Mónica Lavín

“Tengo la sensación de que las escritoras de mi generación no existimos”: Mónica Lavín

“Hay por un lado Rosario Castellanos y por el otro las escritoras más jóvenes, nosotras no existimos”, dice Mónica Lavín, en un contexto donde por supuesto hay comunicación entre todas las escritoras, pero para el establishment publicitario y para ciertas instituciones ignorantes que se van por donde va la tendencia, pareciera ser que si no naciste en los 80, tu obra carece de valor.

Ciudad de México, 24 de abril (MaremotoM).- Mónica Lavín podría decirse que a raíz de su reciente novela Todo sobre nosotras (Planeta) es profundamente feminista. Sin embargo, es una escritora libre cuando se dio cuenta de que tenía que escribir sobre lo que quisiera y hacer en definitiva “una novela sobre mujeres”, que es lo que se dice de su historia.

Claro, habría que ver el tema del patriarcado para determinar si las novelas de hombres no son precisamente una conclusión de género y entonces dejar de mandar “lo femenino” a cierto rincón donde los hombres no entran.

Todo sobre nosotras “es un profundo homenaje a la complicidad femenina, a la manera en que estas amistades cambian las vidas de las mujeres y las enfrentan a lo más vulnerable del corazón humano”, dice la sinopsis. Habla precisamente de la amistad entre mujeres, esa categoría en la que hay muchos clichés (todos horribles) y que sin embargo pone en juego a muchas sutilezas, a muchas cosas que no se dicen, porque en definitiva –dice la autora- “pocas veces sabemos lo que pasa en el otro, sabemos del otro”.

Mónica Lavín (1955) es autora de las novelas Café cortado (Premio Narrativa de Colima 2001), Hotel Limbo (2008), Yo, la peor (Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2010), Las rebeldes (2011), La casa chica (Planeta, 2012), Doble filo (2014) y Cuando te hablen de amor (Planeta, 2017), que fue finalista en la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa 2019; de los libros de cuentos Ruby Tuesday no ha muerto (Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 1996), Uno no sabe (2003), La corredora de Cuemanco y el aficionado a Schubert (2008), Pasarse de la raya (2010), Manual para enamorarse (2012) y A qué volver (Tusquets, 2018); entre sus ensayos se encuentran Leo, luego escribo (2001), Apuntes y errancias (2009), Sor Juana en la cocina (2010), Cuento sobre cuento (2014) y las entrevistas de Mexicontemporáneo (2016).

Actualmente es columnista del diario El Universal y conduce el programa de televisión Contraseñas, en el cual entrevista a figuras literarias. Es profesora e investigadora en la Academia de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

En su novela Cuando te hablen de amor, cuenta la historia de dos mujeres para hablar sobre “las dos caras de la actitud frente al compromiso amoroso”: Maya, una joven que tiene dudas sobre su eminente boda y Eugenia, una vendedora de vestidos de novia que “tiene su propia historia de desilusión, a pesar de que es una vendedora de ilusiones”.

En ese diálogo de dos generaciones donde está asentada la literatura, más allá de las circunstancias del estado de la industria que “ignora” a las escritoras nacidas en los 60 y en los 70.

“Hay por un lado Rosario Castellanos y por el otro las escritoras más jóvenes, nosotras no existimos”, dice Mónica Lavín, en un contexto donde por supuesto hay comunicación entre todas las escritoras, pero para el establishment publicitario y para ciertas instituciones ignorantes que se van por donde va la tendencia, pareciera ser que si no naciste en los 80, tu obra carece de valor.

Mónica Lavín
Lo que siento es que antes me preocupaba que no se me etiquetara como una mujer que escribe sobre mujeres. Y eso me dejó de preocupar. Foto: Cortesía Facebook

–En los últimos tiempos te has vuelto más feminista, ¿es así?

–Lo que siento es que antes me preocupaba que no se me etiquetara como una mujer que escribe sobre mujeres. Y eso me dejó de preocupar. Voy a escribir de lo que necesite cuando quiero.

–Eso te habrá dado mucha libertad…

–Desde luego, pertenezco a una generación que no estaba en la denuncia, las mujeres anteriores fueron mucho más sojuzgadas. Somos profesionales –por supuesto, hablo de un grupo, no de todas las mujeres-, me acuerdo que nunca me preocupaba que yo era una mujer que hacía tantas cosas. En el básquetbol sí me preocupaba, en el sentido de que había personas que decían que como era mujer jugaba a un deporte tan rudo. Me costaba defender mi espacio socialmente. En lo demás no. En Café Cortado, me interesaban mucho los personajes de ellos, porque además el mundo del café es un mundo de hombres. De repente quizás las historias se han ido inclinando a los espacios de libertad de las mujeres. Aunque siempre he escrito sobre mujeres. Me acuerdo que con ese libro de una mujer basquetbolista que iba por la carretera, durante un curso en San Luis Potosí, una chica me dijo: –¿De veras se puede hacer esto? Una mujer adolescente que viaja a otro país…era impensado.

Mónica Lavín
Cuatro escritoras grandiosas: Rosa Beltrán, Ana Clavel, Ana García Bergua y Mónica Lavín. Foto: Cortesía Facebook

–Cuéntanos sobre Todo sobre nosotras

Todo sobre nosotras es un deseo de explorar los hilos sutiles de la amistad femenina. Desde que somos niñas cómo elegimos amigos y cómo se teje esta relación a lo largo de los años. Es muy de mi generación, tiene que ver con el viaje que es un tema que me interesa mucho. Con la reunión en la distancia, en casa de una de ellas, una oportunidad de conversar quiénes son ahora, está el misterio del otro, nunca logras realmente asir al otro. Hay un misterio que es fuente de la perdurabilidad de la relación con el otro.

–Esos lenguajes sutiles entre las mujeres

–Sí y además estas ideas sobre la pareja, sobre la no pareja, las decisiones tomadas en cómo vivir. Quería hacer una novela que tratara esta naturalidad de las reuniones, donde se cuida de no pelearse, de no agredirse, pero finalmente sale esa parte oscura que no podemos siempre atajar del todo.

–Dicen que las amistades dicen todo…tú muestras que no es así

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–Por eso eché mano de los momentos privados de cada una, donde está lo que cada uno empieza a descubrir y no está dispuesta a revelarlo. Una condición de la amistad es estar para el otro, a lo mejor no sabes todo, pero siempre estás. Me gustaba explorar lo que dejamos de saber cuando la amiga muere. Hay que inventar a través de las distintas versiones tratar de construir una, no poder apresar la verdad del otro, del todo. Las fragilidades, eso que tratamos de cubrir y de proteger siempre, es un tema que me gusta mucho.

–Me hizo acordar mucho a Demasiado amor, de Sara Sefchovich, la vi en el cine…

–Yo la veo un poco como serie. Es muy visual, no pasa nada gordo…

–No hay personajes de esa edad haciendo series o cine. Vimos la película Gloria, de Chile…

–Me encantó esa película. ¿Te acuerdas que baila al final? Creo que mi novela es un homenaje a esa película y al final la respuesta a la vida es el baile. Hay muy pocas series con esos personajes, voy a hablar con mis editores…

–Tú estás casada con un hombre de cine…

–Eso es cierto. Tendría que juntar dinero…

–¿Le gustó a él?

–Sí, le gustó, pero no tanto. A él se la di a leer antes de que fuera publicada. Siempre me hace comentarios interesantes, sobre todo de la construcción de los personajes. Siento que no es una novela que haya entrado como en otras. Los lectores hombres jóvenes están entusiasmados porque piensan en sus amigos, pero casi todos me dicen que es una novela para mujeres…

–En ese caso habría que pensar en el patriarcado…hemos leído todo el tiempo novela para hombres. Hay que educar al lector…

–Las mujeres no tenemos esos prejuicios. Lees por ejemplo El señor de las moscas, que son todos hombres. Ellos tienen muchos prejuicios.

–Marcas esa cosa de la generación, de ser joven toda la vida

–Sí, tienes razón. En estos momentos de la pandemia me ha caído el 20 de la edad. Es una sensación de ser grupo de riesgo y hay un reloj biológico, aunque tu cabeza ande en esa sobrevalorada juventud.

–También es cierto que somos hijos de los ‘60

–Por eso la música que yo pongo es de esa época. Este es nuestro mundo y nuestro momento. Fue un privilegio haber sido adolescente en esa época.

Mónica Lavín
Siento ese relevo generacional que me entusiasma mucho, pero por otro lado una sensación de que no existimos, una sensación de invisibilidad, como si no hubiera nada entre Rosario Castellanos, Elena Garro, Amparo Dávila, que acaba de morir, y la nueva generación. Foto: Cortesía Facebook

–¿Cómo te sientes con respecto a la literatura, pareciera ser que las escritoras jóvenes son las únicas para leer?

–Siento ese relevo generacional que me entusiasma mucho, pero por otro lado una sensación de que no existimos, una sensación de invisibilidad, como si no hubiera nada entre Rosario Castellanos, Elena Garro, Amparo Dávila, que acaba de morir, y la nueva generación. Como si en medio no estuviera esta generación de escritoras que todavía seguimos escribiendo. Hay mucha atención internacional a las escritoras jóvenes, es el momento de las mujeres que tienen esta visibilidad, que son interés de las casas editoriales, acabo de leer a Fernanda Melchor, que trata el tema de la violencia, este tema también importa.

–Son muchachas que han teorizado sobre el tema del feminismo, nuestra generación ha sido defender nuestra vida, tienen un nivel de teoría maravilloso y estamos aprendiendo mucho de ellas…

–Nosotras hemos sido muy formadas de a pie, en la práctica, en lo que hacemos, nuestra manera de ganarnos el dinero. Tengo una hija antropóloga de 34 años, que me enseña mucho. En Todo sobre nosotras, las hijas hablan de que sus madres estaban nulificadas, pero no es algo sobre lo que teorizo. Hay una reflexión y una manera de estar en que ellas son muy conscientes del momento que están ocupando.

–Sigues adelante, la novela Cuando te hablen de amor ha sido candidata al Premio Bienal Vargas Llosa. ¿Cómo ha sido esa experiencia para ti?

–Me dejó mucha emoción. Estuve entre las 10 seleccionadas. El primer premio que recibí que fue el Gilberto Owen por Ruby Tuesday no ha muerto, la primera sensación que tuve es que había alguien que le interesaba lo que había escrito. Luego vi todos los nombres que había, pensé que todo iba a ser más difícil, tú y yo platicamos de la hermosa novela de Álvaro Enrigue…

–Sí y casi todo estábamos con Ordesa, de Manuel Vilas

Ordesa es un libro de mi corazón y que me dio la oportunidad de conocer al autor…

–¿Qué autoras nacidas en tu generación te gustan y que la gente debería leer?

–Yo nací en el 55, de repente no sé si pertenezco a la generación del 50 o del 60. Hay autoras que leo siempre con mucho entusiasmo: Ana García Bergua, Rosa Beltrán, los cuentos de Verónica Murguía, poetas de mi generación como Myriam Moscona, con su fantástica Tela de sevoya. Hay autoras como Silvia Molina, tiene un libro que sucede en Bélgica que me gusta muchísimo. Unos cuentos tempranos de Ethel Krauze, Rosina Conde, que usa un lenguaje de frontera, Ana Clavel, Josefina Estrada, en general todas muy olvidadas.

–No estamos haciendo una diferencia de edades, pero sí poder decir las relaciones que hay entre escritoras más jóvenes y las anteriores…

–Seguimos escribiendo, preguntándonos, arriesgándonos en la exploración de formas de la escritura. Es una parte de estar viva y de eternamente joven en la literatura. No tienes un solo molde y te repites. Anamari Gomis acaba de publicar un libro de cuentos maravilloso. Todas tenemos que creer en la extensión de nuestras personas en la escritura y la idea del riesgo me parece fundamental.

–¿Qué escribes ahora?

–Estoy terminando un libro de cuentos. Y estoy escribiendo un texto que tiene que ver con la muerte de los padres. No sé en qué va a acabar.

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