Guillermo Fadanelli

Soy un hombre agotado, pero cuando escribo el alma se despierta: Guillermo Fadanelli

“Recuerdo en el libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, una frase suya que justamente reza que el dolor abstracto es el más profundo de todos los dolores. Efectivamente, el tener conciencia de sí y de los demás es un fardo para un hombre sensible, un atolladero, una constante caída en la conciencia del sufrimiento. Así nos encontramos en esta novela a un personaje consciente, pero también observador. Alguien que mira”, dice Guillermo Fadanelli. Mañana, la gran presentación.

Ciudad de México, 16 de mayo (MaremotoM).- La lectura de Guillermo Fadanelli es continua. Tiene que ver con que todos sus libros van haciendo no una carrera de escritor, sino la misma obra y una mirada a la contradicción y al encuentro, a la lucha de un hombre por decirlo todo por escrito y al mismo tiempo la dificultad o la imposibilidad de hacerlo.

Este es el nuevo libro del autor, probablemente uno de los más importantes de México, que mediante filosofía y reflexiones, que parecieran estar en una plaza griega al lado de los pensadores más natos, nos va envolviendo en sus obsesiones. Es muy difícil entrar y luego salir del mundo de Guillermo. A veces me hace acordar a Pedro Lemebel, quien en una presencia durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, dijo: Querían entrar, ahora no los voy a dejar salir.

Este es el mundo de Stevenson, inadaptado (Literatura Random House). Tal vez hable del mismo autor y de pronto conozcamos a alguien que jamás ha sufrido enfermedad alguna y que, cierto día, decide pasar una larga temporada dentro de un hotel en la Ciudad de México. “Desde su insólita salud y su temperamento inadaptado observa y sufre el movimiento de una ciudad convulsa y presa del temor causado por una pandemia inesperada. Toda noticia acerca de esta enfermedad le resulta a Stevenson una ruptura del silencio que necesariamente debe acompañar a la vida”, es la sinopsis del libro. Nosotros fuimos a una entrevista en el Covadonga, como la que le hiciéramos antes, precisamente, de la pandemia.

“Recuerdo en el libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, una frase suya que justamente reza que el dolor abstracto es el más profundo de todos los dolores. Efectivamente, el tener conciencia de sí y de los demás es un fardo para un hombre sensible, un atolladero, una constante caída en la conciencia del sufrimiento. Así nos encontramos en esta novela a un personaje consciente, pero también observador. Alguien que mira”, dice Guillermo Fadanelli.

Guillermo Fadanelli
Editado por Literatura Random House. Foto: Cortesía

¿Alguien que mira y también escucha?

“Además de ser un virus totalmente publicitado, ahogado en la propaganda, el más perfecto y acabado para la época de la globalización, transforma las costumbres de las sociedades a partir del miedo. ¿Es un miedo infundado?, no podría responderlo. Sin embargo, intenta que sea la libertad, la decisión y la concepción de la enfermedad, la idea de la muerte, su experiencia ante los males físicos, quienes le den una opinión acerca de un virus que se transformó en una estrella de rock”, dice.

“La enfermedad es una experiencia propia e intransferible. La conciencia que cada quien tiene de la enfermedad es distinta entre uno y otro. En el fondo, esa es la principal molestia de Stevenson, cuando mira o escucha a su alrededor esta coreografía del Apocalipsis. Este montaje extremista que no transforma, sino debe transformar, su propia vida”, agrega.

En este virus social y harto-publicitado a todos nos dejó inadaptados, como a Stevenson. Hubo momentos en que no sabíamos qué era cierto y qué no.

“Una parte preponderante del miedo tiene lugar frente a la confusión. Uno no muere sólo de una enfermedad, comienza a morir desde muy joven, Stevenson es un hombre que nunca ha estado enfermo y para mí eso es importante en la novela. Me daba la libertad de construir una mirada extraña, de alguien que no concibe la enfermedad de la misma manera que el resto de sus vecinos”, afirma.

“El futuro es un barril sin fondo y él se siente un hombre afortunado de haber llegado a la media centena de edad, no relaciona el dolor con la enfermedad y la muerte de una forma ordinaria. La muerte es el horizonte, es lo que se nos impone y la enfermedad es el sostén de la salud”, agrega.

La novela es filosófica. Una novela para pensar y al mismo tiempo para debatir. Guillermo, ya pasados los 60 años, es un hombre que no se ha vacunado. También es un hombre que nunca se ha enfermado. “Esa idea de la salud como temperamento de la enfermedad “no me parece gratuita”, expresa.

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“Mario Stevenson llega a estas conclusiones desde la ausencia de la enfermedad”, para no hacer precisamente un discurso moral sobre el coronavirus, que todos harán en estos tiempos.

Guillermo Fadanelli
Mañana, la gran presentación. Foto: Cortesía

LA CRÍTICA DE NUESTRO PROPIO CUERPO

Toda la libertad que tiene un individuo no solo para criticar su propio cuerpo, sino también para criticar las instituciones, el gobierno, “aunque sea una bravata romántica”.

“Yo releí La peste, después de escribir Stevenson inadaptado. Camus es uno de mis escritores favoritos y me sorprendo de que en el fondo hay una cierta complicidad en la idea de que en cuanto aparece la peste o una epidemia o una enfermedad, los gobiernos se vuelven un poco más tiránicos. Comienzan a gobernar entre los amedrentados. Camus estaba también preocupado por la libertad, coartada por el temor a una peste”, afirma Guillermo Fadanelli.

–¿La libertad tiene que ver con la vacuna?

­–Allí depende de tu elección. En el momento que te conviertas en un forajido para tu sociedad al no cumplir el ritual de la higiene que dictan los expertos sostenidos en el miedo social, entramos en un mundo muy oscuro. Yo no me he vacunado y la única vacuna que me hace falta hoy es la de la rabia. Soy muy respetuoso al respecto del temor a la muerte de las personas. Los que se vacunan desean vivir y no enfermar a los otros. A mí me parece más bien un escenario religioso y moral que médico. Las estadísticas no me interesan, forman parte de una moral. La libertad de elegir incluso nuestra propia muerte e incluso el deseo de que mueran los otros. Cioran decía que cualquier persona más o menos cuerda odia a la mitad de los otros. Creo que se quedó corto. Odio la miseria y la injusticia, pero en mi intimidad me tiene sin cuidado si mueren o no las personas por determinada enfermedad.

Guillermo Fadanelli
¿Es un miedo infundado?, no podría responderlo. Foto: Cortesía

Mario Stevenson es economista, que ha elegido su propio apellido y define a la economía como el valor que le da una persona al sufrimiento. “No ahonda en reflexiones profundas y está en contra de la ciencia como dogma. La ciencia es ciencia porque cambia, se mantiene en movimiento, concebirla como un dogma eclesiástico es un dislate”, afirma.

Soy un hombre agotado, pero cuando escribo el alma se despierta

Fadanelli dice que la novela no debe de tener un mensaje explícito. La novela debe divagar de un lugar al otro. “En este caso particular intenté que no hubiera un mensaje al pie de la letra, que fuera sencilla de leer, que la pudiera leer cualquiera que no sabe de ciencia ni de filosofía. La sencillez no es un valor, pero creo que en estos días puede darle mayor vida a la ficción. Una extensión modesta, prudente, no endilgarle al lector una Biblia más, ser un escritor agradecido por ser leído y escribir y salir corriendo por la puerta de atrás”, dice.

“Para mí la muerte de un ser querido siempre es una muerte inesperada”, dice Guillermo al hablar del reciente fallecimiento de Carlos Martínez Rentería. “El mundo cambia cuando mueren esas personas que te han acompañado a lo largo de la vida. Carlos era un lector de mis novelas, mientras me leía sus poemas siempre plantados en la noche, en la barbarie, en la promiscuidad. Lo he sentido mucho, trato de no pensar en ello y prefiero decir como John Cage: nosotros ya no estamos”.

Editado por su gran amigo, Andrés Ramírez, Fadanelli cree que este editor “no es mercantilista, no te publica sólo por el nombre y lee los libros que va a publicar.

“La novela me está cansando, ya te lo había dicho, sin embargo, siempre escribo dos o tres libros al mismo tiempo. No me puedo concentrar en algo, soy un lector atribulado, descuidado y muy interesado en el ensayo, en la filosofía. Repito una vez más, la frase de Bertrand Russell que dice: no me suicidé porque quería saber un poco más de matemática. Soy un hombre agotado, pero cuando escribo el alma se despierta”, concluye.

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