RESEÑA | Solenoide, de Mircea Cărtărescu

Sobre Solenoide, de Mircea Cărtărescu, editado por Impedimenta. Primera edición, 2017.

Ciudad de México, 9 de noviembre (MaremotoM).- Bucarest, años 80. Un hombre se mira a sí mismo como un extraño. Parece que escribe sobre el yo, es decir sobre sí y sin embargo, el desprendimiento de él, el extrañamiento que le produce ser él, verse al espejo, reconocerse y extrañarse hace que él sea otro siendo él mismo.

Voy de nuevo. Bucarest, años 80. Un hombre, profesor de rumano en una escuela, quiere ser escritor. Ha escrito, según él, su gran obra maestra, un poema extenso que se llama La caída, pero que cuando lo lee en público se da cuenta, por los comentarios y las reacciones de los otros, que su poema no es lo que imagino, que él como su poema no son entendidos, no caben en este mundo. Este hombre se concentra en la literatura o la literatura se concentra en él: mueve su mano involuntaria para escribir cientos de páginas que no hacen parte de la ficción, aunque lo parecen.

Este hombre escribe un diario porque no le atrae escribir cientos de palabras falsas y sin embargo, “al final de una carrera no puedes sino constatar que no has dicho nada, con tu mente y tu boca, sobre ti, sobre los hechos menudos que han formado tu vida, sino sólo sobre una realidad ajena a ti, cuyas intenciones has seguido porque se te prometió la salvación, una salvación simbólica, bidimensional, que no significa nada”. La salvación: la literatura. Y sin embargo, de nuevo, no hay salvación.

En ese diario la mente divaga, narrando sus recuerdos y sus deseos. Años 50, se recuerda dentro del vientre. Recuerda bailar en el líquido amniótico mientras cuatro ojos se forman, y luego se ven, sonriendo. Recuerda cómo los ojos se miran por varios meses todo el tiempo y luego cómo ven las paredes orgánicas, cómo escuchan el ruido de la ciudad más triste del mundo, y el canto y la música y la voz de desconocidos. Recuerda también que él sale a la vida y días después, su otro yo, los otros dos ojos a los que vio entre el líquido y la luz que se filtra por las paredes de piel, ya no están.

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Mircea Cartarescu presenta Solenoide. Foto: PezBanana

Años 80, compra una casa. La casa que enreda y entrecruza sus recuerdos. Una casa laberíntica como la vida, como la mente. Una casa oscura, un barco sin agua para navegar. Una casa con cuartos entrecruzados, indistinguibles, subterráneos, enigmáticos, infinitos. Habitaciones por las que cada tanto se pasea y que nunca termina de conocer.

Años 60, los recuerdos de la estadía en Voila, el sanatorio para niños enfermos de tuberculosis, años donde aprende de la muerte y la quietud. Años de sufrimiento para alguien que apenas está viviendo el mundo y que quiere entenderlo.

Volver a los años 80, quizá su presente, donde va y viene por los recuerdos de la infancia. Acaso porque eso es lo que hacen los escritores, volver a la infancia para entender. Y en su presente, una maraña cotidiana de acontecimientos repetidos: eje de vida entre la casa-barco y la escuela, yendo por el tranvía 21 mientras ve a la gente pasar, y él se sumerge entre sus lecturas y su diario. Y de vez en vez, se encuentra con mujeres en los cuartos oscuros de su casa. Y en su escuela, los profesores forman un catálogo de personajes extraños o extraordinarios, que lastiman a sus estudiantes, que no les importa la vida del otro, que tienen historias particulares y que se entrelazan con la vida de este hombre por pasajes nebulosos, petrificados entre los sueños y la realidad.

Mircea Cartarescu
Solenoide, un libro inolvidable. Foto: Cortesía

En Solenoide, como en el barco, Cărtărescu, también autor de obras monumentales como Cegador, El ruletista y Nostalgia, quien además se rumora recibirá en algún momento el Nobel, hace navegar la imaginación del lector. Si nuestra mente tuviera la libertad de hacer lo que quiere, a lo mejor todos navegaríamos por recuerdos extraordinarios, como en esta novela. La falsa ilusión de que manejamos nuestra mente da la tranquilidad de controlar el mundo que habitamos y los relatos que nos contamos. Este desenvolvimiento, esta libertad de la mente ha creado una obra monumental, poética, onírica y abismal, que nos recuerda que todo el motor metafísico de la vida, está en la mente y por qué no, en la escritura. Y sin embargo, la escritura como la literatura es fallida y falsa, no hay libertad, sólo encierro.

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