The old man

The Old Man | No es país para viejos agentes de contrainteligencia duros

Bridges tiene la seriedad envejecida de un personaje de una canción de Tom Waits, el tipo de persona que está a punto de hablar con nostalgia sobre todos los coches que ha tenido y conducido, a lo largo de su vida.

Ciudad de México, 12 de julio (MaremotoM).- Hay una vieja regla narrativa en Hollywood que dice que cuando se trata de libros o películas, nadie lleva las tripas bien, con los consiguientes devaneos del cuarto del Sr. Roca. Un viaje al baño es una violación del principio de las armas de Chéjov, en el que todos los detalles deben contribuir a la narrativa general. Además, nadie quiere ver esa el fondo de ese inodoro.

Sin embargo, The Old Man es la novela de Thomas Perry, que adaptan Jonathan E. Steinberg y Robert Levine (2022).

La historia se abre, en la pantalla, con el personaje de Jeff Bridges haciendo sus necesidades no una sino tres veces durante una sola noche. Es un anciano, después de todo o quiere dar esa imagen, aunque quisiéramos estar, como está la estrella de L.A., muy bien llevado, vamos llevadísimos. Jeff Bridges, a los 72 tacos, después, de lo pasado en estos tres últimos años. Y eso nos lo deja muy claro el show. En un momento, un asaltante con muy mala leche, le dice: “Vete a la mierda, viejo” en medio de una pelea con cuchillos y solo unos momentos después, otro se burla de “ser sacudido por un anciano”.

Casi parece cruel, dada la historia personal reciente de Bridges: una batalla prolongada contra el COVID-19 mientras recibía quimioterapia por un linfoma, lo dejó, “muy cerca de la tumba” el año pasado. (La producción se detuvo al comienzo de la pandemia y luego nuevamente después del diagnóstico de Bridges).

Incluso, podría parecer desalmado, si no fuera por el aura infalible del desapego divertido de ese tipo llamado “el nota” que lleva con mucha chacota esos espléndidos 72 años. Bridges tiene la seriedad envejecida de un personaje de una canción de Tom Waits, el tipo de persona que está a punto de hablar con nostalgia sobre todos los coches que ha tenido y conducido, a lo largo de su vida.

De hecho, parece que Bridges ha ido a una de esas peluquerías vintages, regentadas por hípsters con la barba muy bien cortada, aseada y acicalada, con aceites nobles. Lo dicho, su barba, queda igual de bien, que más de un personaje del western de los Coen The Ballad Of Buster Scruggs.(2018) Se adapta bien al peso curtido del personaje, Dan Chase, quejándose de las bromas que le gasta a su médico de cabecera, las chacotas con una camarera mientras lee con las gafas de presbicia  y las bromas de papá con una primera cita. ¿Pero quienes son ellos? Demonios, una pareja de rottweileres americanos con nombres de personas muy americanas. Fieles, educados y letales con sólo un chiflido de Chase.

 

Hay que reconocer que el tipo tiene esa gracia de los viejos tiempos que le permite encontrar el golpe perfecto de Robert Plant en la radio, cuando dicha cita no puede hacer funcionar el bluetooth. Pues sí. Así de majo es papá Dan Chase. Empero, DC no es el padre que ustedes creen o que hubieran querido tener.

Un abuelo o un bisabuelo ExLed Zeppelin o ExDeep Purple. El apuesto abuelete es un exagente de la CIA, cuya despreocupación en Connecticut se ve destrozada por un asesino a sueldo de medianoche, uno de esos malvados, el cual, no han alertado al pobre Chase, las grandes multinacionales de la seguridad Prosegur o Securitas. Todo lo contrario, gracias a su habilidad, en plan McGyver y el bricolaje, con latas vacías —de comida para perros— horadados por una cuerda.  De este, modo su tapadera ha quedado descubierta y comienza una escapatoria, adonde le lleve su cabeza. Esto es serio, demasiado. Dave y Carol (su pareja de perros) y sobre todo le preocupa que su mente pueda deteriorarse a medida que envejece.  Dan se da cuenta que su secreto de 30 años ha saltado por los aires. La jugada de enviar a un asesino a sueldo y hacer que parezca una invasión a tu hogar, lo persigue y deja atrás su antigua vida.

Harold Harper (John Lithgow), Subdirector de Contrainteligencia del FBI, es llamado de nuevo a la acción mientras sigue llorando la muerte de su hijo y su nuera, que le han dejado a un niño, al cual Harold y su esposa tienen que cuidar. Harper tiene una historia de naturaleza poco clara con Chase y está molesto al verlo resurgir, porque cualquier secreto que Chase tenga puede hacer algún daño no solo al FBI sino al propio Harper. HH llama a Chase como cortesía y le da dos opciones: Harper puede enviar a sus matones del FBI a liquidar a Chase o Chase puede “desaparecer” nuevamente, pero hacerlo esta vez significará terminar todo contacto con su hija, con quien Chase está cerca.

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Bridges tiene la seriedad envejecida de un personaje de una canción de Tom Waits. Foto: Cortesía

Debido a que no sería un gran espectáculo si eligiera este último, Chase decide que el riesgo de ser asesinado, vale la pena y mantener su relación con su hija, cuya identidad y paradero son desconocidos para el FBI. Y así comienza la odisea de una escapada y el ansia de una búsqueda. Ya que está huyendo de sus antiguos jefes y de su pasado, confiando en viejas habilidades y que los años no pasan en balde. También le advirtieron de las nuevas reglas: “No tienes idea de lo diferente que es el juego desde la última vez que jugaste, Dan” y “Tú, no eres el tipo que recuerdas.” Es una trama tan arraigada en la obra actual de Liam Neeson que puede haber regalías adeudadas.

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Incluso hay una hija amenazada, puesta en peligro, precisamente por el conjunto único de habilidades de Chase. Es un hombre que se siente cómodo con ataques inquietantes de increíble y explosiva violencia, que luce de lo más natural, en planos cortos, de lucha israelita y Jiujitsu, cuerpo a cuerpo, realmente brutales e implacables que podrían hacer que los pacifistas se pregunten: “¿Qué es exactamente lo que aprenden los tipos de la CIA? ¿Están educados en las películas de Steven Seagal? Pero ésta es una historia más relacionada con el pasado.

Los flashbacks y las conversaciones telefónicas llenas de exposición y los mensajes de voz entran cada vez más en juego. A menudo llenando demasiado bien los vacíos narrativos y, a veces, conduciendo a soliloquios de Shakespeare de la hija de Chase que no suenan en absoluto como un treinta y tantos hablando con su padre: Alia Shawkat (Angela Adams, interpreta a una agente del FBI bajo el mando de Harper) como nuestras propias lealtades, están en curso de colisión entre sí.

Ella es alguien que sospecho que tiene sus propios secretos y está más profundamente conectada con el caso de lo que se nos permite. Dan encuentra un lugar para esconderse en la casa de huéspedes de Zoe (Amy Brenneman), una mujer solitaria y deprimida que encuentra consuelo en la presencia de Dan, aunque no se da cuenta de que Dan la mataría en una fracción de segundo si eso significara salvar su propia vida.

Amy Brenneman —que está inmensa, magnífica actriz— se enfrenta a Zoe, ella misma, la conciencia tranquila pero firme del programa, una arrendadora díscola de Chase que se enreda románticamente en su trayectoria. Esos flashbacks que lentamente comienzan a llenar la historia de fondo, vemos a  Harper, 30 años en el pasado, trabajando con Chase a espaldas del FBI y espero que sea este acuerdo, el que le dio a Dan la influencia para usar los recursos de Harper para ayudarlo a abandonar el juego; dejando atrás muchos secretos que están a punto de ser desenterrados.

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Ojalá podamos verla en México. Es de FX y se transmite por HULU. Foto: Cortesía

También es una historia de fantasmas, de una forma menos metafórica, ya que la difunta esposa de Chase, Abbey —interpretada por la joven actriz israelita, Leem Lubany— aparece como un espectro lo suficientemente escalofriante como para sentirse casi un nuevo personaje, dentro de un espectáculo completamente diferente.

Su proceso de deterioro, de la enfermedad del Alzheimer es magistral. Así, como el feeling que mantuvo, durante, el flirteo con el joven Chase; Bill Heck, durante la invasión soviética de Afganistán. Estando en las montañas del valle de Panshir. Obviamente, Harper, un rastrero mandamás burócrata del FBI y ex alto jefe de la CIA con el rostro adusto y condescendiente de un profesor de química de secundaria está obsesionado por sórdidos enredos en las montañas de Afganistán.

Cuando la URSS salió corrida a hostias por los talibanes y perdió su virginidad imperial. Obviamente, que el verdadero héroe en aquel periodo era Chase, el ratón y Harper el gato perfecto —joven burócrata— que trepaba entre Quántico y  Langley. Cuando vemos volver al pasado del periodo talibán. Esa historia de violencia y amor, con un invitado mayor.

El marido de Abbey, el joven jefe de la resistencia local  Faraz Hamzad (Pej Vahdat), un tipo que parece, también, que 30 años no son nada para olvidar un poco de rencor. Cuando, tengan la oportunidad de ver el primer episodio, observen, ese algo de Bridges, que encandila, en sus silencios o en sus vueltas al pasado.

Algo así, como, el año después de su estallido como actor, de gran nivel, con The Last Picture Show de (1971). Jeff Bridges coprotagonizó junto a Stacy Keach la muy infravalorada Fat City (1972) de John Huston. En los últimos minutos de este filme, la última escena encuentra a los dos boxeadores, en extremos opuestos de sus carreras y bebiendo unas tazas de café de la cafetería. Ambos, todavía golpeados, derrotados, magullados y asediados. Acurrucados y agazapados y casi desesperados.

El personaje de Keach asiente con simpatía a un anciano camarero de origen asiático y le pregunta a Bridges:”¿Crees que alguna vez fue joven?”. A lo que Bridges se toma un ritmo perfecto y relajado, antes de responder: “No”. Cuidado con los sitios, dónde su país no es para viejos, a veces, el señalado está con una fuerza como la del F-35 de Tom Cruise.

Fuente: 200 mghercianos / Original aquí.

 

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