Cosas imposibles

Todo es posible en la película Cosas imposibles, de Ernesto Contreras

Aquí es donde viene Ernesto Contreras, si en Párpados azules o en Las oscuras primaveras habíamos notado su pesimismo activo, aquí nos amigamos con una manera de ver la vida tan necesario. ¿Una mujer de 60 y un chico de 19 pueden ser amigos y con ello cambiar el destino a que estaban sometidos? ¿Pueden ver el mar, viajar en avión, tener un novio? Todo es sí en Cosas imposibles.

Ciudad de México, 24 de febrero (MaremotoM).- Cosas imposibles, de Ernesto Contreras, está entre las mejores películas estrenadas el año pasado. Decir Contreras es hablar de un cineasta sutil, de alguien que ve por los márgenes y que hace historias donde pareciera ver que no hay raíz para contar o ver, pero que poco a poco notamos como ese drama que está a presión entre la gente, explota con poca combustión, pero cambia la vida de los presentes.

Primero, vamos a decir que la película Cosas imposibles, que ahora está en Prime Video y la podemos ver las veces que queramos, está muy bien hecha. Y esto es importante decirlo, porque cada vez que escuchamos a Javier Bardem, por ejemplo, él habla de la calidad de los empleados de cine españoles. Por eso, acierta, vienen muchos a filmar acá.

Aquí en México, pasa algo parecido. No es solamente ver cómo algún actor va a Hollywood, sino la cantidad de técnicos, productores, creadores de casting, que andan alrededor de una película y que esos constituyen una garantía de calidad. Ese es nuestro cine.

En Cosas imposibles, Erika Ávila y Luis Albores, integrantes de la agencia SHA, son los responsables de la producción y debo decir que en este filme es profundamente detallística. Como si fuera una maquinaria de reloj, Contreras puede divagar e imaginar todas las historias, porque hay una tecnología y una gran capacidad de trabajo detrás.

Es imposible decir que la calidad del cine mexicano es nueva y lo hemos detectado en este filme, pero no hay que dejar muy bien sentado que en esta quinta producción suya, Contreras tiene un gran equipo, que le permite hacer una película exquisita con poco presupuesto.

Cosas imposibles
La elección de actores es maravillosa. Foto: Cortesía

Otra de las cosas que tiene Cosas imposibles, es la elección de actores (Isabel Cortázar y Andrea Abiatti). Cada uno de los personajes (hasta el plomero que le despierta pasiones escondidas a la protagonista), tiene su razón de ser. Ni hablar de los tres roles sobre los que gira la historia. Primero, Nora Velázquez, como la sexagenaria que se queda sola y de pronto quiere vivir, pero no sabe hacer nada. Porfirio (Salvador Garcini), su marido, que se le aparece después de muerto y que para no verlo Ernesto Contreras le hace un homenaje a Woody Allen: da un remedio chino que funciona (muy bien) como placebo y, por supuesto, Benny Emmanuel, el adolescente que representa a todos los jóvenes de nuestro país (es la nación latinoamericana que más jóvenes tiene), que tiene muchos más problemas que cualquiera y ninguna posibilidad de resolverlos.

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¿Por qué Miguel se hace amigo de Matilde? Porque entre sus amigos y sus familiares nadie lo puede escuchar. ¿Qué tiene la amistad? Esa posibilidad de ser oído y oír. Una de las cosas que hay profundamente enraizada en la sociedad mexicana y supongo que es una de las causas que esté tan mal (además de los problemas económicos, obvio), es el edadismo.

En el mercado, cuando uno hace un comentario sobre un adolescente o sobre un joven, las miradas son cómplices y luego viene un albur. No podía comprender al principio las razones de esa actitud y es en la película donde la he comprendido.

Ernesto Contreras siempre tiene de guionista a su hermano, Carlos Contreras, y juntos funcionan como una verdadera máquina de creatividad, pero en Cosas imposibles, es la guionista Fanie Soto la que se luce con una historia que nos hace ver posibles esos sueños que no se cumplirán.

Ahora bien, aquí es donde viene Ernesto Contreras, si en Párpados azules o en Las oscuras primaveras habíamos notado su pesimismo activo, aquí nos amigamos con una manera de ver la vida tan necesario. ¿Una mujer de 60 y un chico de 19 pueden ser amigos y con ello cambiar el destino a que estaban sometidos? ¿Pueden ver el mar, viajar en avión, tener un novio? Todo es sí en Cosas imposibles.

Ernesto Contreras es un gran director de actores complejos y aquí se vale no sólo de su talento, sino también del fotógrafo César Gutiérrez, que ilumina las explanadas de Iztacalco con una realidad muy distante de lo que viéramos en Roma, la película de Alfonso Cuarón, donde la luz es una metáfora. Aquí la luz anticipa una situación dramática o una posibilidad de transformación y por ello no deja de ser una película sutil y un poco mágica.

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