Jorge Luján

Salar el río con una cucharita es algo imposible, pero que al mismo tiempo nos plantea una sonrisa y cierta ilusión: Jorge Luján

Hay que relatar un nuevo lenguaje y “esa tentación de crear una nueva manera de nombrar la realidad, aparece en los libros que llenan mi corazón. Ahora como escritor adulto, siempre estoy con la idea de que el modo en que se transmitan las cosas es fundamental para que la experiencia de la lectura valga la pena”, dice.

Ciudad de México, 8 de agosto (MaremotoM).- Lápidas con inscripciones enigmáticas, un niño abrazado al repicar de una campana, un frasquito azul de poderes inauditos, un pueblo entero bajando a la carrera hacia el puente de los pirados y una misteriosa joven que tira las cartas y convierte en dioses a hombrecitos de mala muerte constituyen el marco de las andanzas de Turi, Enrique, Nico y Ana Mar que nos dejarán huellas entrañables en el alma. El libro Salando el río con una cucharita (Loqueleo), de Jorge Luján, con ilustraciones de Pablo Auladell, nos lleva a un universo poético que muchos podríamos decir que no tiene adultos ni infantes, que transcurre paralelo a nuestras vidas cotidianas echando magia sobre la existencia.

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El libro tiene un ambiente misterioso, inasible e impronunciable.

“Esa búsqueda tiene que ver con que la niñez está muy cercana al terreno poético y a lo fantástico. Fue una exploración en el alma infantil que está como a merced de lo que hemos diseñado como adultos. Está sobreviviendo por una pasión a la vida, pero también a la amistad, al amor y comienzan a vivirse como reinventado el idioma que se habla y la relación con la realidad”, afirma el autor Saltando el río con una cucharita, Jorge Luján.

Hay que relatar un nuevo lenguaje y “esa tentación de crear una nueva manera de nombrar la realidad, aparece en los libros que llenan mi corazón. Ahora como escritor adulto, siempre estoy con la idea de que el modo en que se transmitan las cosas es fundamental para que la experiencia de la lectura valga la pena”, dice.

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Jorge Luján
Editado por Santillana, para Lo que leo. Foto: Cortesía

Los dibujos de Pablo Auladell son esfumados, misteriosos. “La sensación del dibujante para este libro es exquisita. Ese misterio que encuentras en las historias y en el lenguaje, él lo traduce en imágenes que son entrañables”, expresa.

“Pablo se tardó bastante tiempo y me pidió mucho material fotográfico. Se tomó un tiempo interior para compenetrarse con los personajes y con un continente que está naciendo todavía, es joven, hay una infancia de este grupo de niños insertados en un grupo de personajes cuando Latinoamérica comienza a tener un perfil más definido, más profundo. Hay un paralelismo entre los protagonistas y el ambiente que los rodea”, afirma.

Jorge Luján
Salando el río con una cucharita le permite a Luján vislumbrar indicios de imaginación y sensibilidad mucho más importantes que los que muestran los adultos. Foto: Cortesía

Salando el río con una cucharita le permite a Luján vislumbrar indicios de imaginación y sensibilidad mucho más importantes que los que muestran los adultos. “Una vez un chico me dijo que había entendido la poesía, que para él era una mentira verdadera. Esa manera de abarcar los opuestos está siempre a mano para los niños”, dice este poeta músico y arquitecto, autor de 50 libros y 7 discos.

“Salar el río con una cucharita es algo imposible, pero que al mismo tiempo nos plantea una sonrisa y cierta ilusión. Los sentidos y las sensaciones en el libro están muy presentes. Hay un qr que nos lleva a un video hecho por Alonso Benton. También está el sentido del gusto. Uno de los personajes más importante que es Thiago, que es poeta y por eso lo encierran durante muchos años en un hospicio, se salva por la leche de la burra”, afirma.

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