Mónica Maristain

Ser mujer en estos tiempos

Y como soy un ser humano, me pregunto muchas cosas todos los días. ¿Qué pasa con el poeta Jeremías Marquines Castillo, acusado de haber violado a su suegra? El caso de Tabasco es horroroso y me digo: es que todos tenemos un instinto de cancelación. Entre leer a Paul Eluard o a Alejandra Pizarnik a este hombre acusado de un delito tan bajo, nadie me tendrá que venir a decir nada. Yo elijo. Yo decido.

Ciudad de México, 7 de octubre (MaremotoM).- Cuando yo era chica, crecí con muchas dificultades, sobre todo económicas, hija de dos padres adolescentes, que no sabían ni llevarse a sí mismos, pero como en todo, siempre hay lados positivos, uno de ellos es que no había diferencia en torno a cómo veía el mundo.

No entendía a los homosexuales, a los trans, pero fui haciéndome amiga de todos los que se dejaran y no había distinción.

Hoy, pasados más de 40 años de aquello, veo como las feministas echan a los trans de sus huestes, porque no las consideran mujer y noto ese debate como el fruto de un nuevo racismo.

Son terribles los tuits de J.K.Rowling, la autora de Harry Potter, odiosos, al negarle a las transgéneros su condición de mujer y las causas por lo que lo hace tienen muchas cosas para el debate: “Cuando abres las puertas de los baños y los vestuarios a cualquier hombre que cree o siente que es una mujer y, como he dicho, los certificados de confirmación de género ahora se pueden otorgar sin necesidad de cirugía u hormonas, entonces abres la puerta a todos y cada uno de los hombres que quieren entrar. Esa es la simple verdad”, dice la escritora.

Como contrapartida, los grupos feministas llamándola “Feminazi, TERF, puta, bruja. Los tiempos cambian. El odio hacia las mujeres es eterno”, lo único que producen es la famosa cancelación que está de moda, aunque creo yo que siempre ha funcionado para muchos artistas, ver por caso el de Oscar Wilde en el siglo XIX.

Annie Ernaux
Espontáneamente adopté una escritura violenta, como única manera de responder a la memoria de las humillaciones, de la vergüenza y de la vergüenza de la vergüenza. Foto: Cortesía Formentor

La cancelación es tremenda. No estoy de acuerdo. Soy mujer y me revela esa cosa de tachar la obra de Woody Allen (el cineasta tuvo varios juicios y en todos fue sobreseído) o la de Roman Polanski, por un acontecimiento sucedido en los ’60, cuando todo era el sometimiento de la mujer frente a las ideas machistas.

Estoy muy harta de que cancelen a estos artistas y que haya columnas gratis y videos sin recibir ningún pago en el sitio donde un abusador es el director (nadie se entera, nadie le hace caso a la denunciante).

Harta de que una mujer colega me diga “yo no leo hombres” e inmediatamente después me acuse de “no leer mujeres”.

Y como soy un ser humano, me pregunto muchas cosas todos los días. ¿Qué pasa con el poeta Jeremías Marquines Castillo, acusado de haber violado a su suegra? El caso de Tabasco es horroroso y me digo: es que todos tenemos un instinto de cancelación. Entre leer a Paul Eluard o a Alejandra Pizarnik a este hombre acusado de un delito tan bajo, nadie me tendrá que venir a decir nada. Yo elijo. Yo decido.

Veo Blonde, la película sobre Marilyn Monroe. No he leído la novela de Joyce Carol Oates y por supuesto, no termino de ver el filme. Me aburre, me lastima. Llego a la imagen de la violación y tengo que hacer pausa para protestar por un filme donde Andrew Dominik ha abusado de la imagen de Marilyn.

Hinde Pomeraniec ha dado en el clavo y Estela Alcántara también. Hemos publicado sus columnas.

Todos los hombres que no están de acuerdo con la crítica ponen en las redes sociales: “Es que esa era la vida de Marilyn”. Además del ejercicio del mansplaining, como si uno no supiera el grado de sufrimiento que pasó la actriz de Hollywood, quien falleció a los 36 años, jamás leen las notas como una demostración crítica. Creen que las mujeres hacemos cuestionamientos morales o de género a la hora de analizar la película, sin dar por sentado el trabajo del cineasta, de la hermosa actriz que hace de Marilyn (seguramente se merece el Oscar), de la luz, del filme en sí. Vale decir, digo yo como mujer: son los hombres los que hacen crítica cinematográfica y somos las mujeres que ardidas no estamos de acuerdo con la película porque nos ponen a una Marilyn que llora todo el tiempo.

Te puede interesar:  Cinco canciones de Pablo Milanés

Ayer, mientras hacía una nota sobre Annie Ernaux, la escritora francesa que acaba de ganar el Premio Nobel, escribí el siguiente párrafo como introducción: “Es Francia. Es leída. Cada vez más leída por sobre todo las mujeres que son en definitiva quienes hacen girar la rueda literaria. No sé si hay estadísticas de cuál es el género que más lee en el mundo, pero en nuestro país son las damas las que ponen el punto en las íes y hace que el poner el lápiz en el papel tenga sentido”.

Blonde
Blonde, por Netflix. Foto: Cortesía

Siempre pienso en marcar esto, porque los escritores no se acercan a las mujeres, a pesar de que son sus lectoras. El mercado, tampoco. Como si a las mujeres nos gustara leer sólo a otras mujeres y desestimar a los grandes escritores que pueblan nuestro universo. En México la cifra es llamativa: Según el Inegi, las que leen más son las mujeres; el 43.8 por ciento de las mexicanas tienen el hábito, mientras que los hombres solo ocupan un 38.1 por ciento. Las presentaciones de libros, hechas solo por hombres (es la mayoría, claro), de vez en cuando ponen a una mujer, revela entre otras cosas la falta de conocimiento de esta estadística y también el sistema patriarcal en donde está parada la literatura.

En eso, un lector llamado Luis Valdex, escribe en mi muro: “Me parece sexista el artículo. Tan sexista como hombres opinando sobre lo fregona que es la literatura de hombres”.

Y yo, que nunca contesto, digo: “No, que los hombres tienen que dejar de agredir a las mujeres y leer mucho más”.

Hoy a la mañana, me encuentro un correo en mi Messenger por parte de un lector (que no tengo como amigo) llamado Griffith Duque que dice esto: “¿Por qué das por sentado que todos los hombres agreden a las mujeres? Deberías cambiar tus lecturas. Lo que lees te deja cesgada (la palabra correcta es “sesgada”). Me ofende, pero en 5 minutos se me pasa”.

Claro, comienzo a pensar, es probable que se sienta ofendido, no quise decir que todos los hombres agreden a las mujeres, pero en cierto modo casi todos sí. Ayer, por ejemplo, mientras iba en un taxi, el conductor escuchaba a Eduardo Ruiz-Healy y en un momento, cuando una de las chicas quería hablar, el periodista la corta al aire y sigue hablando él, más sus amigos, termina el programa y todo es un coro de hombres espeluznante, que al propio taxista llama la atención.

Pienso esto, hasta que voy a mi muro: este lector llamado Griffith Duque ha puesto un emoticón de sonrisas al lado de mis notas, desde Alejandra Pizarnik, hasta la nota de Oscar Guisoni que habla de los traductores del romanticismo, etcétera.

Intento borrar ese emoticón y no puedo. Es lo que digo: Los hombres tienen que dejar de agredir a las mujeres y leer mucho más.

2 Comments

  1. Mónica Maristain

    Dice Gloria Reverte: Alguna vez conversamos acerca de cómo los hombres, sobre todo los de nuestra generación y que se pensaban muy “progres”, ahora ven con enojo que no lo son tanto. Algunos de ellos reciben los argumentos como ataques, generalizan, no hay una intención de debate, sino un incremento de la violencia a través de la descalificación y el mansplaining. ¿La razón? Sienten que están perdiendo sus privilegios, su lugar de dominancia y eso, no les gusta. Como dice la canción de Julieta Venegas que integras en esta columna, no quieren reaprender, escuchar, no saben qué hacer.
    Sin embargo, más allá de las violencias cotidianas, celebro los intentos por entender y empatizar con lo que es vivir bajo el peso del patriarcado, aunque en el camino, se hagan piezas tan fallidas, como la película sobre Marilyn.
    Roma no se hizo en un día, dicen por ahí. Y estoy segura de que estas reflexiones desde la inteligencia y la voluntad de escuchar y comprender, nos llevarán poco a poco a la generación de libros, películas, música, etcétera, que verdaderamente se acerquen a lo que vemos y vivimos desde este lado de la humanidad.

  2. Alguna vez conversamos acerca de cómo los hombres, sobre todo los de nuestra generación y que se pensaban muy “progres”, ahora ven con enojo que no lo son tanto. Algunos de ellos reciben los argumentos como ataques, generalizan, no hay una intención de debate, sino un incremento de la violencia a través de la descalificación y el mansplaining. ¿La razón? Sienten que están perdiendo sus privilegios, su lugar de dominancia y eso, no les gusta. Como dice la canción de Julieta Venegas que integras en esta columna, no quieren reaprender, escuchar, no saben qué hacer.
    Sin embargo, más allá de las violencias cotidianas, celebro los intentos por entender y empatizar con lo que es vivir bajo el peso del patriarcado, aunque en el camino, se hagan piezas tan fallidas, como la película sobre Marilyn.
    Roma no se hizo en un día, dicen por ahí. Y estoy segura de que estas reflexiones desde la inteligencia y la voluntad de escuchar y comprender, nos llevarán poco a poco a la generación de libros, películas, música, etcétera, que verdaderamente se acerquen a lo que vemos y vivimos desde este lado de la humanidad. 💜