Bernardo Atxaga

Si existiera el alma iría pegada a la lengua: Bernardo Atxaga

Desde el otro lado es un libro de cuentos, donde la sensibilidad de este escritor vasco, “un escritor de la frontera” (según dice), establece sus parámetros como si fuera a trabajar con un bisturí. No es posible estar ausente de estos cuentos, si eres lector, algo –mucho- se sacudirá en ti.

Ciudad de México, 4 de noviembre (MaremotoM).- Dice Bernardo Atxaga que hace 20 años era más conocido en Latinoamérica que ahora. Está un poco enojado con Alfaguara, porque aunque Pilar Reyes siempre lo ayuda y es muy amable, ha tenido que venir a México para darse cuenta de que Del otro lado, su nueva novela, no está en el mercado.

“No es por ser conocido o más desconocido, pero cuando vas a un lugar espera que esté tu libro”, dice.

En Desde el otro lado, una historia que quizá sea su mejor trabajo, según opina, dos hermanos se enfrentan juntos a la maldad colectiva; un hombre revive la muerte del hijo de su amigo a la luz del LSD; en el cementerio de Obaba-Ugarte, dos conferenciantes pronuncian ante la multitud congregada una delirante charla sobre la vida y la muerte; un búho resulta ser una pieza indispensable para resolver varios crímenes.

Es un libro de cuentos, donde la sensibilidad de este escritor vasco, “un escritor de la frontera” (según dice), establece sus parámetros como si fuera a trabajar con un bisturí. No es posible estar ausente de estos cuentos, si eres lector, algo –mucho- se sacudirá en ti.

¿Quién es Bernardo Atxaga? Por lo pronto es uno de los pocos autores bilingües. Nació en Asteasu, Gipuzkoa, en 1951 y ahora vive en Álava, cerca de Vitoria, un lugar lleno de verdes y de un muy buen vino, proveniente de la Rioja Alavesa, donde está, entre otros monumentos, el complejo de Marqués de Riscal, diseñado por Frank Gehry.

Se consagró con el libro Obabakoak (1988), Premio Nacional de Narrativa en 1989 y llevado al cine por Montxo Armendáriz como Obaba (2005). A este le siguieron novelas como El hombre solo (1994), Premio Nacional de la Crítica de narrativa en euskera, Esos cielos (1996), El hijo del acordeonista (2003), Premio de la Crítica 2003, premio Grinzane Cavour en 2008 y adaptada al teatro y al cine bajo la dirección de Fernando Bernués; Siete casas en Francia (2009), finalista en el Independent Foreign Fiction Prize 2012, finalista en el Oxford Weidenfeld Translation Prize 2012; Días de Nevada (2014), Premio Euskadi y Casas y tumbas (2020). En 2017 obtuvo el Premio Internacional LiberPress Literatura, en 2019 el Premio Nacional de las Letras Españolas y en 2021 el Premio Liber, los tres por el conjunto de su obra. También es autor de poesía. Sus libros han sido traducidos a treinta y dos lenguas. Es miembro de la Academia Vasca.

“Efectivamente, eso es completamente cierto, tiene un correlato material, mis libros llegaban a Latinoamérica y se podían comprar aquí. Ahora han tenido que imprimir 100 ejemplares para tener cierta presencia. Los libros no viajan solos y hay que tener una presencia política. Los escritores que se consideran “nacionales” pues tienen un vehículo, los traen inmediatamente. Ahora lo político en el País Vasco no es espectacular, afortunadamente; por otro lado, no soy un escritor español, soy un escritor vasco, aunque ser desconocido o no, no me afecta tanto. El hecho de que no estén los libros aquí, no está bien”, dice el escritor, invitado por la Capital Mundial del Libro, que en Guadalajara está cambiando el destino de los textos, haciéndolos cada vez más populares y cerca de la gente.

Bernardo Atxaga
Editó Alfaguara. Foto: Cortesía

No ser un escritor totalmente español le ha privado a Bernardo Atxaga a recibir el Premio Princesa de Asturias o al Cervantes. Esa es una pregunta que siempre surge al lado del autor de Obabakoak, que aún se mantiene muy joven (tiene 71) y es probable que en el futuro aparezcan estos galardones.

“Sería un poco injusto decir esto, porque me dieron el Premio Nacional de las Letras. Yo escribo en vasco. Los premios son un poco como el alcohol, un poco está bien, pero el exceso, no. No pretendo ser un autor con una ristra de galardones, ya tengo muchos. En principio, nunca he pensado en un premio, todos han sido una sorpresa para mí. El verdadero desafío para un escritor no está en los premios, sino en la cadena de lectores que vas creando. Si hay 100 lectores que defienden tu obra, basta y sobra”, afirma.

Bernardo Atxaga siempre ha sido fiel al lenguaje vasco, al paisaje vasco, al pueblo vasco. “Lo que pasa es que un escritor, como va pegado a la lengua, si existiera el alma iría pegada a la lengua, lleva muchos paisajes, muchas personas y muchas reflexiones. Para mí la lengua ha sido un instrumento excepcional para conocer la realidad”, afirma.

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El también poeta ha estado recitando poemas en Guadalajara, habla de diccionarios, de significados, cuando oye tal o cual declaración “conozco a la persona, le puedo decir cómo es, su ideología, sus apetencias; el otro día escuché hablar a un político ultraderechista y su lengua era un latín macarrónico, era un ignorante absoluto. Para mí las lenguas son como esas máquinas de la verdad que usan los detectives estadounidenses, ¿qué actitud tiene alguien sobre las lenguas? Eso es definitivo para mí”, agrega.

Bernardo Atxaga
Bernardo Atxaga, al lado de Martín Solares, director de la Capital Mundial del Libro. Foto: Cortesía

¿Sería yo alguien ignorante si dijera que la lengua vasca es inexpugnable, inexplicable e inentendible?, le pregunto a Bernardo.

“No, tenga en cuenta que desde hace 30 años quizás haya habido 400 mil personas que han aprendido la lengua vasca. Es una lengua extremadamente difícil, pero también pasa con el español, con el inglés, con el francés. ¿Por qué es compleja la lengua? Una persona que sabe la lengua desde que nació detecta sumamente bien dónde se equivocó el que ha aprendido recientemente la lengua. Escribir para mí es entrar en esa infinitud de posibilidades de sentido. El vasco no es más difícil que el castellano o el inglés”, dice.

¿Cómo está la literatura castellana? “Yo lo vivo desde la frontera. Yo soy un escritor bilingüe, somos muy pocos los que estamos con esa categoría alrededor del mundo. ¿Qué supone para un escritor vasco hacer una novela de 400 páginas y volverla a hacer en otro idioma? Es una forma de estar en la literatura un poco rara. Lo he llevado un poco más fácil porque mi mujer, Asun Garikano, que ha sido traductora de Robert Louis Stevenson, William Faulkner y Patricia Highsmith, entre otros, ha colaborado conmigo en varias novelas. La literatura en lengua vasca tiene muchos lectores y la del español, también. En la literatura del norte de Europa, ya no interesa mucho la literatura latinoamericana, eso me lo dijo un editor, considerándome a mí también un latino. Lo cierto es que en Dinamarca, estábamos una escritora argentina, una chilena, yo, y no se acercó ningún medio danés. Hace 30 años, cuando Latinoamérica estaba de moda allí, se leía y se conocían a muchos escritores. Aquello que ofrece algo más que la literatura, como Ucrania en estos momentos, es lo que le interesa al público”, admite.

En Desde el otro lado hay una especie de reconciliación con el paisaje vasco, mirarlo hoy con mucha calma. “Sí, desde luego en el primer texto sin duda. Siempre he estado reconciliado con el paisaje, por el que tengo atracción extrema. Los planos son como si estuvieran subrayados para mí. Hay una sensibilidad excesiva. Lo que para mí siempre ha sido problemático es la cuestión de la violencia, los años de la lucha armada, de la represión, los muertos, las bombas… Me pasaba lo que le pasaba a Bertolt Brecht cuando dice en un poema: qué tiempos estos en los que no se puede hablar de nada”, evoca Atxaga.

Bernardo Atxaga
Ser un escritor bilingüe es una forma de estar en la literatura un poco rara. Foto: Cortesía / SGAE

“Ahora estoy mucho más tranquilo. En el mundo lo básico está mucho mejor. La situación económica, política, están mucho mejor en el País Vasco. No sé cómo será el futuro para mis hijas. En España los movimientos derechistas, esos que te dan tantos dolores de cabeza, son muy fuertes. Me amenaza esa sombra. Gente que vota a quienes luego les van a robar, los van a maltratar”, agrega.

En cuanto a los fallecimientos de los recientes escritores en España, dice que “la muerte de Javier Marías fue muy sorpresivo. Jamás pensé que tenía problemas de salud. Yo tuve con él fue una relación agradable y siempre lo estimé como escritor”, dice.

“Con Almudena Grandes lo sentí de otro modo. La conocí mucho y puedo decir que era amigo. Era una bellísima persona, de gran corazón”, afirma.

ME BURLO DE LA GASTRONOMÍA VASCA

“La gastronomía vasca va bien. Pero voy a declarar que donde esté un plato de lentejas, a mí me basta. En el País Vasco la gastronomía es una gran entrada de dinero, porque muchos turistas van a descubrir lo que se llama la alta cocina. Pero no quiero ser falso. Cada vez que tengo oportunidad de burlarme de la gastronomía vasca, lo hago. Me parece un exceso, una sofisticación, como rizar el rizo, hacer una sardina revuelta con un pulpo, que a mí no me gusta”, afirma.

Bernardo Atxaga
Escribir para mí es entrar en esa infinitud de posibilidades de sentido. Foto: Cortesía

“Lo básico son las humildes lentejas. Hay un poema de Antonio Gamoneda sobre las humildes lentejas. No voy a ser tan tonto como para decir que la comida mexicana me ha resultado indiferente. He comido aquí unas enchiladas con tomate verde y cilantro, realmente deliciosas”, agrega.

 

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