MI BITÁCORA: Si el mundo fuera un Estado, la capital sería Estambul

Estambul, 18 de abril (MaremotoM).- Decía Napoleón que si el mundo fuera un estado, su capital sería Estambul y claro, habiéndolo sido de varios imperios, como el Romano, el Bizantino, el latino y el Otomano, su imagen ha sido siempre la de una gran capital.

Tras el derrumbe del Imperio Otomano , Mustafa Kemal “Ataturk” en 1923 convirtió el Sultanato en República y trasladó la sede del gobierno a Ankara; no obstante, Estambul sigue siendo la reina, la bella, la interesante, la seductora.

Como en todas partes, en Estambul hay una guía de lugares esenciales para visitar, los famosos “must”, tales como las mezquita Hagia Sofia, la mezquita Azul, la de Suleyman, todas bellas, todas sublimes. A mi en particular me gusta mucho una pequeña, la de Ortaköy, a la orilla del Bósforo, bajo uno de los puentes que unen Europa y Asia y que se alza hermosa junto al azul turquesa del estrecho.

El Barrio de Sultanahmet reúne muchos de los atractivos de Estambul, todos ellos a poca distancia caminando; es la ventaja de este barrio ya que no tienes que lidiar con un tema importante en esta ciudad, el pesado tráfico. En Sultanahmet puedes empezar por el Palacio de Topkapi, actualmente un museo de la época imperial que cuenta 700,000 metros cuadrados de jardines y patios de asombrosas muestras de arte y arquitectura Turca, así como vistas magníficas al cuerno de oro, al puerto natural, al estrecho del Bósforo y al Mar Mármara. También podrás visitar el harén, donde concubinas y eunucos convivían diariamente. El palacio otomano de Topkapi es sin duda uno de los lugares mas emblemáticos de Estambul.

La mezquita Azul y Hagia Sofía están cara a cara, una frente a otra, imponentes, defendiendo cada una lo suyo. Ambas en la plaza Sultanahmet, llena de turistas, de paseantes y de vendedores de sumit, el típico pan turco, suave, delicioso, cubierto de ajonjolí. A tan solo 100 metros de ahí, se encuentra la cisterna Basílica (Yerebatan Sarayi), es la más famosa de todas y fue construida en el año 532 para contrarrestar la vulnerabilidad de una posible destrucción del acueducto. El lugar bien vale la visita, para ver su columnas de mármol sumergidas. Hay mucho por descubrir debajo de la gran ciudad.

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Respecto a los bazares, prefiero el bazar de las especias, Misir Çarşısı, en el barrio de Eminönü, bien conservado, cálido, con gran colorido; ¡Todo un gusto al paladar, al olfato y a la vista!. He probado ahí el mejor Baklava. Los comerciantes son gentiles y te hablarán en cualquier idioma con tal de lograr la venta. Una vez que salgas de tan agradable lugar y con suficiente pimienta, comino y canela, justo enfrente verás el puente Gálata, que une la parte antigua con la moderna. Allá al fondo a la izquierda se encuentra la famosa torre del mismo nombre, la cual fue utilizada por los otomanos como torre de observación para detectar incendios, pero que, paradójicamente, se quemó dos veces. Su última gran restauración fue en la década de los 60 y decidieron abrirla al publico con un balcón panorámico.

Después de cruzar el puente, me enfilo hacia dos de mis barrios favoritos, Beşiktaş y Bebek,  ambos elegantes y relajados, apartados del turismo masivo, bordean el Bósforo y cuentan con espléndidos lugares para seguir disfrutando la ciudad.

Dado que la ciudad está situada en dos continentes, toca ir a la parte asiática de Estambul, específicamente a Üsküdar. Da gusto caminar por el amplio paseo a orillas del estrecho y llegar hasta el embarcadero de Kiz Kulesi, un pequeño islote con una torre-faro que fue en algún tiempo una especie de aduana a la entrada del Bósforo y que es una de las imágenes mas conocidas de Estambul, hoy es meramente turístico y llegas a través de un agradable paseo en barca .

Podríamos decir que Estambul es infinito, nunca tengo suficiente, siempre queda algo, siempre hay algo más, siempre se desea regresar. ¡Volver a Estambul!.

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