Saint Etienne

Saint Etienne: No se puede reinventar el pasado en ningún sentido

Siempre hay mucho por descubrir: para mí es como una gran aventura que continúa. No puedo imaginarme estar cansado de la música. Es inabarcable, además, porque siempre hay un ángulo nuevo para abordarla.

Ciudad de México, 9 de febrero (MaremotoM).- Cuando llegó el cambio de siglo, Saint Etienne ya era un nombre con cierto peso en la escena británica. El trío compuesto por Sarah Cracknell, Bob Stanley y Pete Wiggs había logrado algunos hits (“Nothing Can Stop Us Now”, “Only Love Can Break Your Heart”, “Heart Fail”) y se reconocía su apego por la melodías pop sobre un entorno electrónico, especialmente dentro de la escena indie dance. Un par de décadas más tarde, en plena pandemia, la banda decidió revisar ese período de la música y la sociedad británica con un disco titulado I’ve Been Trying to Tell You. Aunque quizás el verbo “revisar” no sea exactamente el que describa a este trabajo atmosférico, que lleva casi a un estado de ensoñación durante la escucha.

Según escribió Stanley en la web de Saint Etienne, el disco tiene que ver con “el optimismo, los 90 y cómo la memoria es un narrador poco confiable”. Y a través del zoom, desgrana cada aspecto. “No sé cómo será en la Argentina, pero en Gran Bretaña nadie es muy optimista en los últimos años. Es muy raro encontrar a alguien que diga ‘Espero con ansias el futuro’. Es muy deprimente… Cuando se piensa en el futuro, no es con entusiasmo sino pensando en que todo va a colapsar. Creo que por eso hay tanta nostalgia por los 90 en este momento: fue un momento relativamente progresista en Estados Unidos e Inglaterra. Teníamos -al menos en teoría- gobiernos de centroizquierda, se construían escuelas y hospitales…”

“Hay mucha gente haciendo música con referencia a ese período que entonces estaba en el jardín de infantes o ni siquiera había nacido -continúa el tecladista y guitarrista de Saint Etienne. “Gente como Charli XCX, por ejemplo, que debe haber sido una niña en esa época. Pero habiéndolo vivido como adultos, pensamos que sería interesante repasar ese período y ver si podíamos reimaginarlo, pero con veintipico de años de recuerdos encima que hacen que nuestros recuerdos no sean confiables. Así que las canciones son básicamente samples de música de ese período, pero obviamente transformada”.

I’ve Been Trying to Tell You no es un disco que suene nostálgico; más bien es reflexivo

–Totalmente, siempre hemos sido anti nostálgicos. Si fuéramos nostálgicos, habríamos hecho algo que sonara como Screamadelica (se ríe). Tratamos de evocar esos recuerdos y las toneladas de cosas que sucedieron desde entonces, que hicieron que la memoria se distorsionara. Nunca tratamos de que fuera nostálgico ni melancólico.

–De todos modos, también hay una diferencia entre hacer un álbum sobre el optimismo que hacer un disco optimista.

–Sí, definitivamente. El período del que tomamos los samples es desde que el laborismo asumió el gobierno británico en 1997 y el 11 de septiembre de 2001, una pequeña ventana en la que la gente en general tenía más esperanzas. La música de ese período es muy interesante. Ese cambio de siglo, al menos en Gran Bretaña, produjo una música que no tenía demasiado filo: era más suave, más tranquila, había muchos artistas bubblegum… Gente como Natalie Imbruglia, muy común y corriente. Lindos discos, pero sin filo, porque parecía que no había nadie contra quien pelear. Hasta la guerra con Irak, cuando obviamente todo eso volvió… Fue una pequeña ventana. Y esas eran las canciones que queríamos samplear: música muy mainstream y muy relajante, supongo. Queríamos jugar con eso y ver qué pasaba.

–¿Cómo conecta eso con el título I’ve Been Trying to Tell You (He tratado de decírtelo)? Suena a una frase que te diría tu madre o tu abuela cuando cometés un error…

–Es verdad (se ríe). Quizá tenga que ver con que ahora somos más grandes y recordamos cómo fue, y no era tan maravilloso como la gente más joven puede pensar. Pero bueno, en nuestra adolescencia, en los 80, estábamos todos fascinados con los 60. La música, la arquitectura, un montón de cosas de los 60 nos parecían mucho mejores que las de los 80. Pero, por supuesto, los que vivieron los 60 recuerdan cosas como las luchas por los derechos civiles, Vietnam, el racismo… No les resulta un período tan excitante como nos parecía a nosotros, que no habíamos estado ahí, o éramos chiquitos y veíamos a los Monkees por televisión. En el título del disco, la palabra clave es “tratando”, porque no estamos apuntando con el dedo y regañando sino tratando de evocar algo. No se puede reinventar el pasado en ningún sentido.

–Además de que los tracks no son “canciones” en el sentido tradicional, el disco también tiene la particularidad de que fue hecho sin que ustedes coincidieran en un estudio. ¿Cómo fue el proceso? ¿Empezaban con un sample, ideas melódicas, títulos de canciones?

–Empezábamos con los samples, esa es la base de todos los tracks. Teníamos una larga playlist de Spotify con álbumes de ese período, incluso algunos que no había escuchado en su momento, como los de Samantha Mumba y P. Diddy. Ahí encontrábamos pedacitos que queríamos usar y convertirlos en una nueva canción. Peter hizo eso en su estudio para estructurar la cosa; yo trabajé con Gus Bousfield y él también hizo bastante en su estudio, porque no podíamos juntarnos. Una vez que eso estuvo listo, Sarah puso las voces. Pero no queríamos convertirlas en canciones, queríamos seguir en el espíritu de lo que estábamos haciendo, entonces grabó un montón de partes vocales que Peter y Gus cortaron y pusieron donde quisieron en cada track. Parece complicado, pero fue muy directo. Quizá no deberíamos volver a estar juntos en el estudio nunca más (carcajadas).

–Es raro poder hacer un disco tan distinto de un modo tan directo.

–Es que era algo que teníamos ganas de hacer, incluso habíamos armado algunos borradores para divertirnos. Pete especialmente quería trabajar con cosas así y tenía un nuevo software que quería probar. Él estaba feliz de hacerlo… Digamos que ya habíamos tenido un poco de práctica.

–También dijeron que habían sido influidos por el vaporwave y los videos de vaporwave, que son más cercanos en el tiempo y muy underground.

A mí me resultó algo muy interesante. Mi amigo Andy Holden, que es artista, fue quien me hizo conocer el vaporwave hace seis o siete años, quizás un poco más. Me dijo que había descubierto esto online, que era realmente hipnótico y extrañamente muy emotivo, así que esa fue la inspiración para el disco. La mayor diferencia es que el vaporwave generalmente se basa en samples de los 80, con imaginería japonesa y estadounidense. Lo que pensamos fue qué samplearíamos si hiciéramos una versión británica y qué imaginería usaríamos, por eso hicimos un film que acompaña al disco. No suena como vaporwave porque es un poco más estructurada, pero definitivamente fue una influencia.

Te puede interesar:  No hacemos mejoralitos, dice la editora de Pax, Danu Hernández

–O sea, el encuentro entre el vaporwave con St. Etienne…

–Algo así, porque fue una influencia sin dudas. Hicimos un par de intentos de vaporwave hecho y derecho en algunos EPs que regalamos en las fiestas de navidad. No podíamos venderlos porque eran samples que no habíamos declarado… Pero en ese caso era “hagamos una grabación vaporwave”; esto es como un paso más allá. Me sorprende cuán poca gente conoce el vaporwave y lo toma en serio, porque para algunos es como una especie de chiste. Pero bueno, históricamente, cuando empezó el hip hop mucha gente pensaba que era un chiste. O Jesus and Mary Chain, o los Sex Pistols… Había gente que pensaba que era una tontería. Así que cuando la gente dice algo por el estilo, siempre pienso que debe estar sucediendo algo realmente interesante (se ríe). Me llama la atención lo poco que se conoce el vaporwave, parece ser algo más para el mundo del arte que de la música, lo cual es muy extraño. Literalmente, sos la primera persona que me pregunta sobre este tema.

–¿Lo de hacer la película vino por la misma influencia? Con Saint Etienne ya habían hecho varias e incluso las presentaste en el Bafici en 2015.

–Sí, con este álbum definitivamente sentíamos que podíamos hacer algo así. Hacía rato que no lo hacíamos… Alasdair McLellan, el director, es muy fan nuestro, lo cual es una suerte para nosotros. Él siempre está haciendo sesiones para Vogue o cosas así (N. de R.: es un fotógrafo célebre y también se ocupó de las imágenes del disco), pero el año pasado estaba menos ocupado, obviamente, entonces nos ofreció hacer la película.

–¿Hablaron con él sobre lo que querían reflejar en la música?

–Muy poco, la verdad. Nos juntamos una vez. Aunque vive en Londres, él es de Yorkshire, donde estoy viviendo. Hablamos mucho sobre moverse entre las dos ciudades, que es algo que ambos hacemos, y decíamos que podía ser una suerte de diario de viaje, cosa que en alguna medida es, pero también hablamos sobre la memoria… Confiamos en él porque sabemos cómo trabaja y tenemos una estética muy similar. Especialmente ahora que vivo acá, me gustan mucho esos cruces extraños urbanos que te muestra el tren, con edificios industriales locos en medio de la campiña. Hay muchas ciudades pequeñas en el sur de Inglaterra que son así, muy industriales, no es una campiña romántica para nada. Y hay mucho de eso en la película: por ahí ves un hermoso campo verde con una usina eléctrica atrás… Como nuestra estética es similar a la de Alasdair, no quisimos empujarlo en una dirección. Además, él es mucho más famoso que nosotros (risas), así que hubiera hecho lo que quería de todos modos. Sabíamos que iba a hacer un buen trabajo, así que sólo le dimos algunas ideas en crudo. Ocasionalmente nos preguntó si nos parecía bien que hiciera alguna cosa específica, pero siempre estuvimos de acuerdo. Fue muy sencillo…

–Antes de la pandemia habían trabajado en otro disco muy distinto. ¿Van a retomarlo en el futuro o quieren explorar otras ideas?

–Estuvimos pensando en retomarlo, pero ahora nos interesa más trabajar en material nuevo, así que no sé qué pasará con eso. Quizá sólo lo dejemos de lado y volvamos a eso más tarde. Estaba hecho en un 90, 95 por ciento, sólo faltaba la mezcla. Podríamos volver a eso, pero por el momento nos resulta un poco extraño.

–Ya llevan 30 años trabajando juntos. ¿Se imaginan como parte de Saint Etienne durante más décadas?

–Estaríamos muy felices sólo con estar vivos durante más décadas (carcajadas). Nunca se sabe… Hemos tenido suerte con nuestra salud y demás -cruzo los dedos-, somos muy buenos amigos y todavía hay un puñado de ideas que queremos trabajar, aunque nunca se sabe qué hay a la vuelta de la esquina y nadie quiere tentar al destino. Digamos que nos encantaría hacerlo; si tuviéramos la oportunidad, no veo por qué no seguiríamos haciendo discos.

–¿Puedes contar sobre alguna de esas ideas que quieren trabajar?

–Siempre hay cosas nuevas… Nos gustaría trabajar con orquestaciones, Pete tiene capacidad para eso. Y hay productores con los que nos gustaría hacer cosas. David Bowie dijo que tenías cinco años para hacer lo tuyo, pero eso ya no va, ahora la gente sigue y sigue. Pero es cierto que cuando empezás tenés una dirección muy clara hacia donde vas y después ya ves otras cosas… Quizá sigamos como un trío de jazz (risas). No sé, quizá Sarah tenga ganas de hacer eso.

Saint Etienne
Hace 30 años que están juntos. Foto: Cortesía

–Tu libro Yeah! Yeah! Yeah! La historia del pop moderno es muy reconocido por los fans de la música. ¿Trabajaste en algún otro durante la pandemia?

–Sí, sí. Tengo fechas de entrega, así que más vale que escriba (risas). Mi mujer también es escritora y artista, así que se puso un poco claustrofóbico todo. Tessa (Norton) y yo sacamos un libro sobre The Fall en abril, pero es una colección de ensayos que editamos nosotros, sólo escribimos uno. Estoy trabajando en otro que se va a llamar Let’s Do It y será sobre los primeros tiempos del pop, los primeros discos de 78 rpm, pasando por el ragtime y el jazz, el swing, el bebop, hasta el comienzo del rock and roll, y luego un poco de crossover. No estoy muy seguro de que alguien vaya a leerlo, pero va a salir en abril (se ríe). Es como una precuela de Yeah! Yeah! Yeah!.

–Cuando no estás haciendo música, escribís sobre ella. ¿Qué significa la música para ti?

–(Piensa) Bueno, un montón (se ríe). Casi todo. Creo que si tengo que mudarme, lo más complicado va a ser mi colección de discos. Tengo un hijo de 5 años y trato de hacerle escuchar discos todas las mañanas… Siempre hay cosas nuevas para descubrir, viejas o nuevas, así que nunca termina. Incluso si se trata de un período en el que no hay nada nuevo que te entusiasme, siempre habrá algo de las últimas décadas que no conocías. O más allá de eso, podés meterte con el jazz o la música clásica… Siempre hay mucho por descubrir: para mí es como una gran aventura que continúa. No puedo imaginarme estar cansado de la música. Es inabarcable, además, porque siempre hay un ángulo nuevo para abordarla. Sólo sobre los Beatles podría tener conversaciones interminables sin aburrirme.

–Es imposible conocer toda la música, pero es una tarea fantástica proponérselo, ¿no?

-Absolutamente. Por ejemplo, a mí me gustaría conocer más sobre la música sudamericana. Fui a la Argentina hace seis o siete años, mostramos nuestras películas en Buenos Aires y anduve dando vueltas por disquerías con alguna gente muy copada que me llevó. Pero la mayoría de lo que veía era brasileño, no argentino. Igual es algo que me interesa mucho porque no conozco casi nada, espero tener tiempo para hacerlo.

Fuente: Silencio / Original aquí.

Comments are closed.