Silvia Molina presenta la exposición “Mi pequeño mundo”

Como Carlos Monsiváis, Silvia se convirtió en coleccionista casi sin darse cuenta. Compraba los juguetes para sus hijas, luego los guardaba. Compraba para sus nietos y poco a poco fue teniendo una colección de juguetes mexicanos. Aquí su historia y la galería tan hermosa.

Ciudad de México, 13 de abril (MaremotoM).- Silvia Molina es sobre todo escritora para niños. Hace poco hemos conocido su obra Zapatos nuevos, donde plantea la historia de un niño hijo de una trabajadora doméstica que no es de un lugar ni otro. Un libro que ha andado muy bien y que refleja el talento de esta escritora que ha cumplido además múltiples gestiones al frente como Agregada cultural en la Embajada de México en Bruselas, coordinadora nacional del Literatura del INBA, vicepresidenta del Seminario de Cultura Mexicana, en 2012, coordinadora de Análisis y Seguimiento del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura hasta 2018 y presidenta del Seminario de Cultura Mexicana de 2013 a la fecha.

Una rueda mágica. Foto: Cortesía

Su obra abarca la novela con La mañana debe seguir gris (1977), Ascensión Tun (1981), La familia vino del norte (1988), El algodón (1987), Los cuatro hermanos, Leyendas nahuas de la creación (1988, El zorro tramposo y el oso ingenioso (2012) y Mi familia y la Bella Durmiente (2012), entre otros.

Pero ahora está como una gran expositora de juguetes mexicanos, en una muestra curada por Mariana Morales que refleja la enorme belleza de los artesanos en estos adminículos realmente merecedores de ser observados y ser realmente admirados. “Tengo una alegría enorme”, dice Silvia, al hablar de la exposición, que tuvo entre su público a niños, a madres, “porque además hay mesas para que jueguen”, dicen.

“Es una colección que yo fui haciendo poco a poco, sin proponerme hacer una colección. Fui comprando juguetes para mis niñas y los que veía muy bonitos los iba guardando. Así fui comprando, cuando me di cuenta ya tenía muchos juguetes, empecé a jugar con mis nietos y encontraba otros”, agrega.

Mundo en miniatura. Foto: Cortesía

Mi otro mundo. Juguetes mexicanos revela también el gusto por los artesanos de nuestra tierra y sin duda el buen gusto de Silvia Molina, que como Carlos Monsiváis fue haciéndose de una gran colección casi sin quererlo.

Durante todo el mes la muestra estará abierta en la Galería 526 del Seminario de Cultura Mexicana. Está formada por 500 piezas las cuales provienen de toda la República y están hechos de distintos materiales.

Te puede interesar:  Almudena y mi mamá

“Salgo mucho de la ciudad de México por el Seminario de Cultura Mexicana, que trabaja en dos Estados. Su razón de ser son los Estados. Cada vez que salgo aprovecho para ir a un mercado o voy a los tianguis o a los pueblitos. Compro los juguetes que considero que son muy especiales. Muchos son de pueblitos o de las fiestas populares”, dice Silvia.

Los marineros en el barco. Foto: Cortesía

“Aquí se usa el juego del palo ensebado y muchos juguetes que simbolizan ese juego, por ejemplo. Los muñequitos que tratan de subir y no pueden. O los toritos que tienen luces de bengala y cuetes”, agrega.

Una rodaja de sandía con un Dios de un lado y el Diablo en otro, juegan al tobogán, para ver quien gana en este juego tremendo que es la existencia. Un buque con marineros, una rueda mágica con personas adentro. Silvia Molina explica que “muchos son de Campeche, aunque ese es del Estado de México. Hay unos que se llaman belenes, es como una especie de procesión, hay una palanquita y la mueves y la procesión va pasando. Hay un belén que es un entierro, tú vas viendo que entran las personas con una cinta que tienes. Hay un belén belén que tiene la Virgen, San José y el Niño que van caminando como otra especie de procesión. Hay juguetes muy bonitos”, dice Silvia.

La sandía existencial. Foto: Cortesía

Hay artesanos detrás de todo esto y Molina ha podido conocer a algunos. Entre ellos está Carlos, que da talleres sobre los juguetes populares mexicanos. “Él compra y lo reproduce y los vende. Enseña a los niños a jugar”, afirma.

“Durante la inauguración, quienes más jugaban eran las maestras y las madres. Estos juguetes recuerdan a la infancia, a la infancia de los abuelos, los niños no tienen idea de cómo manejarlos, muestran intriga, hay muchos que son muy naives y la ingeniería es muy sencilla, pero hay otros que son muy complicados”.

Cerca de las playas, hay muchos juguetes que tienen que ver con el mar. Gaviotas que vuelan, barquitos, lanchitas, de Xochimilco hay trajineras tejidas, de madera, hay lanchas de Campeche, hay trenes y carritos, hay camiones, hay volcadoras, de todos os transportes, hechos con hojas de lata, madera, ¡realmente no tengo nada de plástico”, concluye Silvia Molina.

Comments are closed.