Una reflexión personal

Se está mintiendo sin control: reflexión personal a propósito del Día Mundial del Teatro

Al final del día, este combo de fondos y formas que ha ido surgiendo en los tiempos que corren, ha creado un cisma que nos ha hecho temblar a todos y que a mí me tiene con el corazón todavía en modo vibración… Espero que eventualmente estos terremotos nos lleven a renacer y no a morir.

Ciudad de México, 29 de marzo (MaremotoM).- En los últimos tiempos el teatro ha sido sometido a la censura más intolerable y más absurda llevándolo prácticamente a la auto-aniquilación. Me explico. El teatro tiene un objetivo: reflejar, valiéndose de la ficción, la experiencia humana en toda su complejidad para provocar en el espectador una conmoción que lo lleve (ojalá) a una reflexión sobre su vida y sobre el mundo. El teatro tiene, por otro lado, un formato: la comunión entre artista y espectador en un mismo tiempo y espacio.

En cuanto al objetivo, querer obligar a los artistas teatrales a censurar la oscuridad de la experiencia humana para satisfacer una agenda política o social es un camino muy peligroso que, en mi opinión, está conduciendo a la negación de la esencia misma del fenómeno teatral. Porque el teatro debe intentar provocar en el espectador una reflexión profunda y no ser un evento moralista en sí mismo. Una obra de arte y un panfleto político son cosas distintas y estamos en un tiempo de confusión de términos…. y de espacios.

La fundamentalista
Aurora Cano. Foto: Facebook

Esperar que los personajes se comporten de manera políticamente correcta en escena, no hace sino quitarle grandeza al alma humana. Porque somos grandes cuando nos llevamos al límite y lo superamos, somos grandes cuando reconocemos que partimos de la mierda más absoluta pero que también somos capaces de trascenderla. Es decir, el teatro se nutre de nuestras debilidades y nuestros errores para confrontarnos y (ojalá) sublimar nuestra mirada del mundo. El teatro parte de la adversidad que reside en nuestra propia naturaleza, o sea, del choque entre nuestras fallas y nuestras fortalezas de carácter a través de un sinfín de peripecias para mostrar al público la vida en toda su amplitud sobre un escenario. Querer mostrar una vida mutilada en la que solo existen los buenos sentimientos para no ofender a colectivos específicos en el proceso también anula cualquier posibilidad de redención real de la sociedad. La corrección política en el escenario es un reflejo deforme, engañoso e incluso vulgar. Porque no somos así. Somos una especie creativa, generosa, brillante y capaz de altos niveles de empatía, pero también somos una especie cruel, brutal y capaz de los horrores más inimaginables. Mostrar solo el lado luminoso es mentir y la falsedad es enemiga de la reflexión.

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Por eso es tan desconcertante lo que está pasando en todos los teatros del mundo en este momento, porque se está mintiendo sin control. Y la mentira no es solamente lo opuesto a la verdad, sino que en el arte es, además, un camino infértil estética, artística y moralmente. Porque el arte, cualquiera que éste sea, no reside en mostrar lo real, sino en acercarse aunque sea tímidamente a lo verdadero.

Y por si esta mutilación de contenidos no fuera suficientemente perturbadora, en los últimos dos años el teatro ha sido lanzado, además, a un abismo dialéctico en cuanto a las formas. A partir de la pandemia nos hemos visto orillados a considerar la posibilidad de no ser una experiencia presencial y a buscar otros formatos. En medio de la desesperación e, insisto, de la confusión de términos, se nos ha estado pidiendo que transitemos hacia otros formatos, que si bien pueden ser alternativas narrativas que abran nuevas áreas de investigación maravillosas, son irremediablemente “otra cosa”. Como cuando el radio o el cine surgieron y ya no eran teatro, o como cuando el teatro surgió y ya no era rito. Es decir, nos hemos visto orillados a reconsiderar qué es lo que nos define. Y yo, después de mucha alteración cardiorrespiratoria, me afirmo en el “aquí y el ahora”… en el “juntos” y me rehúso a llamar teatro a cualquier otro tipo de experiencia.

Al final del día, este combo de fondos y formas que ha ido surgiendo en los tiempos que corren, ha creado un cisma que nos ha hecho temblar a todos y que a mí me tiene con el corazón todavía en modo vibración… Espero que eventualmente estos terremotos nos lleven a renacer y no a morir.

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