The Act

The Act, una historia de dos monstruos: ¡Genial Patricia Arquette!

El 14 de junio de 2015 aparecía apuñalada en la cama que compartía con su hija enferma, Dee Dee Blanchart. Su hija, hasta ese momento considerada enferma por el público estadounidense, que la amaba, estaba desaparecida.

Ciudad de México, 1 de abril (MaremotoM).- Una de las cosas buenas por las que afiliarse gratuitamente (una semana entera) a la cadena StarzPlay es precisamente para ver The Act, esa serie que le hizo ganar el Globo de Oro y tantos otros premios a la actriz Patricia Arquette.

Ella es la gran fuerza para relatar la historia de ese monstruo que generó otro monstruito, su hija, en el medio de mentiras y una sobreprotección “cariñosa” que a ambas las destruyó.

La historia es real y la historia es de Gypsy Rose Blanchard, contada en ocho capítulos y que hace a la cadena StarzPlay a vivir en el medio de miles de otras ofertas. Hay que decir una cosa a favor de los grandes productos: Cuando hay una buena historia, un buen director, buenos actores, siempre se consigue una transmisión. Vamos, que de Chumel no vive HBO, por ejemplo.

The Act
Había que cortarle el pelo, para que pareciera enferma. Foto: Cortesía

El 14 de junio de 2015 aparecía apuñalada en la cama que compartía con su hija enferma, Dee Dee Blanchart. Su hija, hasta ese momento considerada enferma por el público estadounidense, que la amaba, estaba desaparecida.

La serie va contando cómo esa madre que adoraba y cuidaba a su niña en medio de enfermedades inventadas, que le hacía poner una sonda gástrica cuando en realidad no la necesitaba, que no la dejaba comer azúcar porque decía que le tenía alergia, no permite crecer a Gypsy Rose.

Cuando vemos a la chica –que ya tiene 18 años y Dee Dee empeñada en sacarle la edad- tomar coca cola a la noche, a escondidas, vemos hasta qué punto llegan esas diferencias. El acto más grave de todo, es que Dee Dee le hace sacar todos los dientes cuando se infecta por comer azúcar a la noche. La costumbre de gobernar por todos los medios sobre el cuerpo de otro es lo que hace ese amor desigual, imperfecto y dañino.

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Los dientes arrancados. Foto: Cortesía

A punto de morirse por la diabetes (porque ella sí tenía alergia al azúcar), estresada porque ya no sabe qué hacer con su hija, a la que ata a la cama como última salida, a la que le destroza su computadora, el personaje de Dee Dee es tan complejo e intenso que Patricia Arquette (una actriz inigualable) se ha ganado todos los premios.

“Creo que había una especie de versión letal de la codependencia. Creo que había una versión muy letal de la angustia por la separación y miedo al abandono. Esa sensación internalizada de que la enfermedad y el amor en cierta forma estaban unidos. Y también estaba el factor financiero, que también influía, porque podía recaudar fondos y no trabajar. Así podría decirle al mundo que Gypsy era su trabajo de tiempo completo”, comenta la actriz, al referirse a su personaje.

Por supuesto, no hay que sacarle méritos a Joey King, la actriz que padecía discapacidad intelectual, leucemia, distrofia muscular, asma, se alimentaba con una sonda y usaba silla de ruedas. Y la actriz que no padecía nada de eso, que menstruaba, que se enamoraba, que tenía orgasmos, sueños y que quería salir a la calle.

Es interesante el papel del asesino, encarnado por el canadiense Calum Worthy, quien establece una relación con Gypsy bastante parecida a la que ella tenía con su madre Dee Dee. Tiene una enfermedad mental (“Sólo puede pensar como un niño de quince años”, informa su madre, Juliette Lewis) y mata a la señora Blanchart, obligado por ella.

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Los médicos engañados por Dee Dee. Foto: Cortesía

“Esa chica es una bestia”, es la definición que da Stephanie Godejohn, la madre de Nick, el asesino real, con un cuchillo comprado por la novia en el mall.

Al final de la serie uno se queda pensando, por un lado en el monstruo de la madre, pero también en el monstruo de la hija. Intentó sanarla del todo, pero la enfermó con un grado de codependencia feroz. La chica debe ahora vivir sola. Quién sabe si podrá.

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