Rompan todo

Rompan todo: Todos somos un circo que bailamos al compás de Netflix

No se trata de los invitados (“nuestros” artistas), ni siquiera por la buena intención de hacer un recorrido por la cultura joven del continente, sino precisamente por tratar de hacerlo todo desde una oficina de Nueva York o Los Angeles.

Ciudad de México, 17 de diciembre (MaremotoM).- Rompan todo, de Netflix y fue, rompieron todo. Hacer un comentario sobre el reciente documental sobre el rock latinoamericano implica tener un montón de preconceptos dispuestos a realizarse en la pantalla.

No se trata de los invitados (“nuestros” artistas), ni siquiera por la buena intención de hacer un recorrido por la cultura joven del continente, sino precisamente por tratar de hacerlo todo desde una oficina de Nueva York o Los Angeles.

Cada vez que se mira a Latinoamérica así se hace y Netflix terminó siendo eso: una empresa gringa que tal vez con un mayor progresismo (¿el ala de izquierdas del Partido Demócrata?) mira a través de su ventana a este continente en plena ebullición siempre, muy difícil de entender y de hacer resoluciones fáciles y rápidas, incorporando eso sí el margen a lo central, lo joven a lo viejo, lo famoso a lo desconocido y teniendo figuras paradigmáticas (como Gustavo Santaloalla, por ejemplo, como León Gieco) en el elenco.

De hecho, el documental está producido por el ex Arco Iris, quien hace unas apreciaciones políticas que al parecer son como refractarias al poder, pero no dejan de ser “a lo Netflix”.

Rompan todo
Qué lindo ver a Jorge González. Foto: Cortesía Netflix

Yo era muy joven cuando salió Arco Iris, pero la banda tenía esa cosa de yoga, de amor a los animales, de no fumar, de no drogarse, que mucho se lleva hoy, pero no entonces.

Lo cierto es que esto no es un trabajo sobre la ex banda de Gustavo, pero hay que decir que en Argentina, los verdaderos líderes del rock argentino, no estaban en Arco Iris.

Claro, tampoco Rompan todo es una mirada sobre el rock argentino, pero como dice Luis Jasso: “Me gustaron como 15 minutos y el resto de lo que he visto es Argentina Argentina Argentina Argentina Argentina México Argentina Argentina Argentina Argentina Chile México Argentina Argentina Argentina… Y lo de México no podría ser más lugar común. Meh.”

Hay minutos que uno disfruta, pero Rompan todo es como el pan dulce Bimbo. Lo disfrutas al principio, cuando el azúcar se te mete entre los dientes y alcanzas el Nirvana. Cuando se pasó el efecto, comienzan las culpas y los dolores de estómago y de cabeza: ¿Por qué tengo que comer esto?

Hace poco, en esta pandemia uno se da esos gustos, vi toda la historia de Luca Prodan y de Sumo. Sólo eso, ocuparía casi todo el documental. Igual, Patricio Rey y Los Redondos de Ricota: poner todo eso en una cápsula, molerlo en una licuadora y luego hacer una miniserie, es por lejos miserable.

No es la primera vez que Netflix se mete con temas latinoamericanos. De hecho, se mete siempre con temas latinoamericanos, convirtiéndose en una especie de voz de la conciencia del continente.

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Cuando hizo la miniserie Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía, buscaba precisamente eso: un programa en donde el poder y el juez corrupto se pusieran mano a mano para que tú, espectador, “saques tus propias conclusiones”.

Contó el periodista Pablo Duggan, autor del libro ¿Quién mató a Nisman?, que obviamente conoce a Justin Webster, el director del documental y que le dijo que claro que sabía que se había suicidado, pero no tenía que decir la verdad o su conclusión, sino “hacer las cosas a lo Netflix”.

En Rompan todo hay muchos músicos, todos súper queridos, a todos es lindo escucharlos y claro que dicen cosas que son ciertas, pero no es eso, lo que tiene el documental es precisamente ser, tratar de ver el rock como mira la guerrilla, de estudiar la música como estudia la corrupción o el narcotráfico, de ver a Charly García como al Chapo, de tratar de escuchar a Fito Páez como a Diego Maradona: todos somos un circo que bailamos al compás de Netflix.

Sería genial ver el rock, el lava jato (el inefable juez Sergio Moro), el crimen irresuelto de Marta García Belsunce con los ojos de esta gran productora, que por otro lado le está dando trabajo a muchos escritores en el continente y escucharemos muchos elogios de su parte, pero la historia es otra, tan otra que nosotros tenemos que descubrirla.

¿Están los gustos? Bueno, eso siempre pasa en los documentales: ver a Aterciopelados dando cátedra sobre rock y luego Luis Alberto Spinetta, hay como una gran diferencia; a Beto Cuevas dando materia sobre la música que más te gusta, te hace preguntar: ¿por qué estoy viendo esto?

Como siempre, hay también sensaciones encontradas: “Hay tantos amigos y gente que admiro allí, es de alguna manera la historia de nuestras vidas (yo quería que lo fuera, al menos). Imposible no engancharse y conmoverse con ciertos pasajes. Pero hay ausencias que me resultan imperdonables y sugerencias políticas graves. Spinetta y García casi marginales, igual que Caifanes (donde, injustamente no mencionan a Marcovich) o el Fito músico (lo usan mucho como cronista, pero para esta gente Ciudad de pobres corazones, por ejemplo, no existió). La obra importante de Caifanes es “La negra Tomasa”. Está muy hecho desde las disqueras, me parece, desde lo que vendió. ¿Y Brasil? ¿No es parte de Latinoamérica? ¿Cuba tampoco? Y ya tener que soportar la teoría de los dos demonios cuando quieren contar la historia política argentina me resultó una inmundicia. Gracias, León Gieco, por lo menos está su voz inteligente en ese tramo poniendo un poco de orden. Adorable Rubén el Tacuvo, también inteligente Humberto. En fin, había que verlo. Ayuda a reencontrarse con Los tres, por ejemplo. O disfrutar a Los Shakers”, dijo el escritor y músico Federico Bonasso.

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