Tiempo de literatura

Tiempo de literatura y las corrientes del corazón

Ciudad de México, 28 de octubre (MaremotoM).- ¿Qué tiene Mexicali? ¿Qué tiene Tiempo de Literatura? ¿Qué tiene Elma Correa?

Mexicali es una ciudad desierta. A simple vista uno podría decir que carece de todo atractivo. Sin embargo, cuando llega el festival estamos prestos para ir. Hace dos años, fue el mejor encuentro en el que participé y si no me invitaban este año iba a hacer mi rabieta, diciéndole a la autora de Que parezca un accidente (NitroPress) que cortamos para siempre. No hubo necesidad de cercenar la amistad con la organizadora, una mujer distinta y distante. Es muy amiga nuestra, pero cuando anda estudiando ni nos pela, cuando le sacamos fotografías nos corre por todo Mexicali y ella no lee en ninguno de los encuentros de escritores.

Elma hace un festival a su gusto y a su necesidad y las reglas son suyas y casi todo lo que pasa en Tiempo de Literatura lleva su sello y su responsabilidad. Es muy difícil encontrar en estos festivales del gobierno, auspiciados, patrocinados por el gobierno, a una sola persona que se ponga el uniforme y diga: ¡Esto lo hago yo!

Por eso, cuando se haga el balance de muchos encuentros literarios, tendrá que haber un aplauso especial para esta escritora, docente, estudiante y amante de la literatura.

Alguien dijo por ahí que era un encuentro de escritores, que los otros estaban encarados a hacer más lectores. Quizás podría ser eso.

Lo que sí es cierto es la falta de histeria, de esa actitud que tienen todos los creadores en los encuentros y que aquí nadie tiene. Ese ir a leer con quien te toque, esperando por supuesto, un restaurante chino donde iremos todos los invitados o a comer pizza y a seguir las discusiones fuera del ámbito del festival…todas las conversaciones son sabrosas y uno quisiera estar en todas.

Tiempo de Literatura está en Mexicali y es sin duda uno de los festivales más famosos del país. Este año vi a César Tejeda (no lo conocía), presentando su novela, hablando de Ediciones Antílope, hablando por supuesto de Mariana Enríquez y contando que él es el único hombre en una empresa que está sacando muy buenos libros (nombró a Las mutaciones, de Jorge Comensal, para dar un ejemplo), aunque no sabe cómo vivir de la edición independiente.

Vi a Mauricio Bares, representante de NitroPress, mediando un poco en eso de que hay que defender el precio del libro y al mismo tiempo hacer lo que te gusta. “A veces no sale bien, pero siempre hay que otear con eso el horizonte”, dijo.

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Escuché a Samantha Luna, a Valeria Dimanche, con el tema de la gestión cultural. Son ellas las que venden, las que organizan, las que hacen que todo funcione. Muy interesante esta charla.

Estaba Bibiana Camacho, con su revista Cáspita, hecha con unas máquinas que tiene en su casa. “No podemos pagar a los colaboradores, pero sí tenemos un mecanismo por medio del cual puedes armar tu libro en la editorial”.

Los poetas, los narradores, leen su libro y al terminar, la gente va a buscar el que le interesó. De ese modo, el excelente poeta Adán Brand, se dio cuenta de que sus libros estaban agotados.

Una mesa académica con Elizabeth Villa, Ale Meter y Liliana Pedroza. Una mesa que podríamos haber seguido toda la tarde. Cesar Cañedo, con su Premio Aguascalientes, Minerva Reynosa, con una actividad imparable, Mariño González explicando por qué se dedica ahora a la música y no tanto a la literatura. Rocío Cerón con su nuevo libro.

Muchas cosas y muchas personas se dieron cita en Tiempo de Literatura. Fueron más de 100 invitados y tanto Ivonne Prieto, Zeth Arellano como Karla Michelle Canett, ayudaron mucho a Elma Correa, dueña de una curaduría exquisita. Por ejemplo, ¿dónde consigue esos alumnos maravillosos de Los Ángeles, de California, de San Diego,  que intervienen con una preparación inmejorable y a todos nos dejan pensando? ¿O esa autora de Glasgow, Jeane Adcock?

Jorge Ortega, el gran editor y poeta, ayudó para que el Cetys fuera una sede; responsable del programa editorial y del departamento de difusión cultural de la institución, estuvo todos los días allí, mostrando además el libro Emily, de Olga Gutiérrez García, de San Diego, que esta vez no pudo venir por problemas de salud.

Al finalizar, Elma se puso su mejor vestido, hacía mucho calor en la sala, pero no tanto por el clima sino por las corrientes del corazón que a todos nos envolvieron.

Por un gato en Tiempo de Literatura y por ti, Elma Correa: ¡Hasta dentro de dos años!

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