Luisgé Martín

“Somos una generación un poco encajonada”: Luisgé Martín

El español Luisgé Martín se queda con el Premio Herralde de Novela

Somos un poco una generación un poco encajonada, creo sinceramente con un nivel medio muy alto, pero si tuviéramos que elegir al candidato para el Premio Cervantes nos resultaría un poco difícil.

Ciudad de México, 3 de noviembre (MaremotoM).- “En 1977, a los quince años de edad, cuando tuve la certeza definitiva de que era homosexual, me juré a mí mismo, aterrado, que nadie lo sabría nunca. Como la de Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó, fue una promesa solemne. En 2006, sin embargo, me casé con un hombre en una ceremonia civil ante ciento cincuenta invitados, entre los que estaban mis amigos de la infancia, mis compañeros de estudios, mis colegas de trabajo y toda mi familia. En esos veintinueve años que habían transcurrido entre una fecha y otra, yo había sufrido una metamorfosis inversa a la de Gregorio Samsa: había dejado de ser una cucaracha y me había ido convirtiendo poco a poco en un ser humano”. Son las palabras del escritor madrileño Luisgé Martín, nacido en 1962, para explicar su tratado, confesionario, testimonio titulado El amor del revés (Anagrama).

Ya como le conocemos en historias anteriores, La mujer de sombra y La vida equivocada, entre otras, estamos hablando de un autor soberbio. Contara lo que contara uno no podría dejar de leerlo, aun como el mismo Luisgé admite con ironía: “soy el mejor secreto guardado de la literatura española”, ante una pregunta que nosotros le hiciéramos. Ahora acaba de ganar el Premio Herralde de Novela con Cien años.

Pero es cierto. Primero fue el descubrimiento del escritor, con su verborragia, sus dudas, su estilo y luego este hermosa narración de apartarse de las normas buscando un camino de perfección por un lado y por el otro teniendo que ir a una terapia conductual para cambiar sus “inclinaciones enfermas”.

Que el fondo no nos dé vueltas la forma y que este sea el retrato de un escritor a tope, con su confesionario a pleno, pero también con toda la literatura en su horizonte: la que ha venido, donde Martín había ido filtrando detalles de su biografía en sus novelas y la que está por venir, tan saludable cómo se le ve.

“De una densidad humana admirable. Un libro como el de Luisgé Martín sería superfluo en un mundo más afectuoso que el nuestro, donde hubiera respeto y donde se dejara a la gente vivir, amar y desarrollarse en paz”, ha escrito el enorme Fernando Aramburu y coincidimos con él.

–Eres un secreto muy bien guardado de la literatura española

–Para mi desgracia. Siento que este último libro me ha abierto muchas puertas, me ha dado dimensiones de ventas que no tenía, pero sí, hasta ese momento me sentía un autor secreto.

–Yo había leído La vida equivocada, luego leí El amor del revés. Todos tus libros son buenos, pero quizá este tuvo tanto éxito porque te muestras integralmente

–Sí, al final sí. Creo que la literatura autobiográfica, que en España tiene muy poca tradición, cuando uno se desnuda produce una empatía con el lector que corre de boca en boca

–Ahora, para ti no fue una cosa técnica: vamos a hacer autobiografía porque se lee más

–No, en ningún sentido fue por eso. La razón es que yo estaba cansado de mí mismo, necesitaba después de las últimas novelas, donde había puesto una serie de obsesiones, una serie de herramientas, que a veces vas perfeccionando, pero que a veces acaban contigo, cansándome. Y cuando acabé La vida equivocada, necesitaba hacer algo distinto y este es un libro que yo tenía pendiente. Creía que teniendo esa historia y que siendo escritor, había que contarla. No tenía por qué inventarme unos personajes o recrear algo que me sirviera de espejo. Me sentía además, literariamente, que cuando contara esa historia contarla de verdad, sin ocultar nada y sin meterme detrás del disfraz de nadie. En primera persona, recordando a ese chaval tonto que fui.

–¿Te sientes cerca de las nuevas corrientes narrativas que hay, con Emmanuel Carrere a la cabeza?

–Si, totalmente. Además es que cuando Carrere no era Carrere, cuando Anagrama publicó su primer libro, El adversario, recuerdo que para mí fue un libro absolutamente impactante. En mi novela Los amores confiados, comienzo hablando de El adversario y creo que en esa línea de narración yo me siento muy cómodo. No era el caso de El amor del revés, pero esa línea permite mentir, permite inventar, hacer un pequeño ensayo, disertar, permite todo y para mí a la hora de sentarse a escribir es muy tranquilizador.

–Sobre todo porque después de leer El adversario, uno no sabe qué decir. No sabe si el hombre es malo o malísimo, uno comparte el mismo sentimiento del autor

–Sí, esa capacidad que tiene Carrere para mostrar su desolación, cuando la historia en El adversario o De vidas ajenas, lo ponen en un vacío existencial. Ese abismo que hay en la condición humana, en gente muy parecida a nosotros y al final lo que encuentra ahí es la enfermedad, la locura, la muerte. La locura de Jean-Claude Romand en El adversario a uno lo desarma, claro.

–¿Cómo ves tu autoridad moral con respecto a los libros que escribirás?

–Bueno, eso ya me interesaba de antes, con La mujer de sombra, un poquito en todos mis libros, cada vez tengo más ganas de bucear en lo subterráneo, en lo oscuro, cada vez tengo más ganas de provocar. La sexualidad es algo por lo que ya no pido perdón y aparece en casi todos mis libros, tengo ganas de bucear en la parafilia, en el mundo de las obsesiones, de los secretos que tenemos y voy a ir por ahí. Estoy planeando cambiar de voz y tengo pensado escribir desde la voz de una mujer, que es algo que me reta…

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Luisgé Martín
Hay una serie de barreras de siempre y hay otras barreras nuevas que se están creando con lo políticamente correcto. Foto: Maristain

–Me parece que en el mundo de la corrección política uno debe ir por esos lados, debe provocar

–Tienes toda la razón. Hay una serie de barreras de siempre y hay otras barreras nuevas que se están creando con lo políticamente correcto, que sólo se pueden atacar desde la ficción y de la literatura; algunos tabúes que vuelven a ser tabú, con la pederastia, con el papel de la mujer. Las sociedades modernas se están reenfermando nuevamente y que necesitan desde la literatura, que es donde reclamamos libertad, se hurgue y se pueda hablar.

–A pesar de los gordismos, de los machismos, de los feminismos…

–Es cierto, ese tipo de cosas que crean tribus, que crean bloques que muchas veces se pretenden homogéneos, pero la realidad es muy distinta, son grupos heterogéneos, con intereses muy distintos y a veces enfrentados ideológicamente, políticamente, socialmente.

–¿Hay algún lugar, más allá de las tribus, donde uno pueda ir y sentarse, tranquilizarse?

–En España creo que no. Cada vez más mi mundo y mis mundos vecinos, la gente más o menos diversa con la que vivo, curiosamente, a pesar de que creemos que vivimos en sociedades en las que tenemos herramientas que nos auxilian y que deberían darnos algún tipo de pistas, algún tipo de paz, esas cosas están muy ausentes. En España, además, la religión es menos clerical, menos íntima, menos verdadera y participativa, por lo tanto ni siquiera las iglesias cumplen ese papel. Curiosamente creo que el mundo rural, apartado, en el que hay gente que se ha ido expresamente para apartarse del siglo, he encontrado esa tranquilidad que mencionas.

–¿Crees que en el mundo de las redes sociales pasaría una historia como El amor del revés?

–Esta es una cosa con la que me he sorprendido desde que publiqué El amor del revés, estuve visitando muchos sitios de España, me he encontrado todavía con chavales de 18 años absolutamente con vidas tortuosas, con vidas en las que han sufrido bulliyng, en las que sus amigos les han apartado, vidas parecidas a las que yo he vivido. Claro, de repente tomas Tinder y te puedes acostar con ocho esa misma noche; tienes un espacio, que es el de Internet, que te hace ver desde el principio, algo que a mí me costó mucho saber, que no estás solo, que hay muchísima gente como tú. Aunque tu vida real, personal, sea muy jodida, dura, en la que tus amigos insultan, tienes la idea –no así la de mi generación- que hay otros mundos, a lo mejor tú no puedes llegar, pero es gente que vive con plena normalidad y con plena libertad su homosexualidad y sobre todo el amor, que es en realidad de lo que estamos hablando. El sexo viene después, creo.

–Las mujeres tienen un mejor amigo homosexual y muchos homosexuales son misóginos. ¿Cómo desarrollarías la voz de una mujer?

–Hay una cosa que me interesa mucho y por ahí va a ir la novela, que son las diferencias sexuales entre los hombres y las mujeres. La diferencia de mirada hacia la sexualidad, pero no las culturales. Las culturales están claras, la mujer es igual que los homosexuales y tienen ese punto común, feminista, que nos sacó a los dos colectivos un poco del hoyo. Pero tengo la sensación de que en situaciones de igualdad cultural la visión de las mujeres y de los hombres respecto de la sexualidad es totalmente distinta. Y eso me interesa mucho, quiero hurgar en una mujer un poco masculina, creo, que vive la sexualidad de una manera mucho más activa, mucho más promiscua y mucho más cuestionadora.

Premio Herralde de novela
Explora las distintas formas del amor, las distintas formas del deseo. Foto: Cortesía Infobae Cultura

­–También es cierto que han aparecido unos cuantos sexos en el siglo XXI

–Eso me inquieta y me enfada un poco. Sinceramente pienso que esa obsesión de poner etiquetas a todo, en este mundo LGBT, esta obsesión de hablar del sexo fluido, no lo niego, puedo hablar del sexo fluido –aunque no tanta-, pero no de mí, no soy fluido para nada. Desde siempre sé que he sido hombre, nunca he tenido a una mujer en la cabeza y desde siempre sé que soy homosexual. No tengo ningún problema en aceptar la etiqueta gay o la etiqueta homosexual. Los homosexuales no somos personas a la que nos guste Madonna o usemos crema, ese tipo de cliché hay que dejar de usarlos.

–Antonio Orejudo, Rafael Reig, tú, Almudena Grandes, son esos escritores de la mediana edad que desde España se están haciendo notar

–Sí, también está Martha Sanz. Me alegra mucho lo que me dices, pero de todos modos creo que nuestra generación está todavía por hacer una obra maestra. Somos un poco una generación un poco encajonada, creo sinceramente con un nivel medio muy alto, pero si tuviéramos que elegir al candidato para el Premio Cervantes nos resultaría un poco difícil.

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