La especie desbocada

Salir de la carretera y descubrir esos caminos de tierra: La especie desbocada

Es por ello por lo que les animamos a salir de vez en cuando de la carretera y recorrer algunos de esos caminos de tierra. Quién sabe adónde los pueden llevar.

Ciudad de México, 18 de febrero (MaremotoM).- Poca gente se acuerda hoy del Simon. Fue el primer teléfono inteligente de la historia, un móvil fabricado por IBM en 1992 que mandaba faxes y emails, tenía teclado predictivo y una colección de aplicaciones muy básica. El Simon resultó ser un fracaso comercial: no sabemos si debido a la corta duración de su batería o a que el sistema de aplicaciones aún no se había desarrollado lo suficiente. Veintiún años después, en 2013, las ventas de teléfonos inteligentes superaban por primera vez a las de los teléfonos móviles convencionales.

En el libro La especie desbocada (Anagrama), el neurocientífico David Eagleman y el compositor Anthony Brandt analizan con rigor y claridad cómo funciona la creatividad y la innovación, a través de varios ejemplos como el del Simon. La historia de ese teléfono nos remite a muchas otras parecidas: inventos y descubrimientos que han quedado olvidados en las páginas de la historia, pero que han sido determinantes para el advenimiento de algunas grandes creaciones.

La especie desbocada
Diseño de un coche aerodinámico de Norman Bel Geddes (1893-1958), diseñador industrial citado por David Eagleman y Anthony Brandt en La especie desbocada. Foto: Cortesía

Pensamos en la “enciclopedia mecánica”, por ejemplo, patentada en 1962 por la educadora leonesa Ángela Ruiz Robles y considerada la precursora del libro electrónico. Este artefacto era un tipo de “libro mecánico” (invento patentado también por Ruiz Robles trece años antes), cuyo propósito era facilitar el aprendizaje de forma amena e interactiva, así como aligerar las carteras de los alumnos, condensando todas las asignaturas en un solo artefacto. La enciclopedia mecánica permitía, además, el estudio en condiciones de baja luminosidad o a personas con discapacidad visual, gracias a la incorporación de una luz y de cristales de aumento. Tuvieron que pasar casi diez años para que Michael Hart empezara a convertir libros de dominio público en archivos de texto electrónico, creando así el Proyecto Gutenberg, hecho que marca la aparición del libro electrónico.

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O en el quinetoscopio, uno de los tantos inventos de Thomas Alva Edison: una caja de madera con catorce metros de película que corría en bucle, con un visor a través del que mirar, para el disfrute individual del espectador. Su prototipo fue presentado en 1891, cuatro años antes de la aparición del cinematógrafo, el famoso invento de los hermanos Lumière. El que este brindara una experiencia colectiva a través de la proyección en pantalla fue probablemente una de las causas por las que se popularizó en detrimento del quinetoscopio, que fue ignorado por la historia. No fue hasta muchos años más tarde, con la invención de la cinta de vídeo, cuando el cine adquirió ese carácter privado.

La especie desbocada
Editó Anagrama. Foto: Cortesía

La creatividad y la innovación, esas grandes potencialidades de nuestro cerebro, no se manifiestan aisladas: tomamos saberes heredados y experimentamos con ellos. Tal como demuestran el Simon, la enciclopedia mecánica y el quinetoscopio, y argumentan Eagleman y Brandt en La especie desbocada, los inventos suelen poseer una larga genealogía: son una creación colectiva, fruto del impulso común y de mucho esfuerzo olvidado. En sus palabras: “Si observamos por el retrovisor, el progreso a menudo parece una línea narrativa de descubrimiento y avance. Pero eso es una ilusión. Cada momento histórico se caracteriza por una red tupidamente ramificada de caminos de tierra que acaban reduciéndose a unas pocas carreteras pavimentadas.”

Es por ello por lo que les animamos a salir de vez en cuando de la carretera y recorrer algunos de esos caminos de tierra. Quién sabe adónde los pueden llevar.

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