Mónica Lavín

Últimos  días de mis padres, de Mónica Lavín, es una belleza que duele, revuelca y cura

Ahí está el secreter que desvela y guarda en su alma de madera, historias íntimas que gracias al mueble creado por un orfebre, trascienden en el tiempo. Objeto que seguirá registrando los pasos  de quien apenas empieza a caminar.

Ciudad de México, 16 de junio (MaremotoM).- Leí Últimos días de mis padres a la orilla de mar, durante el tiempo libre que me quedó cuando fui hace un par de semanas a la Feria del libro de Acapulco. Estuve en la feria sí, di un taller, presenté libros, pero en mi interior resonaba la reciente entrega de Mónica Lavín.

Así como la señora que quiere regresar a casa para ver un capítulo más de su novela, así estaba yo. No me importaron los cangrejos ni las olas, las albercas o el sol, tampoco los promotores de lectura, ni los escritores o poetas. Quería estar en la soledad de mi habitación, respirar el aroma del libro y dejarme envolver en las brisa de sus palabras.  Agradecí pues la súbita aparición del primer huracán de la temporada ya que gracias a él pude lograr mi cometido  y escabullirme de mis amables anfitriones quienes me invitaban a charlar, contar o escuchar anécdotas o chismes literarios y beber mezcal.

Leer Últimos días de mis padres fue viajar por los laberintos de un deslizadero, estar al borde del acantilado, sentir el vértigo antes de dar un paso y caer.

Caer.

Llegar a la cama de mis  días niños.

Elevarme hasta la asfixia.

Y volar

También fue para mi, aprendiz de escribiente, una cátedra de cómo perpetuar en la memoria las vidas de quienes nos dieron vida. Poner en tinta y papel el dolor de ver a los padres acercarse a eso que no podemos o no queremos  nombrar.

De igual manera fue una clase de cómo usar recursos narrativos.

Escribir no es ser dueña de las palabras, es buscarlas siempre buscarlas.

—Las palabras me arrastran fuera de la cama, necesitan ser escritas porque he visto la escena de nuevo, he estado en el lugar y en la emoción.

—La verdad de nuestro carácter sale a relucir en los momentos mas inesperados; es una de las pistas para construir personajes para el cine o las novelas. Los personajes que han sido caracterizados minuciosamente a lo largo de varios capítulos de pronto en una situación extrema actúan de forma sorpresiva  aun para ellos mismos. Ese es su verdadero carácter. Son los personajes multidimensionales, bajo presión no son predecibles.  Como nosotros.

Los objetos cuentan, narran.

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Ahí está el secreter que desvela y guarda en su alma de madera, historias íntimas que gracias al mueble creado por un orfebre, trascienden en el tiempo. Objeto que seguirá registrando los pasos  de quien apenas empieza a caminar.

Mónica Lavín
Editó Planeta. Foto: Cortesía

Mónica como la bailarina de flamenco juega con mano y pies, juega con las palabras, con su significado y su significante y con humor decanta ese vocablo que con solo tres letras nos provee salud, vida, alegría:  sal,  salero, ¡Ole, tiene salero! o ¡Se quedó de salero!

Cuando había leído poco más de la mitad  me pregunté: ¿por qué no puedo parar de leer? ¿por qué el libro no me deja cerrarlo?

Porque habla de verdades profundas, porque no hay dobleces ni medias tintas, porque está escrito con valentía, honestidad y esa suerte de soberbia que tenemos quienes creamos con palabras, porque te identificas, porque conmueve, porque toca lo más intimo, eso que no se comparte con nadie.

Los capítulos son breves, exactos. No podrían ser de otra manera pues revuelcan, zarandean, nos mantienen como trompo que da vueltas hasta que no aguantamos más. Y aún así siembran  el deseo de escribir. Escribir sin concesiones. Con esa verdad que hiere y abraza al mimo tiempo. Contar mi propia historia. La de mis padres, la de mi madre-padre para que permanezca en tinta y papel, viva mientras haya alguien que pueda leerla.

Últimos  días de mis padres es una belleza que duele, revuelca y cura.

One Comment

  1. Vivianne Thirion

    Gracias Nachito,
    Desde que ví el lanzamiento del libro de Mónica se me antojó mucho. Ella ha ido creciendo libro a libro.
    Ahora que estoy en un taller de autobiografía me viene como anillo al dedo.
    Gracias por tu emotiva reseña, tu no cantas mal las rancheras.

    Felicidades 🎂 para ambos, plumas nuevas muy productivas!!!