Sara Mesa describe el proceso kafkiano para empadronar a una pobre en España

Esta es una historia real. La de una mujer sin hogar, discapacitada y enferma que trata de solicitar la renta mínima a la que tiene derecho según los optimistas mensajes de la administración y los medios.

Ciudad de México, 25 de abril (MaremotoM):- Sara Mesa hizo una novela el año pasado que fue considerada entre las mejores salidas en España. La autora de Cicatriz, Cuatro por cuatro y Un incendio invisible, sacó Cara de Pan, que ha merecido entre muchas notables críticas, la de Ascensión Rivas para El Cultural.

“Si tuviéramos que calificar con un solo adjetivo Cara de pan, el más adecuado sería inquietante porque, sin duda, inquietud es la sensación que permanece después de haber leído esta breve novela. La narrativa de su autora, Sara Mesa (Madrid, 1976), cuenta con ciertas marcas que la identifican: una escritura desnuda exenta de artificiosidad; una base cuentística -sus obras largas tienen la intensidad de los textos cortos por su concentración y porque cada elemento supura sentido- y la ya citada inquietud, entendida también como desasosiego, conmoción, sorpresa desazonante, miedo ante lo que la realidad esconde y puede llegar a significar”.

Es esa falta de artificio, de juzgarse y entregarse en cada libro, lo que nos llama la atención en esta escritora joven, de la que ahora encontramos Silencio administrativo: La pobreza en el laberinto burocrático, un libro pequeño que forma parte de la colección nuevos cuadernos anagrama.

El libro, que se lee de una sentada, revela todos los trámites que hay que hacer para ser considerada una “pobre empadronada” en España y conseguir de ese modo “una renta mínima” que ayude a sobrevivir.

Un libro que podría estar escrito en México, en los Estados Unidos, en el mundo. Foto: Anagrama

Habla también de la “aporofobia”, el odio a los pobres, definida por la filósofa Adela Cortina, quien se refiere a “la existencia de razones neurológicas para explicar que no justificar la aversión, miedo y rechazo hacia los pobres, mucho más extendida que otras fobias sociales. Este odio puede manifestarse desde actitudes sutiles (recelos y prejuicios que, en mayor o menor medida, todos tenemos) hasta las más radicales (crímenes de odio). Pero además de las motivaciones cerebrales, Cortina recuerda que existen razones de otro tipo –políticas, sociales y económicas- que fomentan la aporofobia y que son las que se pueden y deben modificar”.

Sara, que no hace un ensayo ni una crónica, sino que pone todo el cuerpo y la escritura para narrar lo que le pasa y lo que piensa, nos sorprende con cada trámite que hay que hacer y el resultado que es la nada frente al Estado, como si fuera El proceso, de Franz Kafka y además no luchando sólo con España, sino con todo este mundo neoliberal que padecemos.

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“Parece que la humillación de acudir a estos sitios tiene que ver con el hecho de mezclarse. Con que aquellos que conserva su porte, su ropa, su lustre estén al mismo lado de los que ya están acostumbrados a dormir en la calle.

En cambio, para los mendigos de toda la vida no es una humillación hacer cola, puesto que están acostumbrados.

Ellos frente a nosotros, esas indudables diferencias.

Pero es cierto que nos conmueve más ver a un licenciado universitario en la cola de un economato social que a un mendigo de toda la vida. Al parecer, las neuronas espejo, esas que causan la empatía, no funcionan de manera indiscriminada.

No nos da por pensar la razón por la que el mendigo de toda la vida no es universitario. Si ha sido o no tras una decisión voluntaria. Si la causa está en otro tipo de componentes sociales y económicos más complejos. Olvidamos que el origen de la pobreza es la desigualdad. Nos compadecemos al ver los síntomas de la enfermedad, pero preferimos ignorar el diagnóstico”, dice Sara.

Mesa relata con pasión rigurosa cada uno de los trámites que Carmen lleva en una mochila que le regalaron, algo propio pero ajeno, fruto sin duda de un “laberinto burocrático” que condena al pobre más allá de la estadística.

“La Fundación RAIS –Red de Apoyo a la Integración Sociolaboral- calcula que en España 31.000 personas no tienen hogar, el mayor estado de vulnerabilidad y des protección posible. Por su parte, el informe ¿En qué sociedad vivimos”, de Cáritas Española, eleva el número a 40.000 personas sin techo”.

Como esos indigentes que viven sobre Reforma, cerca de Tepito, con casas o chabolas hechas de improviso en México, como esos que duermen en todas las calles de Latinoamérica, en las calles de Nueva York, en las calles de nuestro mundo horrible.

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