Tetas al aire contra el Islam

Ciudad de México, 31 de marzo (MaremotoM).- Uno pensaría que para defender la equidad social en el mundo, “minar los fundamentos del sistema patriarcal expresados en los regímenes dictatoriales, en la iglesia y en la industria del sexo”, se necesita mucho más que un par de tetas al aire y consignas. Femen, una organización autoproclamada feminista, cree lo contrario y en topless irrumpe virulentamente, conclaves, inauguraciones, y actos oficiales variopintos.

Algunos han visto en Femen, organización ucraniana fundada en 2008, un novedoso estilo provocador, un acto estético transgresor, donde la reapropiación del cuerpo construye una imagen sensual y poderosa que descontextualiza la representación del cuerpo femenino y en automático se opone a un relato patriarcal.

La espectacularidad de las puestas en escena de Femen, la simultaneidad en su cobertura, su adhesión a causas que generan anuencia y sus proclamas revolucionarias, les han valido que algunos crean que su estrategia es novedosa y que otros, aún más despistados, las tomen como herederas posmodernas del rico caudal feminista del siglo XX.

Una mirada menos entusiasta y más fría nos hacen albergar objeciones sobre la utilidad o el carácter progresista del movimiento, cuando no de su honestidad. A Femen se le puede criticar al menos desde dos puntos de vista, uno, tiene que ver con su coherencia feminista vista a la luz de los movimientos del siglo pasado y otro, con la triste reedición de un discurso político neoconservador más amplio.

Una mirada menos entusiasta y más fría nos hacen albergar objeciones sobre la utilidad o el carácter progresista del movimiento, cuando no de su honestidad. Foto: Página oficial de FEMEN

Femen nació luchando contra la prostitución en Ucrania y más tarde, combatió las tentativas de su legalización con motivo del Mundial de Futbol en 2012.

Ya en la década de los noventa, el sexo en las luchas feministas ocupaba un lugar preponderante como elemento sujeto a una gestión personal y privada. Tal libertad sexual se manifestaba abiertamente a través de posiciones en pro y en contra de la prostitución y la pornografía, por ejemplo. El derecho a reconocerse un ser sexual y ser dueña del propio cuerpo, sin embargo, arrastraba y arrastra el problema de la autorrepresentación. La transformación del cuerpo femenino “colonizado”, “apropiado” y representado a medida del deseo de los hombres, sigue siendo un reto para las “feministas post”.

Cuando las feministas de Europa occidental y de América, en los noventa, habían ya dado una vuelta de tuerca a la libertad sexual, que incluía el libre albedrío para estar a favor o en contra de la prostitución y la pornografía, Femen, en 2008, se opone implícitamente a esa libertad.

Es cierto que el contexto donde nace Femen es diferente al de las democracias liberales de Occidente, que su pobreza en recursos y teorías y su retórica ingenua es de un feminismo primitivo y defensivo que no ha conocido las luchas del siglo pasado, ni las políticas de Estado a favor de las mujeres. Es cierto también que no hay una sola manera de vivir y construir el feminismo y sin duda, las mujeres ucranianas sufren una explotación patriarcal brutal, sin embargo, esto no hace necesariamente, de las actividades de Femen, un activismo ni feminista, ni progresista, ni útil.

No es un activismo ni feminista, ni progresista, ni útil. Foto: Página oficial de FEMEN

Los métodos del movimiento, contrariamente a subvertir y deconstruir los códigos dominantes, los usa, los refuerza y los publicita. Femen exalta la sexualidad femenina, no desde la creativa descontextualización de los patrones del opresor, sino desde el estereotipo una y mil veces refrito del relato masculino. Lo que Femen pretende etiquetar como un acto liberador de transgresión social y recuperación del cuerpo, no es muy diferente a la representación femenina de la publicidad, la pornografía y el arte en general. Femen pone al cuerpo de las mujeres, al servicio de un relato masculino.

Cabe preguntar a Femen, más allá de las tetas al aire, cómo trata críticamente los problemas de la autorrepresentación; cómo se cristalizan los logros de su poder más allá de la cobertura mediática; cuál es su aportación a la identidad comunitaria más allá de la imagen de mujeres histéricas que se regodean en el pataleo.

Femen enarbola causas objetivas para legitimarse, tales como la ecología, la pobreza y la equidad, cuya defensa genera consensos y complacencia en la lucha, aunque las integrantes no tengan ninguna idea del mecanismo por el cual las tetas al aire contribuyen a un mundo mejor.

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Femen, voluntaria o involuntariamente, ha hecho eco de un discurso neoconservador y reaccionario. Página oficial de FEMEN

Por otra parte, Femen, voluntaria o involuntariamente, ha hecho eco de un discurso neoconservador y reaccionario.

Este año, una joven tunecina de 19 años, Amira Tyler, desconocida hasta entonces, brincó a la fama mundial por publicar en las redes sociales fotografías con las tetas al aire con sendas leyendas donde se leía: “al diablo la moral” y “mi cuerpo me pertenece a mí y no representa el honor de nadie”. Como era de esperarse, los sectores más conservadores reaccionaron y cierto imán dictó una fatua que la condenaba a recibir 100 latigazos y a morir lapidada. Casi de inmediato, el colectivo Femen se embarcó en una campaña mediática global emulando las acciones de Amina y protestando públicamente, no sólo con la intención de “salvarla” de la delirante sentencia de un solo islamista radical, sino también para abogar por la libertad de todas las mujeres pertenecientes a una comunidad de mil millones de personas repartidas por los cinco continentes.

Con estas acciones, Femen ha optado por explicar los fenómenos y conductas de las personas por la pertenencia a su grupo. Mediante el estereotipo y el menosprecio, han erigido un muro entre “nosotras” y “ellas”: nosotras, las de vocación libertaria y ellas, las mujeres musulmanas; las libertadoras y las que necesitan ser liberadas.

Femen trata al Islam como una entidad monolítica y tienen una visión maniquea que les impide reconocer identidades colectivas que no son la propia. No nos confundamos, no nos adherimos a un ciego determinismo cultural que aprueba los latigazos o la lapidación arraigada en los usos y costumbres; creemos más bien, que la emancipación frente a la vertiente más radical del islamismo reeditada a mediados del siglo XX, no depende de un feminismo de importación; las mujeres musulmanas deben ser responsables de su propia “liberación” y a Occidente corresponde no cerrar los ojos ante las contribuciones que ha hecho, para que los musulmanes se refugien en prácticas de cuño fundamentalista.

Femen ha adoptado la falaz disyuntiva entre las tetas al aire y la sumisión patriarcal y con su crítica maniquea borra la frontera entre el islam y el fundamentalismo islámico. Las acciones de femen no buscan propiciar el debate, de ser así, defenderían la separación de lo teológico y de lo político, por ejemplo; nadie es tan ingenuo para pensar que sus actos puedan propiciar un despertar de la mujer “oprimida”. La libertad no se manifiesta atacando una identidad colectiva que por cierto, encierra también una identidad individual e íntima.

El maniqueísmo, sin embargo, da buenos frutos: es muy gratificante presentarse como apóstol del bien y la libertad universal al mismo tiempo que se recluta adeptos atraídos por la imagen de un liderazgo moral intransigente.

No se sabe si la exacerbación del conflicto, la virulencia y la provocación, es causa o es consecuencia de la pobreza intelectual y conceptual de Femen; lo cierto es que con el uso de ingredientes descontextualizados venidos del islam (topless jihad), usando elementos caricaturizados de un imaginario prejuicioso y superficial (sextremism), se hace blanco no sólo de los ulemas fundamentalistas, sino también de los cientos de miles de migrantes musulmanes que comparten el país con las nudistas de Femen.

El movimiento ucraniano se ha puesto del lado de la tesis del choque de civilizaciones, de los discursos propagandísticos y el panfleto de la diferencia entre “ellos y nosotros”, llevado ahora al campo del género; El feminismo no necesita eso. No se dialoga con quien niega la identidad prójima y próxima, como lo han expresado en sus réplicas a través de las redes sociales, las mujeres musulmanas que no se sienten ni representadas, ni liberadas por Femen.

Como a los caricaturistas daneses que dibujaron a Mahoma con una bomba como turbante, para demostrar cuán libres son, a las integrantes de Femen habría que recordarles, como apunta Tvetzan Todorov, que “entre el ámbito legal que se apoya en prohibiciones y el personal, donde la libertad se amplía, se inserta un ámbito público y social impregnado de valores”.

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