Tick Tick Boom

Tick Tick Boom: cuando la bomba está a punto de estallar

¿Vale la pena amar a pesar de las consecuencias? Esa es la pregunta central de Tick Tick Boom (disponible en Netflix), la cinta con la que Lin-Manuel Miranda, genio de Broadway, se estrena como director de cine. Decir que es una buena película dominguera es no hacerle justicia. Tiene esa fuerza que las historias, musicales o no, necesitan para ser memorables.

Ciudad de México, 17 de febrero (MaremotoM).- El amor. Puede ser cruel. Puede ser glorioso. O puede ser un fiasco. ¿Qué pasa cuando te entregas por completo a lo que amas y ese objeto de amor te escupe en la cara?

¿Vale la pena amar a pesar de las consecuencias? Esa es la pregunta central de Tick Tick Boom (disponible en Netflix), la cinta con la que Lin-Manuel Miranda, genio de Broadway, se estrena como director de cine. Decir que es una buena película dominguera es no hacerle justicia. Tiene esa fuerza que las historias, musicales o no, necesitan para ser memorables.

Tick Tick Boom cuenta la historia de Jonathan Larson antes de ser el niño maravilla de Broadway. Es la fábula del genio a punto de ser derrotado. De cuando vivía en un departamento asqueroso en el bajo Manhattan, en el mismísimo barrio de Alphabet City. Ahí Larson ubicó su obra más célebre: Rent.

Sí, Larson es el autor de Rent, el musical que se convirtió en el himno de la generación del sida y del Nueva York pre-Giuliani, el Nueva York que todavía no venía venir el 9/11; peligroso y emocionante, no burgués y carísimo. Imposible entender el teatro de los 90 sin considerar a Rent—aun cuando se diga, con cierta razón y mucha mala leche, que la obra es un compendio de clichés del buenaondismo.

Larson, interpretado con gran tino por Andrew Garfield en una actuación candidata al Oscar, siente el tiempo respirándole en la espalda. A punto de cumplir 30, el escritor tiene en sus manos, como una bomba a punto de estallar, una obra a la que le ha dedicado casi toda la última década de su vida. Es el musical que lo va a cambiar todo, el que hará las preguntas pertinentes, el que tendrá las mejores canciones.

30 años: Stephen Sondheim tenía 27 cuando estrenó su primera obra. Larson siente que la juventud se le acaba. Mientras escribe, los sus amigos mueren, uno a uno, de sida. Y él solo puede pensar en esa canción que le esquiva y sin la cual no puede terminar su obra.

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Hacer un musical para Broadway es, como se puede imaginar, un proceso arduo, muy difícil. En Nueva York todo mundo tiene una gran idea para hacer el próximo Fantasma de la ópera. Si tan solo alguien me conociera, si tuviera los contactos… Si llegara un productor con visión que sacara al nuevo Stephen Sondheim de trabajar de mesero…

La obra, que sucede como un musical dentro de otro, nos lleva por el camino de los golpes al ego, de un ensayo general a un taller, de una presentación para potenciales productores a llamadas sin contestar de los agentes. Y todo para abrazar al fracaso. Escribe otra obra y luego síguete con otra. Eso es ser un escritor, eso es amar. En una de las mejores canciones de la película, Jonathan cuenta la historia de él y su mejor amigo como jóvenes amantes del teatro. Va de las anécdotas de infancia a las obras de teatro de la universidad. “Qué gran manera de pasar el tiempo”, canta. Bienaventurados los que sueñan, de ellos será el imperio de los castillos en el aire.

Tick Tick Boom
La mejor actuación de Andrew Garfield. Foto: Cortesía

Como rezaba el santo Charles Bukowski, el secreto de la vida es encontrar lo que se ama y dejar que te destruya. Entregarse si cortapisas a lo que uno ama es ingrato casi siempre. Lo irá descubriendo Jonathan cuando vea esos sueños guajiros desmoronarse. El arrebato de la bohemia da para vivir unos cuantos años, pero cuando las cuentas se acumulan y te cortan la luz te das cuenta que para sobrevivir debes ganar dinero. Y el mundo de la publicidad está creciendo en Nueva York. ¿Y si mejor no se dedica a eso? ¿Por qué no venderse, tan malo es eso?

Tick Tick Boom no es perfecta. Como a la obra que le quita el sueño a nuestro protagonista en la ficción, le falta una canción pegajosa al inicio. El guion de Steven Levenson corre con suficiente velocidad, soso no es en ninguna manera, pero es un tanto sentimental (bueno, ¿qué musical de Broadway no es sentimental? Quizá solo aves raras como Ragtime o Fun Home). No teman, enemigos de los musicales: si su novio/a musicalero los convence de verla, sufrirán poco, dura dos horas, lo cual es notable para un musical. No necesita más para convencernos de que vale la pena amar sin condiciones en lo que se quiere hacer el resto de la vida.

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