The tender bar

The Tender Bar: La ciencia masculina

Como buena coming-of-age, The Tender Bar es melancólica y un tanto cursi. Sobre todo con todas esas reivindicaciones de la virilidad, de ser un buen americano y nunca fallar a la línea del deber, siempre y cuando este incluya la camaradería de los muchachos. El deber de no ser como la “baja clase media acomodada” (los verdaderos ricos son invisibles, como dice el tío Charlie) que tanto deploró George Orwell.

Ciudad de México, 16 de enero (MaremotoM).- A JR todos le preguntan qué significan sus iniciales. Es el misterio de su vida, con el que navega como una tabla rasa. La respuesta es decepcionante: simplemente significan junior, el hijo de alguien.

Un alguien que solo existe como una voz perdida en la radio. Cuando JR era niño perseguía esa voz en la radio, el locutor que le dio la vida y desapareció como buen bastardo. Al niño otros le enseñaron a crecer: unos hombres, un bar, una esquina en Nueva York. Humo de cigarro, cervezas y las novelas de Charles Dickens.

The tender bar
La actuación de Ben Affleck. Foto: Cortesía

JR (Tye Sheridan) es el protagonista de The Tender Bar (Amazon Prime). Película dirigida por George Clooney, está basada en El bar de las grandes esperanzas, las memorias de juventud del escritor y periodista J.R. Moehringer. Aunque Sheridan interpreta al joven aspirante a escritor con una medida precisión—ni muy expresivo, ni muy frío, apenas anhelante, casi siempre confundido—quien realmente se lleva la atención de quien mira es Ben Affleck como el tío Charlie, el hombre que le enseñó a JR la secrecía de la ciencia masculina. Ten un trabajo, ten un auto, no guardes tu dinero en el bolsillo frontal de tu camisa, siempre ten una reserva escondida en tu billetera. Nunca pidas el mejor whisky de la casa: ese es el principio del fin. Y nunca, nunca le pegues a una mujer.

Hay algo fascinante en esta teoría puramente de hombres, esa hombría marcada por la responsabilidad mezclada con su toque bohemio. Es puramente americana. Se trata del hombre que construye con sus propias manos su reino, sea este una casa en Connecticut con diez habitaciones o un bar al que van los borrachos de siempre. El elenco se completa con actores de carácter como Max Casella (The Sopranos, A propósito de Llewyn Davis) o Max Martini. Hacer de hombrecito es más sutil de lo que nos parece a las mujeres; hay algo de encanto en el asunto.

En The Dickens, el bar del tío Charlie, JR crece como la gran esperanza de la manada. El cachorro que crece entre los duros, la clase trabajadora que defiende el derecho a esa forma de la libertad que llaman al ir a los bolos, jugar softbol y beber entre amigos. Bajo el sino del bar, JR cumple el gran sueño de su madre (Lily Rabe): ser un hombre de Yale, un abogado exitoso. Con un sueldo de 30 dólares al día, las ambiciones de la madre no son cortas, es casi ilusa. La magia de esta película es que sabe seducir al público con el aire de un futuro prometedor.

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Como buena coming-of-age, The Tender Bar es melancólica y un tanto cursi. Sobre todo con todas esas reivindicaciones de la virilidad, de ser un buen americano y nunca fallar a la línea del deber, siempre y cuando este incluya la camaradería de los muchachos. El deber de no ser como la “baja clase media acomodada” (los verdaderos ricos son invisibles, como dice el tío Charlie) que tanto deploró George Orwell.

A JR no solo lo acompañan los adorables beodos del bar, también la variopinta familia de su madre, encabezada por el abuelo (el imprescindible Christopher Lloyd, el Doc Brown de Volver al futuro), un hombre que sabe latín y griego antiguo, pero es incapaz de lavar un trasto. El abuelo es un personajazo: parece que será cruel y desentendido con su nieto, pero un día se pone sus mancuernillas sujetas a su mejor camisa y lleva a JR al desayuno de padres e hijos de la escuela.

Ah, los padres. No los de la escuela, sino los padres de todos nosotros, los que están y los que se largan, cómo nos marcan. A JR la ausencia de su padre lo hizo buscar padres en todas partes. Y la voz en la radio es un fantasma que alguna vez mortificó a su madre y lo abandonó a él en múltiples ocasiones. Pero los niños, ay, hacen todo lo posible por seguir creyendo en sus adultos, inclusive en los más tristes remedos de ser humano.

Mientras tanto, la hombría es un viaje que se desdobla. Ser un hombre es para JR es el escritor que siempre ha querido ser desde esa vez que Charlie le dice que tiene esa cosa que se necesita. Qué hambre de escuchar esas palabras, qué apetito de ser un varón.

The Tender Bar es una cinta ideal para buscar el libro que le da origen. No me refiero al cliché de que los libros son mejores que las películas. En este caso la película es una afortunada puerta para encontrarse con el libro de Moehringer, tan encantadora la fuente original como la adaptación. Clooney hace buena dupla con el guionista William Monahan (no es escritor menor: tiene entre sus logros el guion perfecto de Los infiltrados de Martin Scorsese).

Como en todas las historias de madurez que valen la pena, el niño un día crece y se va. No tendría sentido que el niño se quedara estacionado en el mismo barrio, haciendo lo mismo que hicieron sus abuelos y sus padres. Aunque así sea la vida casi siempre, una película como The Tender Bar lo que quiere darnos un filón de plata en la nube. Peores cosas se han hecho en el cine del optimismo, una sabrosa ciencia tan hollywoodense.    

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