Sandra Lorenzano

“Somos cómplices en el tejido de relaciones a través de las palabras”: Sandra Lorenzano

Ciudad de México, 10 de diciembre (MaremotoM).- Sandra Lorenzano ha hecho un libro maravilloso, con textos de poetas durante el confinamiento y que se llama Alguien aquí tiembla (una frase de un poema de Alejandra Pizarnik). El libro está editado por Ediciones sin nombre, de José María Espinasa y Ana María Jaramillo y fue presentado recientemente en el marco de la 35 Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

Hablar con Sandra es emocionante, toda vez que como buena poeta y narradora elige las palabras que más llegan a ejemplificar su motivación. Este es un video donde se para, se sienta, dice que si va a estar en YouTube, cosa que sí, y desgrana sus pulsiones con una precisión que también destaca su condición de docente en la UNAM.

ENTREVISTA EN VIDEO A SANDRA LORENZANO

“Este libro no fue por aburrimiento, sino la necesidad de abrazar virtualmente a todas las amigas. Necesitaba la charla que fuera por otro lado, que no fuera trabajo o pandemia, la palabra literaria, con esas complicidades donde uno se junta a hablar de la inmortalidad literaria del mosquito”, dice.

Este libro es una forma de sociabilidad, “que me sacaba un poco del encierro, de estar aislada en casa. A través de la palabra poética, podía ponerme a conversar con amigas queridas. Lo hice como cuando uno hace una reunión de amigas”, agrega.

¿Qué cosas habla la poesía del confinamiento?

“Siempre me sorprenden ciertos elementos que se repiten. El tema del confinamiento, el tema del cuerpo, el tema de la conciencia de la propia fragilidad, un cierto extrañamiento a que la vida suceda afuera y una no esté en esa vida, una sensación de vida paralela y un ansia de que las cosas se transformen”, afirma.

Alguien aquí tiembla
Alguien aquí tiembla, de Ediciones sin nombre. Foto: Cortesía

Las poetas convocadas son: Alexandra Délano Alonso, Alicia Llarena, Amalia Iglesias, Ana Belén López, Ana Francis Mor, Ana Franco Ortuño, Angelina Muñiz-Huberman, Berbel, Caterina Camastra, Diana Reséndiz, Elisa Díaz Castelo, Francesca Gargallo, Gabriela Ardila, Gabriela Jáuregui, Gabriela Riveros, Gladys Ilarregui, Graciela Batticuore, Irma Pineda, Jeannette L. Clariond, Julia Santibáñez, Leticia Luna, Lía Villava, Lila Zemborain, Lilianet Brintrup, Liria Evangelista, María Álvarez, Mariela Dreyfus, Marta López Luaces, Mercedes Roffé, Mónica Maristain, Nadia López García, Noni Benegas, Odette Alonso, Paulina Vieitez, Pura López Colomé, Rocío Cerón, Rocío Durán-Barba, Rose Mary Salum, Ruth Pérez Aguirre, Sandra González, Sandra Lorenzano, Silvia Eugenia Castillero, Tanya Huntington, Verónica López y Violeta Orozco.

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Todas poetas con voces muy diferentes, pero con las ganas que nos unen: participar en un  trabajo convocada por esta poeta y narradora.

“Mientras pensaba cómo iniciar estas líneas me llegó la palabra “celebración”, porque eso es finalmente este libro: una celebración de la vida, de la poesía, del encuentro posible por medio de las palabras, del diálogo con amigas queridas y admiradas.

Sandra Lorenzano
A pesar de las enormes diferencias que hay entre los textos de las poetas es un corpus bastante homogéneo. Foto: Cortesía Facebook

Compartir los miedos, las angustias, los pequeños placeres cotidianos, algunas risas, uno que otro sueño, los duelos, en esta extraña época en la que aún estamos inmersas, nos ha dado fuerza y alegría.

Por eso hablo de celebración.

Y esa celebración me llevó a los versos de Alejandra Pizarnik. Imaginé esta reunión de poetas para sentir que no estaba sola en mi aislamiento pandémico. En esta suerte de extraño exilio que nos alejó de los modos cotidianos de la vida. Sentí entonces, en cada respuesta que recibía, el temblor de las demás, cercano a mi propio temblor, a mi miedo, a mi desconcierto, pero también a mi necesidad y mi deseo de seguir amando las palabras. De aferrarme a ellas como al salvavidas en medio del naufragio”, dice Sandra en el prólogo.

“A pesar de las enormes diferencias que hay entre los textos de las poetas es un corpus bastante homogéneo. Hay una tristeza y un fondo de enojo compartido, una necesidad de decir lo que cada uno está viviendo que igual se comparte”, dice la compiladora.

“Es un aire encerrado, opresivo, de época. Se habla mucho de las generaciones últimamente en la poesía y en la literatura, pero aquí hay una continuidad que nos vuelve cómplices en el tejido de relaciones a través de las palabras”, afirma.

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