Un cuento del libro de The Cure

Un cuento de Canciones de cuna para desintegrarse: “De negro”, de Joselo Rangel

Canciones de cuna para desintegrarse: ¡The Cure!

Ciudad de México, 3 de octubre (MaremotoM).- Rogelio acababa de cumplir cincuenta años cuando su esposa enfermó de cáncer. Fue fulminante. En su lecho de muerte, Catalina le dijo muchas cosas, pero la única que grabó su mente fue ésta: ahora sí vas a poder vestirte de negro, como siempre has querido. Rogelio no entendió en el momento, era tanto el caudal de sensaciones que no sabía ni siquiera qué estaba sintiendo. Lloraba y lloraba, no podía parar. Catalina debe haber estado muy drogada, porque al ver correr las lágrimas por su rostro le dijo que no llorara y se puso a cantar “Boys don’t cry”. No se sabía bien la letra, pero se notaba que era ésa, y claro, la frase Boys Don’t Cry sí la decía como era. Tarareaba el solo de guitarra, tan sencillo y pegajoso: ta rarará, tarará, ta rará, tan tan tan tán. A Rogelio se le salió una risa, en medio de los mocos y el llanto atravesado en la garganta.

–¿Mamá estaba cantando? –le preguntó su hija Aurora cuando Rogelio salió de la habitación.

–Si, una canción de The Cure

–¿De qué?

–Nada, un grupo de rock.

–No sabía que le gustaba la música.

Rogelio levantó los hombros, como diciendo, ya qué importa. Aurora se acomodó el pelo y se limpió las lágrimas de los ojos para entrar a ver a su madre moribunda. Aurora tenía treinta años, por lo menos. Que no supiera quien era The Cure la definía muy bien, sus intereses estaban puestos en otras cosas. Cada uno fue entrando por separado para decirle las últimas palabras. Y al final, cuando estuvieron los tres juntos, fue que Catalina dio el último suspiro. Parecía que estaba esperando despedirse de cada uno para irse tranquila al más allá.

Fue hasta el funeral que Rogelio entendió bien a qué se refería su amada esposa. Su hija le dijo que se fuera a cambiar a la casa, que ella se haría cargo de todo. Busca un traje negro, y te veo en la funeraria, le dijo Aurora, se notaba que tenía todo bajo control.

Rogelio abrió su closet para buscar ropa apropiada para la ocasión. Aunque estaba tan abatido, que no le importaba qué ponerse, al fin y al cabo era solo un formalismo, no por vestirse de luto significaba que quería más a su esposa. Estaba a punto de mandar todo a la chingada, irse vestido así como estaba, pero vio la caja. Estaba detrás de los trajes que siempre usaba para ir a trabajar, la caja que había guardado por tanto tiempo. No sabía ni siquiera por qué la tenía aun. Tal vez para dársela a su hija, quién sabe. Pero Aurora no salió como él, no le gustaba la música, no le gustaba el rock. No mostraban esa pasión que su esposa y él habían adquirido, que abandonaron cuando Catalina se embarazó y él tuvo que ponerse a trabajar para mantenerlos a todos.

En la caja estaban sus Dr. Martens, muy limpias, como si las hubiera boleado ayer. Unos lentes negros alargados, muy punks. También estaba un cinturón con estoperoles. Varias camisetas negras estampadas con grupos que le fascinaban: Joy Division, Dead Can Dance, This Mortal Coil, Siouxsie And The Banshees, y por supuesto el que más les gustaba: The Cure. En una bolsita de plástico había un montón de pines, y en un sobre amarillo manila había boletos de los conciertos a los que habían ido juntos.

The Cure
Portada de The Cure. Editó Marvin. Foto: Cortesía

Rogelio se puso a llorar de nuevo, pero también se reía: un sollozo, una risa, un sollozo, una risa. Tarareaba como su esposa loca Boys Don’t Cry e incluso se puso a mover las manitas como Robert Smith. Ahora sí vas a poder vestirte de negro, como siempre has querido. Le vino a la mente la frase y la entendió por fin. Claro, eso es lo que su esposa esperaba de él. No la iba a defraudar.

La sala funeraria ya estaba llena y Rogelio aún no aparecía. Aurora se estaba preocupando, aunque se le olvidaba casi inmediatamente, porque había muchas cosas a las qué poner atención: las coronas de flores que llegaban, las tías muy ancianas que venían desde lejos y que buscaban un lugar donde sentarse, un mesero que pedía dinero a cada rato para café y galletas. Aurora quería hacer todo. Deseaba mantenerse ocupada. La gente iba llegando y buscaba con la mirada a Rogelio, que no estaba por ningún lado. Se sentían desorientados porque a quien venían a darle el pésame era a él, el esposo de la fallecida.

La mayoría de los recién llegados decían lo mismo: “lo bueno es que ya descansó.” Todos sabían, lo vieron con sus propios ojos, cómo la enfermedad fue robándole la vitalidad a Catalina. La otra frase que repetían una y otra vez: “¿y cómo está Rogelio, tu papá? Él la quería mucho, muchísimo.” Bien, decía Aurora, pero la verdad es que no lo sabía. Se arrepintió de haberlo dejado irse solo a la casa, debió de haberlo acompañado, o pedirle a alguien que lo hiciera. Aurora vio que cerca del féretro estaba el amigo de toda la vida de su papá, Carrasco, y se acercó a él para pedirle ese favor.

–Carrasco, ¿podrías ir a buscar a mi papá? Ya me está empezando a preocupar. No contesta mis mensajes, ni llamadas.

–¿Tu papá? Míralo, acaba de llegar.

Y ahí estaba. Se hizo un silencio en toda la sala al verlo entrar. Pero no porque fuese el esposo, ahora viudo, al que todos estaban esperando para darle el pésame, sino por como venía vestido: todo de negro como marca la etiqueta en un funeral, pero de manera un poco distinta. Traía la parte de abajo de los pantalones del traje de vestir metidas dentro de las botas Dr. Martens. El cabello parado en punta, con un gel o alguna laca para mantenerlo erguido. Los ojos pintados con delineador negro, los labios pintados de rojo, con el lipstick un poco corrido hacia un lado. Abajo del saco se veía la camiseta negra estampada con la cara de Robert Smith, como si se estuviera asomando detrás de las solapas. Cargaba en la mano izquierda una grabadora de casete y en la otra un cable enrollado, una extensión color naranja. Todos supieron que su intención era poner música.

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–Se volvió loco, hay que detenerlo –dijo Aurora.

Rogelio no saludó a nadie, fue directamente al féretro, quitó un arreglo floral que estaba encima de una columna de mármol y puso ahí la grabadora, conectó el cable de corriente a la extensión y se puso a buscar un contacto en la pared más cercana. Todos lo miraban anonadados. Prendió la grabadora y le puso play al casete que traía puesto: sonó un platillo de la batería, luego una figura de guitarra arabesca, seguida del bajo descendente hasta que empezaba la canción.

Un cuento del libro de The Cure
Ilustración de BELTZA (@b.e.l.t.z.a). Foto: Cortesía

– ¡Killing an Arab! –dijo Carrasco con alegría. Aurora lo miró con enojo.

Rogelio se paró a un lado del féretro que estaba abierto para ver a su esposa. De una de las bolsas del saco, extrajo el delineador negro y se puso a pintarle los ojos. Aurora corrió para evitarlo.

–¡Papá! ¡Déjala!

–La pintaron muy feo. –dijo Rogelio– a ella le gusta otro tipo de maquillaje.

Aurora fue a la grabadora y le puso stop a la música. Rogelio le puso play de nuevo y le subió el volumen. Todos los asistentes veían a la hija y al padre pelearse. Todos empezaron a cuchichear entre sí. Algunos se fueron, enojados. Qué vergüenza, decían. Aurora fue detrás de las señoras mayores que salían del salón.

–Perdónenlo, ahorita se le pasa.

–Ese muchacho siempre estuvo loco, mijita. Mejor nos vamos. –dijo una señora, amiga de la familia de Catalina.

Aurora no pudo detener a nadie más, ni siquiera lo intentó. La música sonaba muy fuerte. Guitarras distorsionadas, tamborazos, un tipo desgañitándose que se suponía estaba cantando. ¿Cómo es posible que una simple grabadora haga tanto escándalo? Aurora se sentó en un sillón, y con la cara entre las manos, se puso a llorar. Al poco rato sintió una mano en el hombro, era Carrasco.

–Creo que te tengo que explicar algo que no sabes, ¿ves toda esta gente que se quedó?

Aurora se limpió los ojos llenos de lágrimas para verlos. Sí, había muchos, no los conocía.

–Ellos son los verdaderos amigos de tu mamá. Al menos de una época en la que tú todavía no habías nacido. Ve, todos cantan las canciones, les gusta esa música. A Cata, como le decíamos todos, también le encantaba esta banda. Y se vestía así cómo está vestido tu papá ahorita. Sí, ya sé, se volvió un poco loco, pero ¿puedes culparlo?

Aurora observó a su papá, que ahora estaba cantando como si fuera el tipo que sonaba en la grabadora, y movía las manos de una manera muy extraña. Casi todos los que se quedaron estaban cantando con él, incluso se empezaban a mover al ritmo de la música, no estrictamente bailando, pero poco les faltaba.

–Tus papás eran la pareja más popular de todas, hechos el uno para el otro, se vestían increíble, siempre de negro, como si fueran a un funeral eterno, que no acababa nunca, sabían un chingo de música, e iban a todos los conciertos ¿tu sabes porque te llamas Aurora?

–Mi mamá me dijo que porque yo era su sol, su amanecer.

–Yo creo que por Las Insólitas Imágenes de Aurora, que luego se convirtieron en los Caifanes, que se peinaban como esos que suenan ahora.

–¿Cómo se llaman?

–The Cure, ¿en serio no sabes quienes son?

–Creo que mi mamá estaba cantando una canción de ellos antes de morir.

–No lo dudo.

Ahora sí, todos estaban bailando, saltaban al mismo tiempo. Aurora se sonrió. Era algo ridículo. Todos esos adultos de cincuenta años saltando como estúpidos, tarareando.

–¿Esa canción como se llama?

–Lets go to bed.

–Me gusta

Los de seguridad de la funeraria llegaron a la entrada. Aurora fue a interceptarlos. Le dijeron que estaban haciendo mucho ruido, que ahí no se podía bailar, que era una falta de respeto. Aurora les dijo que la esperaran ahí, fue por su bolso y sacó varios billetes. Se acercó al de seguridad y descaradamente le entregó el fajo.

–Vamos a cerrar la puerta, así estarán más en privado –dijo el guardia y se fue.

Aurora regresó con Carrasco.

–Mamá nunca me dijo nada, no me contó.

–A la familia de tu mamá no les gustaba Rogelio. Él sacrificó todo esto para que lo aceptaran, para encontrar un trabajo. No sé si yo lo hubiera hecho. Regaló todos sus discos. Todavía tengo varios. Lo único permanente es el cambio, decía tu papá. Los dos cambiaron radicalmente.

–¿Por mi culpa?

–Por amor.

Aurora se quedó un rato pensativa. Ya no lloraba más. Se levantó del sillón y se unió a los que estaban cerca de su papá. Era como si Rogelio estuviera dando un concierto. Rogelio era el cantante y sus amigos eran su público. Se acercó a unas mujeres, que parecían tener la edad de su mamá. Se movían al ritmo de la música. Le sonrieron y la abrazaron cuando la tuvieron cerca.

–¿Esta canción como se llama? –preguntó Aurora.

–Ay, quién sabe, tú baila –le dijo una señora con el mismo tono de voz que la de su mamá.

Aurora se puso a bailar.

Rogelio vio que su hija estaba bailando y conviviendo con las antiguas amigas de Catalina, que habían venido a acompañarla en su último viaje, el más importante de todos. El casete se terminó y todos gritaron ¡otra! ¡otra! ¡otra! Rogelio levantó los brazos, pidiendo calma.

–Esperen, esperen. Déjenme hablar con Cata, tengo que decirle algo.

Todos sonrieron. Rogelio se acercó al féretro y muy bajito, para que nadie lo escuchara, le dijo a Catalina: no sabe bailar ¿qué hacemos? Rogelio observó detenidamente la cara de su esposa.

–Tienes razón, ya aprenderá, ya aprenderá.

Fue a la grabadora y le dio vuelta al casete, le puso play, todos gritaron, se pusieron a bailar. Rogelio vio cómo su hija Aurora estaba más suelta que antes, ya estaba aprendiendo los pasos de los que tenía cerca. A veces tocaba el bajo como Simon Gallup o movía las manos como Robert Smith.

Rogelio se aguantaba las ganas de llorar de nuevo, ahora de felicidad, pero entonces se dejó llevar y pensó que los chicos también lloran.

7 Comments

  1. Maravilloso!

  2. empecé va oírlos a los 15 en rock 101 con love song de desintegration, luego fui hacia atrás, a los 30 los vi en vivo y pensando, como me hoy a ver y ruco y escuchando the cure, tengo 45 y los sigo escuchando y estos bueyes siguen tocando.

  3. Wow, capta la esencia de los que vivimos una época llena de añoranza, y vuelve a presentarse esas ansias de vivir y tomarnos en los brazos de la eternidad estén 8 de octubre, aunque sea una sola vez más.

  4. Esta increíble… Ahora sí que cuando me muera y me tengan que enterrar…debe ser así con mucha música 🖤🖤🖤🤟

  5. Me encantó! 🖤

  6. ¡Me hiciste llorar ca….!

  7. Casi lloro