Gauchito Gil

Si el Gaucho existe, es porque regala lo que nadie más otorga: La fe en un santo del pueblo

Ciudad de México, 18 de mayo (MaremotoM).- La fe siempre estará ahí. Es otro medio para brindar algo que por motivos políticos y sociales se pierde. No importa si quien se acerca a ella es religioso o no. O mejor, no importa si no es religioso. En tiempos complicados, en tiempos donde las necesidades básicas se esfuman por decisiones ajenas no falta el que necesitado de buenas nuevas: salud, comida, trabajo o paz, recurre a la fe para encontrar un poco de aire revitalizante en el día a día. ¿La fe en la actualidad vivirá más en el pueblo? Me refiero a la puesta en figuras levantadas por las y los obreros, los chicos del barrio, los cabezas (les dirán despectivamente). En Argentina, la figura de Antonio Mamerto Gil Núñez, mejor conocido como Gauchito Gil es venerada por gente de todas las edades. Si bien se le identifica como la figura a la que la gente de los barrios periféricos se brinda y pide, es un hecho que en general tiene seguidores en todas partes.

Dicen que Antonio Gil fue el Robin Hood de la ciudad argentina de Mercedes, en la provincia de Corrientes. Que fue tomado prisionero por el Coronel Salazar y a pesar de la movilización del pueblo para que fuera liberado, lo ejecutaron un 8 de enero. No se sabe con exactitud el año de su muerte, pero dicen que ésta sucedió en el siglo XIX. Dicen que el hijo de Salazar estaba enfermo de gravedad y todo apuntaba hacia su muerte, pero el Gauchito le dijo al Coronel que al volver a casa encontraría sano a su hijo, ya que él “intercedería ante Dios por su vida”. Cuando el Coronel Salazar regresó a casa, después de ejecutar a Antonio Gil, encontró a su hijo sano y salvo. Aseguran los fieles a este santo milagroso. Del que también se dice que se negó a participar en la guerra de la triple alianza, cuando Argentina, Uruguay y Brasil se enfrentaron a Paraguay. Se negó porque a éstos los consideraba hermanos, no sólo por la costumbre del mate, sino por que compartían el Guaraní. Si los unía la lengua, también la construcción del mundo.

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Los recintos, ofrendas, pequeñas y grandes capillas para venerar al Gaucho proliferan en toda Argentina; pero para acotar, cada vez hay más en la ciudad de Buenos Aires. Los vecinos del barrio de Chacarita, los de Almagro, la Paternal, sólo por mencionar algunos, voltean a ver, con fe, a esta figura. En Chacarita, cerca de uno de los cementerios más grandes de la ciudad y de una de las estaciones de tren con más afluencia, se yergue un santuario que después de más de 15 años, en el lugar donde hubo una estatuilla ahora hay una capilla con una estatua del Gauchito de poco más de un metro de alto. Los seguidores han construido poco a poco este espacio para brindar cigarrillos y vino tinto a Antonio Gil. Hay quienes visitan el lugar luego de un milagro cumplido y colocan una placa con una leyenda de agradecimiento. Y otros frente a su altar personal, en casa, le colocan de vez en cuando un vaso de vino sólo por ofrendarle algo sin pedir nada a cambio.

Gauchito Gil
La fe en un santo del pueblo. Foto: Especial

A este santo del pueblo se le asocia con los denominados, también despectivamente, pibes chorros, esto quizá para encasillar con mala voluntad a sus seguidores, como para menospreciar no sólo la figura, sino a sus fieles. Pero ellos aseguran que el Gaucho es del pueblo y no importa si eres religioso o no, si eres humilde o no; porque si te acercas a pedirle él te ayudará. Su figura es tan importante que la editorial Chirimbote, caracterizada por proponer historias con personajes que no son comunes en la literatura infantil, sacó hace 3 años en su colección antihéroes una historieta con el Gauchito Gil como protagonista.

En tiempos de vacas flacas la fe en ésta figura aumenta, porque si las posibilidades de una mejor vida se ven cortadas por políticas públicas, inflación y violencia, siempre queda la posibilidad de recibir un milagro, el que traerá paz también. La fe entonces se vuelve una especie de mundo posible y habitable cuando lo más real y concreto lo devora todo. La fe en un santo del pueblo.

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