Donald Trump

Un epílogo para la era Trump

Llegó el momento. El miércoles Joe Biden asumirá como presidente de Estados Unidos. Trump dejará la Casa Blanca para instalarse en Palm Beach mientras el Congreso avanza con un juicio político en su contra.

Ciudad de México, 18 de enero (MaremotoM).- Hay veces que las historias necesitan un cierre. No alcanza con que la cosa se licue. Es necesario un final claro que no deje espacio para la confusión. Sobre todo en las historias que causaron dolor. Esto lo saben bien los legisladores demócratas y también una parte de los republicanos.

Trump dejará de ser presidente esta semana pero eso no significa que el tema esté cerrado. Primero, porque Trump puede volver a la Casa Blanca en cuatro años. Segundo, porque reactivó el sector más radicalizado de su base electoral. Tercero, porque rompió los límites tácitos –y no tanto– del poder presidencial.

Para los seguidores de Trump avanzar con un impeachment, la enmienda 25 o la 14 de la Constitución, son decisiones que no hacen más que profundizar la fractura social. Para los demócratas, una forma de superarla.

Si tal como confirmó Trump, el próximo miércoles el presidente dejará la Casa Blanca, ¿por qué no olvidarse del tema y pasar a lo que sigue? ¿Por qué avanzar con un juicio político a tres días del cambio de gobierno? ¿Qué valor tiene una condena a Trump desde los otros poderes del Estado?

En primer lugar, la medida busca sentar precedente. Intenta demostrar que esto no puede volver a pasar sea con Trump o con cualquier otro liderazgo similar que pueda surgir en los próximos años. Busca demostrar que existen contrapesos institucionales capaces de frenar una avanzada de este tipo sobre los demás poderes del Estado.

En segundo lugar, además del costo simbólico también está el material. En 1958, el Congreso sancionó la Ley del Ex Presidente que le garantiza a los ex jefes de Estado una pensión vitalicia similar al sueldo de un ministro, también dinero para instalar una oficina, cobertura de salud, protección del Servicio Secreto de por vida y hasta  hasta un millón de dólares por año para viajes relacionados con su condición de ex mandatario.

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Tercero, busca recuperar una oposición conservadora constitucional. Es decir, que el partido se vuelva contra Trump. Forzar a los republicanos a cuestionarse la legitimidad de Trump como líder de su propio espacio político. Destituir a un presidente requiere que su partido se vuelva contra él. Para eso, al menos 17 republicanos deberían cuestionar al actual mandatario.

Por último, está la inhabilitación al presidente. Este debate en el Congreso busca también crear barreras institucionales para que Trump no vuelva a ejercer ningún otro tipo de cargo público de acá en adelante.

Donald Trump
Designios de un mandatario. Foto: Cortesía

Ahora ¿qué pasa si es condenado después de haber terminado su mandato? ¿El presidente puede ser juzgado una vez que deje el cargo? Las reglas no son claras. La Corte Suprema –de tendencia conservadora– podría tener que definir el tema.

¿Y si el juicio en el Senado no funciona? El Congreso puede recurrir a otros mecanismos como censurar o prohibir a Trump en el cargo en virtud de la enmienda 14 por haber  “participado en una insurrección o rebelión”. Esto teniendo en cuenta que la enmienda 25 –aquella que cuestiona la capacidad del presidente a ejercer su cargo– ya fue descartada.

Entre los demócratas están aquellos tienen miedo que el juicio político límite la capacidad de acción de Biden durante los primeros 100 días de gobierno. En ese sentido, es posible que la mejor estrategia sea continuar con una estrategia ofensiva desde el Capitolio comandada por Nancy Pelosi y, en simultáneo, una agenda positiva desde la Casa Blanca impulsada por Biden.

Una condena a Trump es el epílogo que necesita esta historia. Además de ser una muestra que el lugar correcto para defender la democracia es el Congreso y no las empresas y que existen otros poderes públicos que pueden contener el avance de un presidente contra su democracia.

Fuente: Cenital / Original aquí.

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