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Spencer: otra mirada a Diana, la hipervista

Diana simplemente desfalleció bajo ese peso. Es un lugar común decir que Diana era el gorrioncillo dentro de la mina, pero creo que no hay mejor manera de definirla. Un pajarito con las alas rotas, un faisán en espera de que le disparen.

Ciudad de México, 20 de enero (MaremotoM).-Desde la tribuna de la plebe, una piensa que los nobles, detrás de sus castillos amurallados, se la deben pasar bien. Si le damos crédito a series como Dowton Abbey o The Crown, es maravilloso cómo comen, cómo visten, los muebles comodísimos de sus salas. ¡Los sirvientes, tan dedicados, tan precisos! Imaginen ni siquiera saber qué es un fin de semana porque todos los días son domingo. Esa vida tan privilegiadamente aburrida.

Desde ese punto de vista, qué quejica parece a Diana, la eterna Lady Di, que simplemente nunca se hallo a sí misma dentro de la familia real de Inglaterra (¿hay otra? Con todos los escándalos que conocemos a últimas fechas, tal parece que Isabel II y su prole son los nobles favoritos de la prensa rosa—y hasta de la roja).

Pero para una gran cantidad de fieles, Diana fue un personaje tan carismático que la llamaban la Princesa de corazones. Sobre sus delgados hombros cayeron las expectativas del pueblo inglés sobre su familia real. Eran ella y la reina los dos extremos del cariño que tiene buena parte de los británicos sobre su realeza. Isabel como el poder la solemnidad del trono, Diana como la suavidad y la cercanía. Qué complicado ese equilibrio.

Diana simplemente desfalleció bajo ese peso. Es un lugar común decir que Diana era el gorrioncillo dentro de la mina, pero creo que no hay mejor manera de definirla. Un pajarito con las alas rotas, un faisán en espera de que le disparen.

¿Qué más podemos saber de Diana Spencer? Durante toda su vida como esposa de Carlos de Gales tal parece que supimos exactamente quién era ella. Spencer, la nueva cinta del chileno Pablo Larraín, es una nueva mirada a Diana, la hipervista. Intimista, la cinta sigue a Diana a través de un fin de semana insoportable.

Navidad. Toda la familia real se reúne en el Palacio de Sandrigham, la casa de invierno de la reina Isabel. Diana (Kristen Stewart) llega tarde porque se pierde en el camino. No lleva chófer ni seguridad, decidió, en un gesto de rebeldía (su rebeldía es comportarse como una adolescente de clase media), llegar en auto a Sandrigham.

El sitio no le es extraño, creció en una casa cercana. Al llegar ve a un espantapájaros. Es una señal, ella se siente como ese monigote.

Escena uno: un comando militar lleva una carga que parece peligrosa e importante. ¿Armas, algo para mantener la seguridad del perímetro de la casa? Es algo todavía más crucial: la comida que degustará la familia. Un cartel en la cocina: “Sin ruidos fuertes. Ellos pueden escuchar”.

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La comida es algo especialmente doloroso para Diana. Atormentada por la bulimia, Diana sabe que su peso, como prácticamente todo en su vida, será fiscalizado. Tradición: todos los miembros de la familia deben pesarse al llegar a Sandrigham. Si no suben de peso al irse, significa que no fue una buena Navidad. Diana no quiere pesarse: “La mitad de mi peso son joyas”, dice queriendo ser chistosa. Las joyas: el príncipe Carlos les dio por Navidad a Diana y a su amante—Camilla Parker— el mismo collar de perlas; y lo más probable es que el príncipe ni siquiera se haya dado cuenta. Ouch.

Kristen Stewart protagoniza. Toda la película tiene como corazón la actuación de Stewart y esa es su principal falla. Me parece que el rol le queda grande. Durante los primeros 20 minutos de la cinta Stewart tiene dos caras: sufrida y mortificada. Su Diana es de un patetismo que cae gordo. ¿Será que la dirección no es buena o que Stewart no tiene mayor rango actoral? Un poco de ambos, estoy segura.

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Me parece que el rol le queda grande. Foto: Cortesía

Larraín no es un mal director. Se ha especializado en las cinta biográficas y Spencer es su película más lograda (su biopic anterior, Jackie, sobre Jacqueline Kennedy, fue injustamente crucificada por la crítica). A pesar de los lujos, el director logra que nos sintamos tan asfixiados como su personaje principal.

La cosa mejora a medida que se va desarrollando la trama, el guion de Steven Knight es sólido, aunque comete ese error tan dado a escritores que quieren ser muy autorales: en vez de dejar que las cosas se desarrollen con simpleza hace todo sea un símbolo. El libro de Ana Bolena en el buró de Diana, la regadera, la báscula, el collar de perlas, la tarta de albaricoque que el chef le prepara especialmente. Todo es un símbolo y eso cansa.

Diana tiene dos oasis en ese fin de semana, ver a sus hijos y a Maggie (una Sally Hawkins regia), su valet con quien ha hecho buenas migas porque es la única que la trata como un ser humano.

Qué maravilloso papel hace Sally Hawkins, la pantalla se vuelve technicolor cuando sale a cuadro. Cariñosa como un enamorado, su Maggie sabe de la fragilidad, pero también de la fuerza, de Diana. En sus manos, Diana es divertida, indomable.

El reparto está completo con Hawkins y otros actores de carácter como Timothy Spall (un flemático militar que aquí ejerce de mayordomo, su verdadera función es cuidar que Diana, con sus comportamiento errático, no alimente a la prensa escandalosa) y Sean Harris.

¿Spencer tiene oportunidad en la temporada de premios? Sin duda es el tipo de cinta que gusta a la Academia y se ha hecho campaña para nominar al Oscar a Stewart. Es la opinión de esta reseñista que no es para tanto.   

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