Ethel Krauze

RESEÑA | Un nombre con olor a almizcle y a gardenias, de Ethel Krauze

Por Lilly Blake

Ciudad de México, 15 de mayo (MaremotoM).- Pocas veces puede uno decir gracias en forma grande y de manera pública, así es que voy a tomar esta oportunidad: Gracias, Ethel, gracias.

Cuando yo leí el libro de Ethel Krauze: ¨Cómo acercarse a la Poesía¨ tenía ya mi primer poemario publicado y antes de leer su libro pensé: -Qué título tan ambicioso, acercarse a la poesía, es un gran reto, incluso para quienes ya estamos por el rumbo, sin embargo, a través del extraordinario tejido del libro, me sentí más cercana a la poesía de lo que había estado jamás, Ethel a través de sus palabras confirmó el camino de mi vida, rumbo fijo que ya había tomado, pero ella con su escritura lo supo llenar de deleite y certezas.

Léanlo, será un acercamiento asombroso.

Antes de entrar en materia, les pido que apaguen sus celulares y que no volteen a verlos, ni tampoco a sus vecinos, no comenten nada, este texto es truculento, bastante y si se distraen mínimamente, ya valió, porque es casi un acertijo. Les prometo que si me siguen, no será largo y me ayudarán a agradecer a Ethel una vida dedicada a la escritura de más de cuarenta libros. Precisamos de toda su atención por los próximos diez minutos. No se arrepentirán.

Y ahora entremos de lleno en el poemario que presentamos esta noche, se llama: Un nombre con olor a almizcle y gardenia 

Quiero que noten que se trata de la palabra nombre como en nombrar y no hombre como escuché la primera vez que oí el título del libro, esta pequeña aclaración nos ahorrará malentendidos. La distinción es muy importante, porque este nombre es el leitmotiv del libro, su razón principal de ser y encontrarlo es la odisea que Ethel propone y en la cual estamos a punto de embarcarnos, no es un asunto menor el llegar a descubrir un nombre que se ha buscado toda la vida. A diferencia de otros libros donde cada poema trata un tema diferente, en éste lo primero que hay que notar es que el poemario entero gira alrededor de esa búsqueda y la revelación de ese nombre. Cito el inicio del libro: 

Te pedimos pan 

Y sombras veraniegas

De vez en cuando

Para que vinieras

Nunca tu nombre

El hechizo bastaba

Pero algo cambió con el tiempo, el hechizo ya no basta, ahora resulta necesario saber ese nombre.

Cito:

No nos dejes así

Nómbrate piel del aire

O nómbrate milagro

El poemario entero va dirigido a este personaje misterioso cuyo nombre no sabemos, la autora tampoco lo sabe y se lo pregunta a éste, una y otra vez porque parece ser imprescindible que se dé un nombre a sí mismo y que nos lo diga. Pero ¿Por qué la obsesión? ¿Por qué es tan importante? bien es cierto que no lo podemos nombrar con precisión, pero ¿Quién es? Para eso debe haber respuestas, sería necesario elucubrar. Pensémoslo tan solo un poco, con el único fin de no dejar cabos sueltos. ¿Saben qué? Cuando lo lean podrán sacar sus propias conclusiones, mientras tanto y de acuerdo a mi personal interpretación les adelanto que se encuentran destellos en el poema de una tradición bíblica, posiblemente también cabalística, es fácil concluir de quién se trata, es Dios, pero ¿Cómo nombrarlo? Si ése es precisamente el problema, el que no nos ha revelado su propio nombre.

Van ejemplos de referencias bíblicas:

Cito:

Por eso nómbrate y te escucharemos.

Sin miedo de volvernos sal,

Sin miedo de partir el mar en dos,

Sin miedo de buscar a tientas

En el umbral de lo imposible

Una tierra que jamás veremos.

Ethel, escondida tras la voz poética, busca desesperadamente ese nombre pero no es estrictamente para ella misma, el nombre primero es indispensable para varios, tal vez para un solo pueblo, pero la búsqueda crece y luego se vuelve necesario para todos, sí es para todos, por lo que habla en primera persona del plural, de un nosotros, los que necesitamos saber ese nombre, nos dota de una voz colectiva aunque no estemos necesariamente enterados de esa gran búsqueda, eso inmediatamente nos incluye, el nombre no es sólo vital para Ethel, ella sabe lo que significa poseerlo y aboga para que nos sea concedido, no sólo a ella, sino a todos.

Cito:

Porque hemos recogido conchas

Y descifrado señales de humo

Y edificado un puente sobre el río

Y enterrado en jeroglíficos

         nuestro destino,

nos hemos ganado ese derecho.

Para que nos dé este importante nombre, Ethel no duda, en hacer a este personaje misterioso, grandes y dignas promesas, de lo que haremos con el nombre una vez que lo tengamos:

Cito:

Lo bajaremos al fondo de las grutas submarinas

Lo sembraremos en los ojos enfermos

Y en las manecillas de los relojes desesperados,

Lo depositaremos con cuidado en las gavetas de las oficinas, envuelto en una cajita de regalo con su moño carmesí.

No tendrá fin tu nombre en nuestras manos.

Pero esas promesas descomunales que se hacen en representación de todos, no son en vano. Para que se den una idea de la importancia de saber el nombre, vean lo que sucede si uno lo supiera, vean:

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Cito:

Recogeríamos nuestras sombras del suelo…

…Si te nombraras

Arrojaríamos al fuego

El momento de nuestro último deseo.

Esta voz poética, que en este caso, extrañamente no es primera persona del singular, ya que nos ha incluido en la ecuación con un gran nosotros, por lo tanto, nos obliga y nos hace estar inmersos a la hora de cumplir las promesas y también firmamos las amenazas. Ethel hecha mano de todos los trucos y no duda en amenazar.

Cito:

Si no te nombras,

un día

perderemos el arco

perderemos la flecha

la sal que nos incendia.

Si no te nombras ahora,

volveremos.

Este intimidante volveremos, está muy bien escogido y dicho sea de paso ¿Qué puede ser más aterrador para un tercero, por impresionante que sea ese tercero, que el hecho de que nosotros volvamos?

Si leen este libro, además de leer uno de los poemarios más bellos, podrán asistir al ruego, podrán ser testigos de la insistencia y partícipes del descubrimiento, si lo hubiera. Lo hay, necesariamente lo hay, porque nos transformamos, pasamos de no estar enterados de que tenemos que buscar que alguien se autonombre, a un estado diferente en el que de pronto sentimos la urgencia e importancia de la búsqueda. Nos vemos inmiscuidos en el asunto, estamos ya dentro del laberinto.

Cuando lo leen, podrán comprender de donde viene, o no, podrán rastrear la fuente de la avalancha de palabras que no termina, pero que empieza con un solo nombre, uno solo, el suyo, el desconocido.

Editado por Torremozas, de Madrid
Editado por Torremozas, de Madrid

Pero llega un momento donde dejamos de pensar en la pregunta para imaginar la respuesta. Belicosos, como nos hizo Ethel en su poema, decimos:

Cito:

No podemos rendirnos

No lo haremos

       Un instante siquiera

Aquí te esperaremos

Y en otro fragmento dice:

Te esperaremos sin saber que te esperamos

Te llamamos desde un silencio desconocido para nosotros

¿Acaso te hemos convencido?                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       Sabiendo la insistencia de la petición: Nómbrate, nómbrate,

Comprenderíamos, tal vez, una posible respuesta, urdida en nuestra imaginación, dada como necesaria: Vean el escenario: un ruego tan poderoso, lleno de promesas y no desprovisto de amenazas y una respuesta que llega de alguien tal vez convencido, quizá también un poco lleno de sorpresa con ese amenazante: ¨volveremos¨.

Pero ¿Y si todos juntos llegáramos al pie de la montaña?

Si las cosas supieran y pudieran nombrar

Si lo hicieran

¿Qué tal si Ethel lo convenció?

¿Qué tal si faltaba un solo poemario? Un ruego colectivo, un nosotros.

¿Qué sucedería si cediera?

Y con su paradójica manera de ser, con su omnipresente ausencia, con su aparente contradictoria personalidad, ¿Cómo contestaría?

Y ahora sí, imaginemos de verdad, la respuesta:

Tibia, sin oropeles, sin la grandiosidad que cierto personaje acostumbra establecer en el amanecer, una respuesta diferente a la pregunta, no candente, ni siquiera cierta, sino imaginada por nosotros, la respuesta, tan insuficiente para una pregunta tan mayor, viene vestida de mezclilla y con la socarronería a veces bien practicada, envía un regalo, aquí viene, tal cual se especifica en la petición: con moño carmesí. Aquí es donde les recuerdo que todo esto es imaginación.

Permitan que lo abra, es para Ethel, pero colaboro porque lo debe recibir en tiempo y forma, como diría ella: ya sin la desesperación de los relojes, trae, por si fuera necesario, dos pequeños frascos, uno de olor a gardenias y otro a almizcle y esperen trae además, un papelito, lo voy a leer, dice:

Está bien,

tú ganas,

me nombraré.

Entre otros muchos nombres, también me llamo Ethel.

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