Fernanda Melchor

RESEÑA | Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor

Zacatecas, 30 de junio (MaremotoM).- Mientras escribo esta nota, en muchas ciudades se llevan a cabo marchas del orgullo lésbico, gay, bisexual, transgénero, transexual, travesti…, digamos, para ser más breves, las marchas del orgullo y ya. Nunca he asistido a una, a pesar de que a veces sí me imagino en medio de ellas, con una playera holgada y sin mangas, mis ojos tras unas gafas oscuras, todo yo resistiendo no sé cómo los rayos del sol, sonriéndole al mundo entero, cantando, haciendo pasos de baile ridículos, los únicos que me salen bien, gritando consignas. En el fondo sé que debería hacerlo, sobre todo para atender ese llamado cívico que, debajo de la apariencia carnavalesca, toda marcha del orgullo representa. Pero sucede que por encima de mi sexualidad y de mi consciencia ciudadana están mis ataques de misantropía, los cuales se manifiestan de manera súbita e insoportable cuando me veo rodeado de mucha gente, desde cinco personas y en ocasiones hasta menos. Entiéndase, por lo tanto, que mi aportación a la causa tiene que ser desde otro frente, uno mucho más discreto y solitario; desde la lectura y la escritura, por ejemplo.

Es así como hoy me dispongo a hablarles de Temporada de huracanes, un libro además muy mencionado en días recientes, tras haber obtenido el décimo primer Premio Internacional de Literatura por su traducción al alemán, la cual debió de ser una tarea harto difícil para la traductora de apellido Ammar. Y es que Fernanda Melchor, autora también de otros dos libros bastante celebrados: Falsa liebre y Aquí no es Miami, en Temporada de huracanes pone a hervir un español muy mexicano y, más todavía, muy de cierta región de México: la costa de Veracruz. Esa fama de groseros que tienen los pobladores de Alvarado, según la cual los buenos días van seguiditos de un hijo de la chingada, encuentra en Temporada de huracanes un cariz menos jocoso y en absoluto ornamental, nada que tenga el objetivo fofo de agradar a los turistas. Todos los pinches, culeros, vergas, putas, etcétera, que el lector encontrará entre sus páginas son, sin lugar a dudas, necesarios, pues el mundo en el cual se generan y al cual se refieren no merece mejores palabras ni admite eufemismos. Desde luego, ese mundo es el nuestro.

El escenario de Temporada de huracanes es un grupito de rancherías que, según entiendo, sí existen en este lado del universo que nos es común a todos y no sólo en la imaginación de Fernanda Melchor. El tiempo es, uno lo sabe enseguida, el actual, específicamente los días en que las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, el secuestro, la extorsión, los sobornos y la trata de blancas, empezaron a volverse la norma en todo el país. Los personajes, en cambio, tal como lo advierte uno de los epígrafes, no tienen un referente directo en la realidad; pero cualquiera podría decir sin riesgo alguno de equivocarse que Norma, Luismi, Yesenia, Brando, Munra, Chabela, incluso las Brujas, son todos ellos avatares literarios de incontables mexicanos, habitantes de un mundo condenado a la marginación geográfica y sobre todo la cultural, un mundo marcado por la pobreza y la violencia que, ahora como nunca antes, son los colores que tiñen las estampas del México rural.

Te puede interesar:  Silverstone 2022: Cinco claves para el Grand Prix más apasionante de la temporada (y un aviso que no puede desatenderse)
Temporada de huracanes
Temporada de huracanes. Foto: LRH

Ahora bien, un ingrediente importantísimo del argumento –que no les voy a arruinar, se los aseguro– es la representación de la homofobia. El relato de Fernanda Melchor avanza como si de un tren sin freno se tratara; al lector se le puede revolver el estómago por la velocidad, los giros y los cambios constantes de vías, pero, más aún, por las brutalidades relatadas. Me refiero de manera específica a los actos sexuales que, contados sin pelos en la lengua, acercan a Temporada de huracanes a lo pornográfico. Y en medio de ese universo de fluidos, olores y texturas, en medio de ese mundo de animales siendo animales, de pronto cobran una importancia enorme los encuentros sexuales entre varones. Como era de esperarse, éstos aparecen moldeados por la intolerancia machista, no sólo de quienes desde la distancia los califican sino también, incluso, por la de quienes los protagonizan: la gran paradoja o, mejor dicho, la hipocresía mayúscula del México actual que, como muchos otros países, todavía no halla cómo conciliar su cultura de rechazo con la naturaleza, la cual le demanda menos artificios y más sentido común.

En algún momento experimenté un leve recelo hacia Temporada de huracanes. Me sentía herido por ese retrato cruel, donde a los homosexuales se les apedrea con palabras más chiquitas pero también más duras. Y con piedras de a de veras. Pero es que a menudo se me olvida que no a todos les tocó la suerte de tener unos padres como los míos, que en lugar de correrme de la casa o de llevarme con un mal psicólogo, en lugar de enfadarse el día que les dije soy esto, soy lo otro, me preguntaron compungidos y por qué no nos lo habías dicho antes. A menudo se me olvida que estudié una carrera de humanidades, donde la norma es huirle a la aburrida norma, donde la gran mayoría son reencarnaciones de Voltaire, pues los buenos humanistas, incluyendo a los misántropos como yo, todo el tiempo están dispuestos a defender el derecho de los demás a ser diferentes, por lo regular tan sólo para asegurarse de que siempre habrá un contrincante con quien debatir.

Fue necesario leer Temporada de huracanes para darme cuenta de que el mundo en el cual está mi mundo es mucho más ancho y que todavía se encuentra muy lejos de ser el que nos merecemos, cada vez más lejos.

One Comment

  1. Tu reseña me deja confundido con respecto a leer el libro de la escritora, te la pasaste más tiempo haciendo referencia a tus preferencias sexuales, que si vas o no a la marcha, que tienes papás conscientes y a la homofobia que se toca en el libro, espero mejores en posteriores artículos y argumentes mejor acerca del libro que leíste para ayudar a otros lectores como yo.