León Plascencia Ñol

Todo el centro del libro es eso, los seres queridos que se van: León Plascencia Ñol

Animales extranjeros (ERA) es el libro con el que el poeta y escritor ganó el premio Jaime Sabines en 2019, lo ha corregido hasta el hartazgo y tiene poemas dedicados a Perú, a Japón y a escritores como Anne Carson, Haroldo de Campos, Mark Strand, la evocación de Jacobo Fijman, el aire a lo Peter Murphy.

Ciudad de México, 26 de enero (MaremotoM).-  El nuevo libro de poemas de León Plascencia Ñol trae a Mark Rotko, a una mujer en los recuerdos, poemas circunstanciales y sobre todo un sentido de orfandad que une todos esos fragmentos.

Animales extranjeros (ERA) es el libro con el que el poeta y escritor ganó el premio Jaime Sabines en 2019, lo ha corregido hasta el hartazgo y tiene poemas dedicados a Perú, a Japón y a escritores como Anne Carson, Haroldo de Campos, Mark Strand, la evocación de Jacobo Fijman, el aire a lo Peter Murphy.

“Es un libro muy particular, a pesar de que están los temas de siempre, los que me entusiasman, los que me hacen escribir. No es un libro unitario sino que es un libro armado a lo largo de varios años. Me tardé muchos años en publicar libros de poemas y estos son poemas de los últimos cinco o seis años y tienen que ver con bastantes particularidades de mi escritura. Está la idea del viaje, la relectura desde ciertos artistas que me gustan como Mark Rothko, el poema de circunstancias y que a veces no tienen cabida en mis libros, me di la libertad de explorar esos poemas”, dice León Plascencia.

“El libro es como una retacería y Luis Jorge Boone y Julián Herbert me decían que eran poemas vistos en una exposición”, agrega.

Es increíble que el artista destaque a Mark Rothko, poder leer este libro en la capilla de Texas, una capilla que Mark hizo y luego se suicidó.

“Cuando empecé a escribir no tenía en mente a Rothko. En el 2000 una empresa internacional me pidió que hiciera una serie de 100 dibujos para regalársela a los directivos. Me puse a la tarea de hacer estos dibujos que se llaman stones, luego escribí un largo texto y conforme lo estaba escribiendo más que explicarme, me estaba yo explicando la experiencia con la obra de Rothko”, afirma León Plascencia Ñol, autor también de la novela La música del fin del mundo (Salto de página).

“Es una experiencia límite que hizo Rothko con su trabajo, algo que yo llamo misticismo laico. No es una persona que se haya dedicado a Dios, sino que la experiencia mística, de la otredad, viene por el trabajo con la pintura”, agrega.

León Plascencia Ñol
Un libro editado por ERA. Foto: Cortesía

Este libro es más abierto, como algo que podría leer alguien que no haya leído al poeta.

“Tienes toda la razón. Cuando estaba en los procesos de los poemas, traté de que fuera poemas, a veces fragmentados, pero que tuvieran hilo narrativo. De alguna manera fueran como el resultado de una exploración, trabajar más por el texto, la imagen por otro lado, la parte con ciertos elementos narrativos”, dice.

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Todos esos poemas dedicados a Mark Rothko parecen una pieza de percusión. “Todo eso tiene que ver con un sentido musical, porque tiene que ver con el proceso de pintar, con esa serie de movimientos, que los asocio mucho a ciertos procesos meditativos”, expresa.

Lo físico que hay en Rothko, ¿cómo se sentiría él después de pintar esos cuadros inmensos?

“Siento que hay un vaciamiento después de pintar esos cuadros. Se vacía de sí”, dice León.

León Plascencia Ñol
La mujer que aparece aquí es la mujer del recuerdo. Tiene que ver con una sensación fantasmal. Foto: Cortesía Facebook

–¿La mujer siempre está en fuga?

–La mujer que aparece aquí es la mujer del recuerdo. Tiene que ver con una sensación fantasmal. Todos los sujetos, no sólo la mujer, son fantasmales, vienen de la memoria, del recuerdo, de instantes efímeros. La idea con este libro en realidad tiene que ver con la fugacidad. Me decía Luis Jorge Boone que le gustó mucho “El cielo de Malmo” (una maravilla: estamos interesados en el lenguaje / que tú llamas aliento…) y ese poema nació donde vivió Petronella, mi pareja, estábamos paseando, era el día en que se celebraba a los seres queridos que habían fallecido. El padre de ella no tiene una tumba, sino que ella, su madre y su hermana tenían las cenizas para recordarlo. Fuimos al cementerio, para hacer una especie de rito para su padre y para mi madre, que hacía dos años que había muerto. Todo el centro del libro es eso: los seres queridos que se van. No es un sentido religioso, sino un sentido etéreo, no con un sentido trágico, sino con un sentido evanescente.

–Los poemas de circunstancia son los de Japón, ¿verdad?

–Todas estas cosas que cuento en esta serie de poemas, tienen que ver con una crónica que escribí acerca de que estuve en Kyoto y en Osaka. Leyendo un libro de Haroldo de Campos, escribió sobre su experiencia en Japón. Fue como una tirada rápida de textos, los poemas salieron muy rápidos.

–Luego están los poemas peruanos, algo con lo que te encuentras a ti mismo y algo que también tiene que ver con Argentina…

–Esos poemas son particulares, son los más viejos del libro y no me atrevía a publicarlos, porque me parecían flojos, demasiado frágiles y evidentes y un día me los encontré, les corregí algunas cosas, si estoy en la búsqueda de algo más terrenal, estos poemas tienen que ir.

–Frágil y evidente es un ciclo que revela también tu orfandad y tu falta de certezas, algo que une a todo el libro

–Si hay un sentido de orfandad en el libro, una orfandad que va de un lado para el otro, este yo lírico que no se queda quieto en un espacio.

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