Un desierto privado

Un desierto particular: la película de Aly Muritiba donde ser hombre o ser mujer no tiene sentido

El director es Aly Muritiba que proyecta la cámara con un cuidado impresionante, con un fotógrafo que sabe mostrar lo que quiere y lo que no, en un Brasil bolsonarista, donde “el hombre” Jair expresaba su mayor deseo: “Tenemos que dejar de ser un país de maricas”. Claro, no le fue tan bien con esa definición, teniendo en cuenta de que han muerto más de 6 millones de brasileños durante el coronavirus, pero esta no es una nota sobre el Trump 2, sino sobre este filme esclarecedor y sensible.

Ciudad de México, 1 de noviembre (MaremotoM).- Es una película de 2021, que recorrió todos los festivales y que vino a recaer en HBO Max. El protagonista: Antonio Saboia. El otro protagonista, Pedro Fasanaro en Desierto particular o en Desierto privado, un filme que no es machista ni feminista, como el libro que recientemente diéramos a conocer por parte de la pensadora y escritora Brenda Ríos.

Hay que decir esto porque probablemente tengamos que traspasar esa guerra entre hombres y mujeres para poder acceder a otras experiencias de vida y tal como decía Brenda que decía Virginia Woolf en Orlando, ser mitad de la vida hombre, ser mitad de la vida, mujer.

El director es Aly Muritiba que proyecta la cámara con un cuidado impresionante, con un fotógrafo que sabe mostrar lo que quiere y lo que no, en un Brasil bolsonarista, donde “el hombre” Jair expresaba su mayor deseo: “Tenemos que dejar de ser un país de maricas”. Claro, no le fue tan bien con esa definición, teniendo en cuenta de que han muerto más de 6 millones de brasileños durante el coronavirus, pero esta no es una nota sobre el Trump 2, sino sobre este filme esclarecedor y sensible.

Te puede interesar:  Ese rostro que se negaba a envejecer, muere Héctor Bonilla

En Desierto privado, el viaje es desde el sur al norte de Brasil, dos espacios muy distintos a nivel geográfico y emocional.

Daniel (Antonio Saboia) no puede parar de pensar en Sara, una mujer a la que conoció por Internet, pero a la que nunca ha visto en persona, ya que vive al otro lado del país.  Es un policía suspendido, que será próximamente condenado por agredir a un recluta en la fase de preparación, con un padre ex militar que ha perdido la cabeza, con una hermana que lo critica por qué no llevar a su progenitor a un internado y que confiesa además su gusto por las mujeres. Daniel tiene la mente que va de aquí para allá, sin encontrar mayor consuelo que en su teléfono.

Un desierto privado
Pedro Fasanaro construye un papel fuerte y débil a la vez, alguien sin duda atractivo para todos. Foto: Cortesía

Cuando la mujer, Sara, desaparece, Daniel decide dejarlo todo, incluso a su padre y se va a buscarla. Ahí empieza otra película.

Desde la decepción y el enojo, hasta la atracción profunda y un erotismo que no abandona nunca la historia, encontramos aquí la posibilidad de derribar muros propios, de escuchar al otro y de abandonarse a los deseos íntimos.

Las actuaciones están geniales. Daniel, como ese hombre monolítico, como una pared que nunca sonríe ni llora, hasta Sara/Robson que trata de encontrar un lugar en el mundo, donde estar tranquilo.

Un desierto privado
En el viaje, Daniel descubre muchas cosas de sí mismo. Foto: Cortesía

La película despierta muchas preguntas: cuando no hay golpes, ni muerte, ni asesinatos, sobrevienen los cuestionamientos, implica crecer. Hace recordar un poco a Héctor Babenco, que dirigió El beso de la mujer araña, basado en el libro de Manuel Puig. También a Neil Jordan, con su filme inolvidable The Crying Game.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*