Policías con tenis

Un cuento de Missael Delgado | Policías con tenis

Si podíamos tomar del mismo envase y sin miedo al covid, rolando la baisa de mano en mano, de boca en boca. Si con Los Bukis y Rigo Tovar nos conmovíamos igual, ¿cómo no lo íbamos a buscar?

Ciudad de México, 22 de octubre (MaremotoM).- Hace meses que los policías con tenis se llevaron al cholo. Dicen que el bato no traía broncas encima y tampoco se les puso rejego. Lo único que llevaba era un suéter navideño, en pleno julio, uno muy caluroso, por cierto. A los policías esa contradicción les fue suficiente para levantarlo.

De unos años para acá la cosa viene siendo más o menos así: mientras tengas un solo pie en la calle, estás en peligro. Queremos recordar cómo fue que esta ciudad se volvió un campo de guerra y el narcotráfico se apoderó de todo. Lo divertido del asunto es escuchar al gobernador diciendo que en materia de seguridad estamos número uno. En delincuencia debe ser. Entre más policía, más miedo da andar de vago en el barrio, la neta. Antes era por campalear o por un asalto, hoy nos saca más de pedo toparnos a los puercos o la guardia nacional.

Tampoco es que nos veamos tan chacalosos. Traemos algunos tatuajes y la caguama banquetera es el único delito que podemos cometer, y nomas los fines de semana, que es cuando pagan la raya. Uno que otro fuma porro y no falta el chanclas, un pepenador ya viejo que a su pipa le dice la petra y fuma cristal como si no hubiera un mañana, aunque a su edad, Dios no lo quiera, puede que así sea.

El pedo más grande es que el cholo no tiene familia conocida, ni teléfono, ni nada. Ya fuimos a preguntar a prevención, marcamos al 911 y un amigo que conoce a otro amigo que conoce a otro amigo le preguntó al gato del gato del patrón si él podría saber algo, pero tampoco.

¿Quién más iba a buscarlo si no éramos nosotros?

Si podíamos tomar del mismo envase y sin miedo al covid, rolando la baisa de mano en mano, de boca en boca. Si con Los Bukis y Rigo Tovar nos conmovíamos igual, ¿cómo no lo íbamos a buscar?

Pasaron los meses de julio y agosto y aún no sabíamos nada del cholo. En el tallercito de bicicletas donde chambeaba parchando llantas ya lo habían reemplazado. Claro que ahí como en todo el barrio estábamos preocupados, pero el mundo no se detiene, aunque se muera Maradona o Juan Gabriel. Que en paz descansen.

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Luego se volvió costumbre que los fines de semana la guardia nacional abarrotara las calles. Entraban caminando, a veces cincuenta o sesenta uniformados con armas largas. Ya no echábamos la banquetera, empezamos a vivir con miedo de salir, aunque fuera solo por ir a la tienda o a los tacos. No sabíamos si buscaban a alguien o solamente lo hacían para intimidar. Lo cierto es que se hacen tontos. Todas las mañanas los titulares del periódico se cubrían con noticias de asesinatos, cuerpos encontrados casi irreconocibles, y posterior al sentimiento de ñañaras, teníamos que leer la noticia, esperando y no, encontrar al cholo entre esas víctimas. Nos parecía horrible que con tanto guacho disque cuidando la ciudad hubiera tantos muertos y que nuestro compa siguiera desaparecido.

Recordé que el cumpleaños del cholo se festeja en diciembre, por una foto que me encontré en el teléfono donde salimos toda la banda, en la esquina de siempre con dos cartones de cerveza, unos tazones de pico de gallo, tacos de aire y un par de hojas de duro para botanear. Se le veía sonriente en la foto. Yo lo conocía de hace poco, cuando empezó a chambear en lo de las baicas. Las primeras noches después de su desaparición me ponía mal imaginarlo chacaleado, lleno de golpes y abusos de los uniformados. Fue él, pero pude haber sido yo, cualquiera de mis carnales o los compas que nos juntamos en el barrio. Puede ser cualquiera que salga a la calle en el lugar y momento incorrecto, frente a “personas” (que asco me da llamarles así) que creen que tienen el derecho sobre tu libertad y tu vida.

Le propuse a la banda que hiciéramos una fiestota, con sonidero y todo el merequetengue en el barrio, a la brava. Todos jalaron, doñas y niños por igual se chainearon un seis de diciembre, en esas noches que ya huelen a posadas, ponche y mandarinas. Festejábamos al cholo, al barrio. Se nos quitó un rato el miedo. Cuando el cotorreo estaba que explotaba, alcanzamos a ver que de a una, llegaban camionetas de uniformados con armas largas. Le pedí al diyei pusiera “Navidad Sin Ti” de Los Bukis y me acordé del cholo, porque el día que se lo llevaron traía un ridículo suéter navideño, en un día bien pinche caluroso de junio, ¿o era julio?

Con respeto y amor para los abusados por la brutalidad policial y el narcotráfico

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