“Sergio Pitol quemaba las naves cada vez que hacía un viaje”: Daniel Ayala

“El viaje me daba la responsabilidad de sentirme dueño de mí mismo, solo, responsable total de mis actos”, leo en el libro Pitol: La máscara es el espejo del alma, de la Universidad de Guanajuato, en medio de la colección Locura brujular, escrito por Daniel Ayala Bertoglio.

Guanajuato, 10 de abril (MaremotoM).- Este 12 de abril se cumple el primer aniversario de la muerte del gran escritor Sergio Pitol (1933-2018). Hoy, en Madrid, se llevará a cabo una lectura en su homenaje, con la obra El desfile del amor (Anagrama). Las voces de Pitol: homenaje a Sergio Pitol, en la Casa de América de Madrid, participarán Mercedes Monmany, Jorge F. Fernández, Juan Villoro y su editor Jorge Herralde.

Ayer, la Academia Mexicana de la Lengua, con las voces de Margo Glantz (la gran amiga de Sergio Pitol), Felipe Garrido y Adolfo Castañón, también tuvo lugar la evocación de un autor amable y viajero, al que todos recordamos con pasión y ganas de leer otra vez sus libros.

“El viaje me daba la responsabilidad de sentirme dueño de mí mismo, solo, responsable total de mis actos”, leo en el libro Pitol: La máscara es el espejo del alma, de la Universidad de Guanajuato, en medio de la colección Locura brujular, escrito por Daniel Ayala Bertoglio.

“La honestidad de su escritura rebasa, por mucho, el lucimiento personal o el engolosinamiento retórico; es verdad que Pitol no carece de recursos para dotar de sus ensayos de una belleza muy singular, sin embargo –y quizá este sea uno de los componentes de mayor trascendencia-, la inclusión de tales recursos se presenta de una forma casi natural, la voluntad formal y el sentimiento vital se conjugan de manera tal que parecería que estamos en presencia de un diálogo franco y espontáneo”.

Leer a Pitol. Leer sobre Pitol. Sentirnos acompañada por esa presencia donde siempre había una sonrisa y una curiosidad contagiosa, poder sentirnos algo así como su amigo y darle al escritor su lugar en la cima.

Entrevistamos al autor Daniel Ayala Bertoglio y los dos nos pasamos hablando de Sergio Pitol, nuestro tema favorito. Además, Daniel es el director de la Feria del Libro de la Universidad de Guanajuato.

Daniel Ayala Bertoglio, autor de un gran libro sobre Sergio Pitol. Foto: MaremotoM

–Me encantó el libro porque va más allá de lo académico. Todos los podemos leer.

–El libro tiene varias fortunas. Efectivamente fue una tesis de maestría, con toda la inexperiencia del mundo yo la hice. Me hicieron bastantes comentarios rudos en el examen y la dejé ahí. La tesis quedó como tesis. Aprobé, aunque fue ríspido el examen. En 2014 se presentó una colección llamada Locura Brujular (una cita sacada de Revueltas) y mi jefa Elba Sánchez Rolón me habló de aquella tesis, que tenía que publicarla. Paré mi tesis de Doctorado y me puse a corregir lo que sería un futuro libro. Cuando lo vi otra vez, le quité 70 páginas que no servían nada, para tratar de llegar a algo que fuera más amable.

–Dices que Sergio Pitol tiene la característica de ser un artista en fuga, como El arte de la fuga

–El subtítulo del libro, la máscara es el espejo del alma, está sacado del libro sobre el que está centrado el estudio: El arte de la fuga. Como escritor, generador de ficción, siempre sabe que la ficción no es contraria a la verdad, que el escritor Sergio Pitol siempre está con una autobiografía soterrada. En ese sentido es que creo que es un artista enmascarado, siempre es otro en sociedad. El artista más porque siempre juega a ser otro, pero todos esos otros tienen mucho de él mismo.

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–No hablas de la sexualidad, aunque probablemente también contribuya a su máscara

–Tenemos el caso de Abigael Bojórquez, un poeta gigantesco, tremendo y que abiertamente explora su homosexualidad. Por ahí el caso de Luis Zapata, pero Sergio nunca quiso ni en sus libros jamás noté nada que me dijera de su condición homosexual. Escuché alguna vez a Jim Parsons (el actor que hace de Sheldon Cooper en The Big Bang Theory) en la televisión, cuando alguien le preguntó por qué él nunca había declarado que era totalmente gay, decir: -¿Yo por qué tendría que declararte mi vida? Nunca vi en la escritura de Sergio quería dar a conocer eso y tampoco me interesa gran cosa. Con respecto al tema de la máscara, quiero decir que él vive la máscara como lenguaje. Él es un tipo que al final de su vida sufre una enfermedad terrible, ya no puede hablar, ya no puede escribir ni articular, él se asume como lenguaje, probablemente tenga alguna relación con su homosexualidad, pero no lo pude percibir. Creo que él se asume como lenguaje, una construcción de sí mismo en el Arte de la fuga.

–Hablas de él como viajero

–Cuando les doy clase a los muchachos y a los muchachos siempre me toca recibirlos en la Licenciatura en Letras, los recibo con una clase brutal que es “Literatura europea, de Homero a Dante”. Lo primero que leen La odisea. Son chicos que vienen de paso por Guanajuato, una ciudad de paso y les digo que el viaje es la vida. El viaje, cuando uno lo emprende, es uno cuando se va y uno cuando regresa. Sergio Pitol quemaba las naves cada vez que emprendía un viaje. Vendía sus cuadros, sus libros y no sabía si iba a regresar.

El viaje, cuando uno lo emprende, es uno cuando se va y uno cuando regresa, dice Daniel. Foto: MaremotoM

–Dice que vida y literatura en Sergio Pitol son prácticamente lo mismo

–Esa idea no me la debo yo robar, es una idea de Enrique Vila-Matas, quien ha dicho que Sergio Pitol es su gran maestro. Mi primera tesis en la literatura fue sobre El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas. No aprecié tanto a Sergio Pitol cuando era tesis. Después, cuando estaba haciendo la tesis de Tomás Segovia y con los ojos de él, releí a Pitol, me di cuenta de todo lo que era como maestro. No me he encontrado a ninguna persona que me hable mal de Sergio Pitol, un hombre amable, una lindura. Un hombre siempre sonriendo y eso en su literatura se nota por la entrega. No es una literatura fácil ni amable, pero eso hace al reto de la inteligencia del lector. El propio José Emilio Pacheco lo declara en la revista Estaciones, de Elías Nandino; una de las primeras reseñas que hace es sobre el primer libro de cuentos de Sergio Pitol. Dice: “Esta no es una escritura apta para la narrativa”. Efectivamente, no era una escritura hecha para esa narrativa que sucedía en los ’50. Pero Sergio Pitol enseñó a escribir a toda una generación posterior.

–Tú relacionas el ensayo de Pitol y su narrativa, como confundidas, como hechas la una de la otra

–Esa es una característica del ensayo de narrador, que yo lo distingo del ensayo de poeta. Los ensayos de un narrador, como Sergio Pitol, están soportados por la narración. En el ensayo lo más importante es la reflexión, pero esa reflexión va precedida del cuento de una historia, nos cuenta un cuento como Jorge Luis Borges. Una historia para reflexionar. Por eso es tan bonito, me parece espectacular la trilogía final de Sergio Pitol, El arte de la fuga, El viaje y El mago de Viena.

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