equivocan de medio a medio. No debería ser así porque el secreto que las envuelve es violado tres veces por semana, y hace tanto tiempo que se las usa ya que su aspecto y sus propiedades deberían ser vox pópuli. Pero el malentendido persiste.»

Aunque los personajes muchas veces son desconocidos para nosotros, redescubrimos en cada lectura sus pasiones y volvemos a conectarnos con ellos, sin mucha confianza, por supuesto. Tal y como el escritor, se duda de la misma historia; pero sin dejar de escribirla, llevándola a situaciones descabelladas y frenéticas. En sí misma guarda un misterio que se revela sin piedad, tomando por sorpresa al lector repetidas veces. Como también lo retiene el título mismo de la novela, aspecto fundamental para comprenderla que puede hallarse fuera de sus páginas.

En suma, Prins representa una experiencia total que, sin previo aviso, detona ante el lector y de sus restos se vuelve a formar otra explosión. Una apuesta por la recuperación de los cánones impuestos por el arte antiguo para modificarlos de manera moderna. Una vez que se sale de sus páginas, cabe la pregunta si nuestro tiempo es ocupado con sabiduría. O si lo más sabio que podemos hacer es la digresión de la vida, entregarnos al infinito. Quizá.

Fuente: NeoTraba. Original aquí.

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